R. Señor, danos sacerdotes santos.
V. Para que nos acompañen a la hora de nuestra muerte, y ofrezcan la Santa Misa por nosotros



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miércoles, 31 de mayo de 2023

31 de mayo - Fiesta de María Mediadora de todas las gracias. Del Año Litúrgico de Dom Próspero Guéranger


La fiesta de María Mediadora de Todas las Gracias la instituyó el papa Benedicto XV en 1921.

“No hay gracias que no descienda del cielo a la tierra que no pase por las manos de la Virgen María”. – Doctrina admirable que fue confirmada en un acto pontificio de la mayor relevancia: la institución, por el Papa Benedicto XV, de una fiesta, el 31 de mayo en honor de la Mediación universal de María.

Y en ella se nos invita a recurrir siempre con confianza a esta mediación incesante de la Madre del Salvador.


MARIA MEDIADORA DE TODAS LAS GRACIAS





El mes consagrado a Nuestra Señora concluye hoy con la fiesta de su mediación universal. Su objeto es glorificar a María por su elección por Dios, como dispensadora de todas las gracias, lo que significa que cualquiera de ellas antes de sernos dadas pasan por sus manos. Así como el 11 de octubre celebramos su maternidad divina, de la misma manera honramos hoy su maternidad espiritual que es consecuencia de la primera.

INTERCESIÓN TODOPODEROSA.

— Nada más consolador para nuestras almas de que en el cielo tenemos una Madre que ejerce en nuestro favor su intercesión omnipotente con todo el cariño de la mejor de las madres. Dios no necesita de nadie, pero quiso misericordioso, asociar a María a la Redención del mundo. Para nuestro provecho la ha dado junto al segundo Adán el lugar que Eva había tenido, para nuestra perdición, junto al primero. Su maternidad espiritual comenzó el día de la Encarnación. Al pronunciar el Fiat María sabía que no recibía al Hijo de Dios para guardarlo celosamente, sino para darlo al mundo, para ofrecerlo un día sobre el altar de la cruz como sacrificio perfectísimo. Se diría que desde que posee a Jesús solo tiene un deseo: el de darle. Para darlo a Juan se apresura a visitar a Isabel. Para ofrecerlo al Padre y ofrecerse ella con Él, sube al templo el día de la Purificación, y treinta años después se la ve junto a la cruz presentando la víctima que había alimentado y custodiado para el sacrificio. 

“La consecuencia de la comunidad de sentimientos, y sufrimientos entre María y Jesús es que María mereció con todo derecho llegar a ser la reparadora de la humanidad caída, y por tanto la dispensadora de todos los tesoros que Jesús nos ha conseguido con su muerte, y con su sangre y de ser la todo-poderosa mediadora, y abogada del mundo entero ante su Hijo unigénito.

“Habiendo querido Dios una vez, dice Bossuet, darnos a Jesucristo por la Santísima Virgen, ya no revocará esta orden puesto que Dios no se arrepiente de sus dones. Es y será siempre verdad, que habiendo recibido por su caridad el principio universal de la gracia, recibimos también, por su mediación, sus diversas aplicaciones a todos los diferentes estados que integran la vida cristiana”. Al solicitar el primer milagro de Jesús en Caná, María suscitó la fe de los Apóstoles; después de la Ascensión su plegaria atrae al Espíritu Santo, y con él el establecimiento y la rápida difusión de la Iglesia. Poco después sube a los cielos “pero no por eso nuestros intereses le son menos queridos y menos sagrados. Allí vela por nuestra desdichada tierra; todo lo que la vida presente y en la futura puede haber de feliz para nosotros, nos viene por ella porque continuamente, y de todas las maneras nos hace propicios al Hijo, y al Padre de las misericordias”.

Qué confianza no deberemos tener en las súplicas de una Madre tan poderosa, y tan benévola! Si la eficacia de la oración de los santos depende de su grado de santidad y de unión con Dios, ¡cuán poderosa debe ser la de María que fue llamada la llena de gracia por cuanto pertenecía a Dios sin reserva, y fue asociada a Jesús hasta el punto de merecernos de congruo, es decir, por mérito de conveniencia, lo que El nos merecía de condigno, por mérito de justicia! De aquí que la tradición católica la haya llamado “la omnipotencia suplicante.” Dios lo ha querido así, y en consecuencia ninguna gracia nos es dada sin pasar por manos de María, ya que ella es “como por derecho natural, la dispensadora de los tesoros” de su Hijo.

  El Papa León XIII, en la Encíclica Adíutricem populi se complace en numerar los beneficios que Dios ha concedido a la Iglesia por la intercesión de la Santísima Virgen: 

      “Debido principalmente a su protección, y ayuda, la doctrina, y las leyes del Evangelio se han propagado tan rápidamente, que la cruz bendita sea ensalzada, y adorada en el mundo entero, y que las herejías hayan sido destruidas.” 

El Papa Pío Décimo atribuye igualmente a María los insignes favores concedidos a la Iglesia en los cincuenta años transcurridos hasta él después de la definición del dogma de la Inmaculada Concepción.

MEDIACIÓN UNIVERSAL. 

— Lo que es verdad respecto a los medios generales de salvación, lo es también de cada gracia en particular. La Santísima Virgen, nos dice San Bernardo, y los Papas han hecho suya esta doctrina, interviene en la distribución de todos los dones sobrenaturales, es mediadora para cada uno, y cada una de las circunstancias de nuestra vida, como una madre que se ocupa individualmente de cada uno de sus hijos. Para esto Dios le ha dado un conocimiento proporcionado a su papel maternal universal, y mientras un fiel prosiga la obra de su santificación, María pondrá todo su poder, y todo su amor a su favor para aplicarle los frutos de la redención.

Debemos, pues, dirigirnos con reconocimiento, y confianza a quien, y por quien recibimos todos los bienes sobrenaturales. Pero si la Virgen es dispensadora de los tesoros celestiales, si es la mediadora que nos da a Jesús, lo es también para conducirnos a Dios, para presentarle nuestras plegarias, y nuestra misma vida. Sin duda Jesucristo es nuestro abogado, y mediador ante el Padre, ¿Pero acaso tenemos suficiente grado de pureza para dirigirnos directamente a El? 

Digamos con el bienaventurado Grigñon de Monfort en su admirable librito de “La verdadera devoción a la Santísima Virgen”: “Tenemos necesidad de un mediador ante el mismo Mediador, y para ello María es la más capaz de ejercer esta caritativa función. 


Por ella Jesús ha venido a nosotros, y por ella debemos ir nosotros a El. Si no nos atrevemos a ir directamente a Jesucristo-Dios debido a su infinita grandeza, o a nuestra pequeñez, o a nuestros pecados, imploremos la ayuda, y la intercesión de María nuestra Madre; es buena, y cariñosa; en ella no hay nada ... que nos impida acercarnos; viéndola a ella, contemplamos nuestra misma naturaleza… Es tan dadivosa que no rechaza a nadie, tan poderosa que no desoye las súplicas; sólo necesita presentarse ante su Hijo, que no podrá negar nada a las instancias y súplicas de su amantísima Madre. Para ir a Jesús es necesario ir a María que es nuestra mediadora por su intercesión; para ir al Padre es necesario ir a Jesús, nuestro Mediador por la redención.”

PLEGARIA.


 Oh excelsitud de nuestra raza, diremos con Santiago el Monje, que tal mediadora ha conseguido! ¡ Qué boca, aunque cante sin descanso himnos de alabanza, podrá darte, Señor, dignas acciones de gracias por este beneficio!’, ¡Oh Madre divina, eres la dispensadora y depositaria de las gracias, no para guardarlas para ti sola, sino para repartirlas a manos llenas sobre todas las criaturas. Como dispensadora de inagotables tesoros está encargada de su distribución; ¿cómo ha de guardar celosamente unas riquezas que no disminuyen nunca? Derrama, pues, con mano generosa sobre tu pueblo y tu herencia tus misericordias y tus gracias. Líbranos de los males que nos oprimen. Mira las múltiples y difíciles pruebas que pesan sobre nosotros: pruebas interiores y exteriores que vienen de hermanos y de extraños. Restablece con tu poder el orden y la paz. Reconcilia a los hermanos entre sí, expulsa lejos a los enemigos que nos rodean, y atormentan como bestias feroces. Proporciona a nuestras miserias tu socorro, y ayuda, y concede a nuestras almas una gracia abundante con la que podamos triunfar de todo, a fin de que si no podemos avanzar lo logremos con ella. Concédenos, en fin, que fortificados, y salvados por tantas misericordias podamos glorificar ahora y siempre por los siglos sin fin al Verbo eterno encarnado en ti por nosotros, junto con el Padre sin principio, y el Espíritu Vivificador”.



martes, 30 de mayo de 2023

Bergoglio nombra a su cómplice apóstata marxista pro-LGBT Jorge García Cuerva para dirigir Buenos Aires

Bergoglio y su cómplice Marxista Jorge García Cuerva desafían las leyes de Dios y a la Iglesia



Sacerdote argentino aseguró en un audio filtrado que Jorge García Cuerva es "gay" y "kirchnerista"

 El sacerdote argentino Rodrigo Vázquez, de la diócesis de san Nicolás, asegura en el audio que fue compañero de seminario de Jorge García Cuerva, quien se ordenó dos años antes que él. 

Trascripción 

 Buenos días a Todos queridísimos amigos, camaradas de este grupo tan distinguido.

Bueno No soy de escribir ni hablar mucho, pero participo asiduamente de este grupo, escuchando y rezando por las intenciones de cada uno de ustedes la santa Misa, el santo Rosario. Bueno mis sacrificios diarios.

Con Garcia Cuerva fuimos compañeros de seminario, él estaba dos años mas adelantado que yo, pero lo conozco bastante, se ordenó en el 97, yo me ordené en el 99.

Yo soy ex-alumno del colegio Marín de San Isidro, hice todo el seminario allí, y después terminé  como alumno externo en Devoto, en el Seminario Metropolitano viviendo en el colegio militar porque después me ordenaron allí, el Obispo cástrense; Monseñor Martina.

Pues lo conozco a él porque fuimos compañeros, primero es una persona gay, apoya el LGTB y todas esas porquerías, además apoya el terrorismo,  es kirchnerista, peronista y es recontra francisquita, así que no se ilusionen, al contrario lo peor que nos pudo pasar, lo peor de lo peor, lo eligió (Bergoglio) para ponerlo allí. 

Estaba entre él y Victor Manuel Fernández, que es de la Plata; otro gay, otro afeminado y además que no siguen la doctrina de la Iglesia de Siempre. Están destruyendo la Iglesia continuamente, diciendo que es bueno lo que es malo y que es malo lo que es bueno. 

Así que es anti- militar por supuesto, amigo de la "Abuela de la Plaza de Mayo" por supuesto que sí, así que no se ilusionen para nada, no recuerdo bien su pasado, si tiene algo que ver con la fuerza, con lo que pusieron acá  del aviador, pero lo que sí le puedo asegurar que es lo peor que puede haber sucedido, así que a rezar mucho y bueno a pedirle al Señor que con su providencia nos acompañé. Que viva Cristo Rey, viva María Reina y el Glorioso Patriarca San José



Actualización: Infovaticana menciona que debido a la polémica que se suscitó en Argentina por la filtración del audio, el sacerdote Rodrigo Vázquez, de la diócesis de San Nicolás, pidió disculpas. En todo caso, si se acobardó por miedo a ser "misericordiado" por Bergoglio (Miedo a convertirse en cura cancelado) o por miedo a las represalias del Lobby Gay. Más bien, debe temer ser borrado del libro de la Vida. 



En Argentina, los grupos de presión del Lobby Gay y la prensa de izquierda en Argentina que promovía la homosexualidad atacaron al Sacerdote Rodrigo Vázquez y dieron su apoyo al homosexual marxista Jorge García Cuerva.






Vivimos en la época de la posverdad donde el "escándalo" no es que el apóstata Jorge García Cuerva nombrado por Bergoglio sea un marxista radical pro-LGBT, sino que un cura se atreva a decirlo en privado y se filtre el audio en las redes sociales

Vivimos en el Tiempo de la Post-Verdad donde una lesbiana se hace pasar por hombre y Bergoglio la llama "hombre", donde un hombre homosexual se hace pasar por mujer y Bergoglio le llama "chica". Donde un hereje se hace pasar por papa y aunque todos ven claramente sus actos de apostasía y herejías públicas aún continúan reconociéndolo y dándole honores papales como si fuera un papa.






La formación de Lavender Mafia:
Al describir la formación de camarillas homosexuales del clero, el padre Oko dijo:

Sin embargo, saben bien que pueden estar expuestos y avergonzados, por lo que se protegen mutuamente ofreciéndose apoyo mutuo. Construyen relaciones informales que recuerdan a una camarilla o incluso a una mafia, con el objetivo de ocupar particularmente aquellos puestos que ofrecen poder y dinero.
Cuando alcanzan una posición de toma de decisiones, intentan promover y ascender principalmente a aquellos cuya naturaleza es similar a la de ellos, o al menos que se sabe que son demasiado débiles para oponerse a ellos.

Padre Oko dijo: "Al igual que en el ejército, en la policía, en el mundo del arte, una vez que una persona con tendencias homosexuales llega al poder, por lo general sus subordinados también son homosexuales, por lo tanto, comienzan a crear una pirámide, y lo mismo está sucediendo en la Iglesia con estos obispos que a sabiendas nombran a personas con las mismas tendencias".





Esto no es la Iglesia, es una dictadura tiránica, como dijo Mons. Athanasius Schneider, obispo de Kazajstán, señaló: “En la Iglesia, no vivimos en una dictadura. En una dictadura, no tenemos el coraje de contradecir al dictador. Pero cuando, en la Iglesia, llegamos a una situación en la que los fieles sacerdotes y obispos tienen miedo de decir cualquier cosa, como en una dictadura, esto no es Iglesia”.

“...la obediencia ciega es característica de una 'dictadura', no de la Iglesia”.



“Hoy estamos siendo testigos de una extraña forma de cisma” dentro de la Iglesia, dijo el obispo Athanasius Schneider, y consiste en aquellos que se alinean con el Papa (Francisco/Bergoglio) para avanzar en sus carreras pero rechazan las enseñanzas fundamentales de Cristo sobre el matrimonio.

lunes, 29 de mayo de 2023

Monseñor Carlo Maria Viganò. Espíritu Santo, libera a la Iglesia de la falsedad que la oprime

 


§§§

HOMILÍA

en la Solemnidad de Pentecostés

Emitte Spiritum tuum, et creabuntur,

et renovabis faciem terræ.

[Envías tu soplo y son creados,

Y renuevas la faz de la tierra]

Salmo 103, 30

 

¿Cuál es la característica del Amor? Su gratuidad. Quien ama, ama sin esperar nada a cambio. Quien ama se alegra de que el Bien que disfruta pueda ser compartido por el amado. Quien ama no tiene medias tintas: ama totalmente, sin reservas. Quien ama quiere el bien del amado, sabe decir no. Esto es verdad en grado sumo cuando el Amor es divino, cuando el Amor del Padre hacia el Hijo y del Hijo hacia el Padre es tan perfecto e infinito como para ser la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, el Espíritu Santo Paráclito.

La magnificencia es el signo distintivo de los soberanos y de los príncipes, que inspiran su liberalidad en la magnificencia de Dios, del mismo modo que conforman su gobierno a la justicia divina. Pero nada puede competir con la magnificencia de la obra de Dios: una magnificencia infinita tanto en el orden de la Creación como -y en modo infinitamente superior- en el orden de la Redención. Una magnificencia divina en sus perfecciones, ilimitada en su capacidad de irradiarse, semejante a la benéfica luz del Sol, colmando a todos y a cada uno de gracias y favores inmerecidos y gratuitos. Y es la gratuidad absoluta que caracteriza la obra de Nuestro Señor, establecida desde la eternidad de los tiempos para reparar el pecado de Adán mediante la Encarnación, Pasión y Muerte del Hombre-Dios. Gratuitos son también los Dones del Espíritu Santo; gratuita es la Gracia, gratuitamente dada, concedida gratuitamente. Gratuita es la eternidad bienaventurada que nos está preparada en el Cielo; gratuita es la santificación que la Iglesia obra mediante los Sacramentos y el Santo Sacrificio de la Misa.

Pero si la gratia, la gratuidad absoluta del Bien que nos viene de Dios, es una nota divina que une la omnipotencia y la misericordia en el admirable vínculo de la Caridad; en cambio, todo lo que viene de Satanás tiene un precio, para nada gratuito, porque no tiene nada que dar y todo que robar con engaños y mentiras; porque viene de quien quiere nuestro mal presente y eterno, envidiando sobre todo la Redención de Cristo y más aún la humildad de la Virgen Inmaculada, a quien gratuitamente la Santísima Trinidad adornó con el privilegio de ser concebida sin mancha de pecado, para ser digno tabernáculo del Altísimo.

Satanás, el mercader de la muerte. Satanás, el eterno engañador, el que vende con fraude lo que no le pertenece, y con el fraude compra nuestra alma inmortal, trocándola con la nada de bienes falsos, efímeros y mendaces. Y es el engaño, la simulación, la mentira lo que vemos reinar en el campo adversario. Una mentira que Satanás quiere que sea reconocida como tal, pero que, sin embargo, es aprobada y aceptada. Porque mientras la obra de Dios es la obra de la verdad -procedente de Aquel que es la Verdad absoluta-, la obra del diablo es ficción. Satanás es el gran escenógrafo de la realidad virtual del mundo actual, de la sociedad globalista esclava del Nuevo Orden, en el que la simulación y la falsificación son la marca de la acción del Adversario.

“¡Qué hermosa niña: parece una muñeca!”, oímos. “¡Qué hermoso paisaje: parece una postal!”. En estas expresiones comunes, a menudo utilizadas ingenuamente, se muestra la matriz fraudulenta de la obra del Enemigo, que como criatura es incapaz de crear de la nada, y debe por eso recurrir a la imitación del Creador para engañarnos a los hombres. El Príncipe de este mundo nos propone modelos artificiales y falsos, que aparentan lo que no son y que no están movidos -como las obras de Dios- por la Caridad infinita, sino por el odio lívido hacia la Majestad divina y hacia Sus criaturas. La maternidad subrogada, la manipulación genética, la bioingeniería, el transhumanismo y las obscenas mutilaciones de la transición de género, la parodia del matrimonio entre personas del mismo sexo, el engaño de poder decidir sobre la vida y la muerte mediante el aborto y la eutanasia son todas mentiras y fraudes del mentiroso, del simulador, del simia Dei.





No es diferente lo que ocurre en el recinto sagrado, donde herejes y apóstatas han pretendido siempre sustituir las perfecciones de la Revelación divina por sus propias falsificaciones; presentándose, en efecto, ellos mismos como lo que no son, como falsos pastores, como falsos profetas, como anticristos. El mismo Anticristo, que reinará en los últimos tiempos antes de ser exterminado por el soplo de Cristo, es un simulador, un imitador fraudulento del verdadero Cristo. También es un impostor el profeta del Anticristo, que es presentado en el Apocalipsis como su mantenedor, el líder de la Religión de la Humanidad, el predicador del ecologismo y del humanismo masónico.

Si observamos la situación desastrosa en la que se encuentra la Esposa de Cristo, encontramos incrustados en ella como tumores malignos a todos esos falsos pastores y mercenarios que hacen de la mentira y el engaño su razón de vivir, y que, al igual que sus pares en el ámbito civil, se presentan como promotores de la paz y la fraternidad, como defensores de los débiles, de los pobres y de los desheredados, cuando en realidad son servidores de los poderosos, cómplices de los tiranos, promotores de la división y despiadados con sus enemigos, es decir, los buenos cristianos. Pero sobre todo: contra Dios, contra Jesucristo, contra la Santísima Virgen María, contra la Santa Iglesia.

En sus acciones todo es falso: falso el sínodo de la sinodalidad, que bajo las apariencias de un verdadero sínodo adultera la Fe; falsas las supuestas consultas al pueblo de Dios, piloteadas con engaños; falsas sus exigencias sobre la dignidad de la mujer, utilizadas para socavar el Sacerdocio Católico; falsa su caridad hacia los pecadores, a los que no amonesta sino que confirma en el pecado perdiendo sus almas. Falso también el “espíritu” que inspira sus delirios; falso el “dios de las sorpresas” que legitima sus errores; falso su “pentecostés” que contradice la acción del Paráclito y falsa su “iglesia” que eclipsa a la verdadera Iglesia de Cristo. Falsa, escandalosa y criminal es la parodia de un sacramento al que se le ha erigido un suero experimental que mediante la tecnología del ARNm modifica el genoma humano, pero que Bergoglio no dudó en definir sacrílegamente como un “acto de amor” y una “luz de esperanza para todos”. Falso el respeto de lo Creado por la “iglesia amazónica”, que rinde culto idolátrico a la Madre Tierra y ratifica manipulaciones de la geoingeniería contra la naturaleza que Dios ha creado.



Veni, Sancte Spiritus, reple tuorum corda fidelium: et tui amoris in eis ignem accende [Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles, y enciende en ellos el fuego de tu amor]. En efecto, la divina Liturgia del día de Pentecostés es un himno al Espíritu Santo: un canto de amor de la Iglesia al Amor divino, que procede del Padre y del Hijo. En el Gradual de la Misa, para subrayar la fuerza de esta invocación, hemos pronunciado de rodillas estas palabras: Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles, y enciende en ellos el fuego de tu amor. Un fuego que ilumina nuestras mentes con la Fe y calienta nuestros corazones con la Caridad.

El Espíritu Santo -que es Espíritu de Verdad- actúa en el silencio: el silencio de nuestros corazones que se dejan aconsejar e inspirar; el silencio del recogimiento de esta iglesia, en el que la digna compostura de la Liturgia divina se inclina ante la acción del Paráclito invocado por los Ministros para bendecir y santificar las cosas y las personas; el silencio de tantas almas que en el mundo parecen sin voz, dominadas por el clamor infernal de las huestes del Enemigo, pero que cumplen la voluntad de Dios. Y en el silencio se realizan los milagros más increíbles del Espíritu Santo, que con magnificencia divina nos prodiga sus dones, que son gratuitos, como gratuita es precisamente la Gracia sobrenatural.

Imploremos al Consolador –dulcis hospes animæ, dulce huésped del alma– con las palabras de la espléndida Secuencia de Pentecostés, que Él sea para nosotros descanso en la fatiga de afrontar nuestros deberes cotidianos, refrigerio en el tórrido desierto de este mundo rebelde, consuelo en las lágrimas que derramamos al ver a Su Esposa atormentada en la tierra. Que el Paráclito purifique toda inmundicia de pecado, bañe con la Gracia la aridez de tantas almas, cure las heridas de nuestros corazones que sangran por esta passio Ecclesiæ que parece no tener fin. Doblega a la voluntad de Dios la dureza de los pecadores, alimenta con la llama de la Caridad el apostolado de los Pastores, mantén firme la Fe de tantos que vacilan frente el aparente triunfo del mal.

Ven, Espíritu Santo, y renueva la faz de la tierra, que el Padre creó, que el Hijo redimió y que Tú santificas por medio de la Santa Iglesia. Y así sea.

 

+ Carlo Maria Viganò, Arzobispo

28 de mayo de 2023

Domingo de Pentecostés

 

Publicado originalmente en italiano el 28 de mayo de 2023 Blog de Marco Tosatti 

Traducción al español por: José Arturo Quarracino

domingo, 28 de mayo de 2023

La obra del Espíritu Santo es la santificación del creyente. Quien peca deliberadamente profana su cuerpo y expulsa de sí mismo al Espíritu Santo

 San Juan 16:8 Cuando el Espíritu Santo venga, (acusará) mostrará claramente a la gente del mundo quién es pecador, quién es inocente, y quién recibe el juicio de Dios.



Pentecostés es otra fiesta que celebramos los católicos que no pueden celebrar los bergoglianos, puesto que la Palabra de Dios dice que la obra del Espiritu Santo es nuestra Santificación y los adúlteros, los sodomitas, los fornicarios, los sacrílegos y rebeldes  se oponen a la obra de Santificación del Espiritu Santo, despreciando sus dones rechazan ser guiados por Cristo, para vivir esclavos de sus desenfrenadas pasiones. 

Bergoglio blasfemó al Espíritu Santo: “¡Este Espíritu Santo es un desastre!”
Pecados contra el Espíritu Santo

Desesperación de salvarse

La presunción de salvarse sin merecimientos

La impugnación de la verdad conocida

La envidia o pesar de la gracia ajena

La impenitencia final

Romanos 8
13. pues, si vivís según la carne, moriréis. Pero si con el Espíritu hacéis morir las obras del cuerpo, viviréis.
14. En efecto, todos los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios son hijos de Dios.

Judas 1:15  para realizar el juicio contra todos y dejar convictos a todos los impíos de todas las obras de impiedad que realizaron y de todas las palabras duras que hablaron contra él los pecadores impíos."
1 Tesalonicenses 4 

La vida que agrada a Dios

1. Por lo demás, hermanos, os rogamos y exhortamos en el Señor Jesús a que viváis como conviene que viváis para agradar a Dios, según aprendisteis de nosotros, y a que progreséis más.
2. Sabéis, en efecto, las instrucciones que os dimos de parte del Señor Jesús.
3. Porque esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación; que os alejéis de la fornicación,
4. que cada uno de vosotros sepa poseer su cuerpo con santidad y honor,
5. y no dominado por la pasión, como hacen = los gentiles que no conocen a Dios. =
6. Que nadie falte a su hermano ni se aproveche de él en este punto, pues el Señor = se vengará = de todo esto, como os lo dijimos ya y lo atestiguamos,
7. pues no nos llamó Dios a la impureza, sino a la santidad.
8. Así pues, el que esto deprecia, no desprecia a un hombre, sino a Dios, = que os hace don de su Espíritu = Santo.


Como afirma San Jerónimo: "Es difícil encontrar a un hereje que ame la castidad; aunque la pueda recomendar por palabras y alabarla".



El viniere argüirá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, ciertamente porque no han creído en mí; y de justicia, porque voy al Padre y ya no me veréis; y de juicio, porque el príncipe de este mundo ya está juzgado. Juan 16:8-11
 

 
San Agustín, in Ioannem, tract., 95
Es acusado el mundo de pecado, porque no cree en Cristo, al mismo tiempo que los creyentes son acusados de justicia, porque la comparación entre los fieles es la reprobación de los infieles. "Y de justicia, porque voy al Padre", y dado que el sentido de la palabra infidelidad se acostumbra a usar en el sentido que expresa la pregunta: ¿cómo creemos aquello que no podemos ver?, conviene, pues, definir en qué consiste la justicia de los que creen. Y esto queda expresado en la frase: "Porque voy al Padre, ya no me veréis". Bienaventurados, pues, los que no ven y creen. Porque los que vieron a Cristo no merecieron alabanza por su fe, porque creían lo que veían, esto es, al Hijo del hombre, pero sí en cuanto creían lo que no veían, esto es, al Hijo de Dios. Pero cuando desapareció de su presencia la forma de siervo, entonces se verificó completamente la palabra: "El justo vive de la fe" ( Rom 1,17). Consistirá, pues, vuestra justicia, de la que acusará al mundo, en que creeréis en mí, a quien no veréis; y cuando me viereis como ahora, no me veréis del modo que estoy con vosotros, esto es, no me veréis mortal, sino eterno. Al decir, pues, "ya no me volveréis a ver", profetizó que en adelante ya nunca le verían.
 
 
San Agustín
El mundo es acusado de pecado en aquellos que no creen en Cristo, y de justicia en los que resucitan como miembros de Cristo. Sigue: "De juicio, pues, porque el príncipe de este mundo ya está juzgado". Esto es, el diablo, príncipe de los inicuos, que en su corazón no viven sino en este mundo, al que aman. En esto mismo que el diablo fue echado fuera, juzgado está, y éste es el juicio del cual el mundo es acusado, porque se lamenta en vano del diablo, el que no quiere creer en Cristo; y juzgado, esto es, echado fuera, le es permitido atacarnos desde fuera para ejercitar nuestra virtud y vencerle en el martirio, no sólo los varones, sino que también las mujeres, los niños, y hasta las tiernas doncellas.


San Agustín, in Ioannem, tract., 95
Juzgado está, porque fue condenado irrevocablemente al fuego eterno. En este juicio está condenado el mundo, porque está juzgado con su príncipe, a quien imita en soberbia e impiedad. Crean, pues, los hombres en Cristo, para que no sean acusados del pecado de infidelidad, con el cual son retenidos todos los demás pecados; pasen al número de los fieles para que no sean argüidos de justicia por aquellos a quienes, justificados, no imitan; y guárdense del futuro juicio para que no sean condenados con el príncipe del mundo, a quien imitan.



Crisóstomo, in Ioannem, hom. 78
O de otro modo: acusará al mundo de pecado, esto es, desechará toda excusa y probará que pecaron los que no creyeron en El, cuando vieron que el Espíritu Santo derramaba sus dones inefables a la invocación de su nombre.



 

Sabiduría: gusto para lo espiritual, capacidad de juzgar según la medida de Dios. 

Inteligencia (Entendimiento): Es una gracia del Espíritu Santo para comprender la Palabra de Dios y profundizar las verdades reveladas.

Consejo: Ilumina la conciencia en las opciones que la vida diaria le impone, sugiriéndole lo que es lícito, lo que corresponde, lo que conviene más al alma.

Fortaleza: Fuerza sobrenatural que sostiene la virtud moral de la fortaleza.  Para obrar valerosamente lo que Dios quiere de nosotros, y sobrellevar las contrariedades de la vida. Para resistir las instigaciones de las pasiones internas y las presiones del ambiente. Supera la timidez y la agresividad.

Ciencia: Nos da a conocer el verdadero valor de las criaturas en su relación con el Creador.

Piedad: Sana nuestro corazón de todo tipo de dureza y lo abre a la ternura para con Dios como Padre y para con los hermanos como hijos del mismo Padre.  Clamar  ¡Abba, Padre!

Temor de Dios: Espíritu contrito ante Dios, consientes de las culpas y del castigo divino, pero dentro de la fe en la misericordia divina. Temor a ofender a Dios, humildemente reconociendo nuestra debilidad.


 Isaías 11:1-3Saldrá un vástago del tronco de Jesé,
y un retoño de sus raíces brotará.
Reposará sobre él el espíritu de Yahveh:
espíritu de sabiduría e inteligencia,
espíritu de consejo y fortaleza,
espíritu de ciencia y temor de Yahveh.


Los resultados de los siete dones del Espíritu Santo, son los doce frutos del Espíritu Santo:
En su epístola a los Gálatas, el Apóstol enumera los doce frutos del Espíritu Santo consagrados por la tradición de la Iglesia: caridad, alegría, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia y castidad.



Los 12 frutos del Espíritu Santo:
Caridad | Gozo ...| Paz | Paciencia | Mansedumbre | Bondad | Benignidad | Longanimidad (Constancia de ánimo en las adversidades.)| Fe-Fidelidad | Modestia | Templanza- Autocontrol | Castidad

Los tres primeros frutos del Espíritu Santo —caridad, gozo y paz— ordenan el alma en sí misma con relación al bien, mientras que la paciencia y la longanimidad lo hacen con relación al mal. bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad la ordenan en relación con lo demás; modestia, continencia y castidad en relación a aquello que nos es inferior -o sea, las pasiones-.

Dentro de la Modestia encontramos la modestia externa: modestia en el vestir, modestia en el comportamiento.

Por fin, tras haberse ordenado la mente en relación a lo que está a su alrededor, cumple hacerlo respecto a lo que le es inferior, y esto ocurre en primer lugar por la modestia, “que pone moderación en todos los dichos y hechos”.26

Esta virtud mantiene nuestros ojos, labios, risas, movimientos, en fin, toda nuestra persona, sin excluir la ropa que la reviste, “dentro de los justos límites que corresponden a su estado, ingenio y fortuna”.27

San Agustín recomienda particular cuidado con la modestia exterior, que puede tanto edificar como escandalizar a los que nos rodean. 28

Las virtudes de templanza y castidad atañen a los placeres del cuerpo, reprimiendo los ilícitos y moderando los permitidos.
-La templanza refrena la desordenada afición de comer y de beber, impidiendo los excesos que pudieran cometerse
-La castidad regula o cercena (limita, restringe) el uso de los placeres de la carne.

Del Catecismo

1809 La templanza es la virtud moral que modera la atracción de los placeres y procura el equilibrio en el uso de los bienes creados. Asegura el dominio de la voluntad sobre los instintos y mantiene los deseos en los límites de la honestidad. La persona moderada orienta hacia el bien sus apetitos sensibles, guarda una sana discreción y no se deja arrastrar ‘para seguir la pasión de su corazón’ (Si 5,2; cf 37, 27-31). La templanza es a menudo alabada en el Antiguo Testamento: ‘No vayas detrás de tus pasiones, tus deseos refrena’ (Si 18, 30). En el Nuevo Testamento es llamada ‘moderación’ o ‘sobriedad’. Debemos ‘vivir con moderación, justicia y piedad en el siglo presente’ (Tt 2, 12).
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2290. La virtud de la templanza conduce a evitar toda clase de exceso, el abuso de la comida, del alcohol, del tabaco y de las medicinas. Quienes en estado de embriaguez, o por afición inmoderada de velocidad, ponen en peligro la seguridad de los demás y la suya propia en las carreteras, en el mar o en el aire, se hacen gravemente culpables

Castidad es la virtud que gobierna y modera el deseo del placer sexual según los principios de la fe y la razón. Por la castidad la persona adquiere dominio de su sexualidad y es capaz de integrarla en una sana personalidad, en la que el amor de Dios reina sobre todo. Por lo tanto no es una negación de la sexualidad. Es un fruto del Espíritu Santo.

La castidad consiste en el dominio de sí, en la capacidad de orientar el instinto sexual al servicio del amor y de integrarlo en el desarrollo de la persona.
- Sagrada Congregación para la educación católica: Pautas de educación sexual, nº 18. Revista ECCLESIA, 2155 (24-XII-83)23

Continencia y Castidad

El Espíritu del Amor viene siempre en socorro de nuestra flaqueza, con sus gracias y dones y aún nos da por medianera y abogada a su
fidelísima esposa.

La continencia y la castidad.

Según Santo Tomás, se distinguen una de otra “bien porque la castidad refrena al hombre en lo ilícito, mientras que la continencia le refrena incluso en lo lícito; o bien en el sentido de que el continente siente las concupiscencias, pero no se deja arrastrar por ellas, mientras que el casto ni es arrastrado ni las padece.29
De hecho, el alma que produce el fruto de la castidad se vuelve realmente angélica. Muy al contrario de los tormentos interiores de agitación y ansiedad, en los que vive quien se entrega a las pasiones desordenadas, el casto ya se anticipa al gozo del Cielo en la Tierra.
La continencia, por su parte, “robustece la voluntad para resistir las concupiscencias desordenadas muy vehementes”;30 por tanto, indica un freno, en cuanto que uno se abstiene de obedecer a las pasiones.31 Prepara, de este modo, el alma para esa castidad, pues “los que hacen todo lo que está permitido acabarán haciendo lo que no lo está” . 32  


 
 
 
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sábado, 27 de mayo de 2023

Vigilia de Pentecostés

 


ESPERA DEL ESPIRITU SANTO

La luz deslumbradora de la solemnidad de mañana ilumina ya este día. Los ñeles se disponen con el ayuno a celebrar dignamente el misterio; pero, como en la Vigilia Pascual, la misa de los neófitos, que entonces se celebraba por la noche, ahora se ha anticipado; por eso desde antes de mediodía la alabanza del Espíritu Santo, cuya efusión está tan cercana, ha resonado en toda Iglesia que tenga pila bautismal. Por la tarde, el oficio de Vísperas da comienzo a la augusta solemnidad. El Reino del Espíritu divino está, pues, proclamado desde hoy por la Liturgia. Unámonos a los pensamientos y sentimientos de los habitantes del Cenáculo, donde está a punto de ser cumplida nuestra esperanza.

LA CREACIÓN — En toda esta serie de misterios que hemos visto deslizarse hasta aquí en el curso del Año litúrgico, hemos presentido con frecuencia la acción de la tercera persona de la Santísima Trinidad. Las lecturas de los libros Sagrados, tanto del Antiguo como del Nuevo testamento, han llamado más de una vez nuestra atención respetuosa hacia este Espíritu divino que parecía rodearse de misterio, como si aún no hubiese llegado el tiempo de su manifestación. Las operaciones de Dios en las creaturas son sucesivas; pero llegan infaliblemente a su tiempo. El historiador sagrado, en la relación de la creación, nos muestra al Espíritu Santo flotando sobre las aguas y fecundándolas silenciosamente, esperando su separación de la tierra que inundaban.

PREPARACIÓN DE LA ENCARNACIÓN. — Aunque el Reino patente del Espíritu Santo sobre el mundo se ha diferido hasta el establecimiento del Hijo de Dios sobre su eterno trono, no vayamos a creer por eso que el Espíritu divino ha permanecido inactivo hasta ahora. Todas las Sagradas Escrituras, de las que hemos hallado tantos fragmentos en la liturgia, ¿qué son sino la obra oculta de aquel que, como nos dice el Símbolo, “ha hablado por los Profetas”? (Qui locutus est per Propfetas. Símbolo de Nlcea. — Constantinopla). Era quien nos daba el Verbo, Sabiduría de Dios, por medio de la Escritura, como más tarde debía dárnoslo en la carne de la humanidad.

No ha estado ocioso ni un solo momento en la duración de los siglos. Preparaba el mundo para el reino del Verbo encarnado, juntando y mezclando las razas, produciendo esta expectativa universal que se extendió desde los pueblos más bárbaros hasta las naciones más avanzadas en la civilización. No se había dado a conocer aún a la tierra, pero se cernía con amor sobre la humanidad, como se había cernido al principio sobre las aguas mudas e insensibles.

LA ENCARNACIÓN.— Esperando su venida, los profetas le anunciaban en los mismos oráculos, donde predecían la llegada del Hijo de Dios. El Señor decía por boca de Joél: “Yo esparciré mi Espíritu sobre toda carne” ‘. En otra ocasión se anunciaba así por la voz de Ezequiel: “Yo derramaré sobre vosotros un agua pura, y seréis purificados de todas vuestras manchas, y os purificaré de todos vuestros ídolos. Y os daré un corazón nuevo, y colocaré en medio de vosotros un nuevo espíritu; y os arrancaré el corazón de piedra que está en vuestra carne, y os daré un corazón de carne, y colocaré en medio de vosotros un Espíritu que es el mío”.

Pero antes de su propia manifestación, el Espíritu Santo había de obrar directamente para la del Verbo divino. Cuando el poder creador hizo salir de la nada el cuerpo y el alma de la futura madre de un Dios, preparó la morada de la soberana majestad, santificando a María desde el primer instante de su Concepción y tomando posesión de ella como de un templo donde el Hijo de Dios se dignaría descender. En el momento de la Anunciación, el Arcángel declaró a la Virgen que el Espíritu Santo iba a venir sobre ella y que la virtud, del Altísimo iba a cubrirla con su sombra. Apenas la Virgen pronunció su consentimiento, cuando la operación del Espíritu Santo produjo en ella el más inefable de sus misterios: el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros. Sobre esta flor nacida en la rama que retoñó del tronco de Jessé, sobre esta humanidad producida divinamente en María, el Espíritu del Padre y del Hijo, reposa con amor, la colma de sus dones y la adapta a su fin glorioso y eterno ‘. El que había dotado a la Madre de tantos tesoros de gracia, sobrepasa en su Hijo de una manera inconmensurable la medida que parecía ya próxima de lo infinito. Y todas estas maravillas las obra en silencio como siempre; porque la hora en que debe brillar su venida no ha llegado todavía. La tierra no hará sino entreverlo, el día en que sobre el cauce del Jordán, a cuyas aguas descendió Jesús, extenderá sus alas y vendrá a posarse sobre la cabeza de este Hijo muy amado del Padre. Juan advierte el misterio del mismo modo que, antes de nacer, había sentido en el seno de María el fruto bendito que habitaba en ella; pero los hombres no vieron más que una paloma, y la paloma no reveló los secretos de la eternidad.

El Reino del Hijo de Dios se asienta sobre sus fundamentos predestinados. Tenemos en él a nuestro hermano, porque ha tomado nuestra carne con sus enfermedades; tenemos en él nuestro doctor, porque es la sabiduría del Padre y porque con sus lecciones nos inicia en toda verdad; en él tenemos nuestro médico, porque nos cura todas nuestras flaquezas y enfermedades; en él tenemos nuestro mediador, porque hace volver en su santa humanidad a toda la creación a su autor; tenemos en él nuestro reparador y en su sangre nuestro rescate: porque el pecado del hombre había roto el lazo entre Dios y nosotros y nos hacía falta un redentor divino; tenemos en él un jefe que no se sonroja de sus miembros por humildes que sean, un rey que acabamos de ver coronar para siempre y un Señor a quien el Señor hace sentar a su diestra.

LA IGLESIA. — Pero si para siempre nos gobierna, ahora lo hace desde lo alto de los cielos, hasta el momento en que aparezca de nuevo para quebrantar contra la tierra la cabeza de los pecadores, cuando clame la voz del Angel: “Ya no hay más tiempo”. Pero esperando esta venida se deben pasar muchos siglos, y estos siglos han sido destinados ai imperio del Espíritu Santo: “Pero no se podía dar el Espíritu Santo—dice San Juan—mientras Jesús no hubiese sido glorificado”. El misterio de la Ascensión forma, pues, el límite entre los dos reinados divinos aquí abajo: el reino visible del Hijo de Dios y el reino visible del Espíritu Santo. Con el fin de unirlos y preparar su sucesión no sólo son profetas mortales los que hablan, sino también el mismo Emmanuel, durante su vida mortal, se hizo el heraldo del reino próximo del Espíritu.

¿No le oímos decir: “Os es más provechoso que yo me vaya; porque si no me marchase, no vendría a vosotros el Paráclito”? 2 El mundo tiene, pues, gran necesidad de este huésped divino, del que se hace precursor el mismo Hijo de Dios. Y a fin de que conociésemos cuál es la majestad de este nuevo dueño que va a reinar sobre nosotros, nos declara Jesús la gravedad de los castigos que caerán sobre quienes le ofendan. “Quienquiera que haya proferido alguna palabra contra el Hijo—dice-—será perdonado; pero el que haya pronunciado esta palabra contra el Espíritu Santo, no obtendrá perdón, ni en este mundo ni en el otro”3. Sin embargo, este Espíritu no tomará la naturaleza humana como el Hijo; no trabajará por rescatar el mundo, como lo rescató el Hijo, sino que vendrá con un amor tan grande que no se podrá despreciarle impunemente. A él confiará Jesús la Iglesia su Esposa durante los largos siglos que ha de durar su viudez, a él confiará su obra para que la mantenga y la dirija en todo.

DISPOSICIONES PARA RECIBIR EL ESPÍRITU SANTO. — Nosotros, pues, los llamados a recibir dentro de pocas horas la efusión del Espíritu de amor que viene a “renovar la faz de la tierra”, estemos atentos como lo estuvimos en Belén en los momentos que precedieron al nacimiento del Emmanuel. El Verbo y el Espíritu Santo son iguales en gloria y en poder y su venida a la tierra procede del mismo decreto eterno y pacífico de la Santísima Trinidad, que determinó, por esta doble visita, “hacernos participantes de la naturaleza divina”. Nosotros, hijos de la nada, somos llamados a llegar a ser, por la operación del Verbo y del Espíritu, hijos del Padre celestial. Ahora, si deseamos saber cómo debe prepararse el alma fiel a la venida del Paráclito divino, volvamos mentalmente al Cenáculo, donde dejamos juntos a los discípulos, perseverando en la oración, según la orden del Maestro, y esperando que la Virtud de lo alto descienda sobre ellos y les cubra como una armadura para los combates que han de sostener.

NUESTRA SEÑORA EN EL CENÁCULO. — En este asilo de. recogimiento y de paz, nuestros ojos buscan respetuosamente en seguida a María, madre de Jesús, obra maestra del Espíritu Santo, Iglesia del Dios vivo, de la que mañana saldrá, como del seno de una madre, por la acción del mismo Espíritu, la Iglesia militante que esta nueva Eva representa y contiene aún en sí. ¿No tiene derecho en estos momentos a recibir todos nuestros homenajes esta creatura incomparable, a quien hemos visto asociada a todos los misterios del Hijo de Dios y que muy pronto va a ser el objeto más digno de la visita del Espíritu Santo? Te saludamos, María llena de gracia, nosotros, los que estamos todavía encerrados en ti y gustamos la alegría en tu seno materno. ¿No ha hablado para nosotros la Iglesia en la Liturgia al comentar a gloria tuya el cántico de tu ascendiente David?. En vano tu humildad pretende sustraerse a los honores que mañana te esperan. Creatura inmaculada, templo del Espíritu Santo, es necesario que este Espíritu se te comunique de un modo nuevo; porque una nueva obra te espera, y la tierra debe poseerte todavía.

LOS APÓSTOLES. — Alrededor de María se ha unido el colegio apostólico, contemplando con arrobamiento a aquella cuyos rasgos augustos le recuerdan al Señor ausente. Los días precedentes ha tenido lugar un grave acontecimiento a los ojos de María y de los hombres en el Cenáculo. Lo mismo que para establecer el pueblo de Israel, Dios había escogido doce hijos de Jacob como fundamentos de esta raza privilegiada, Jesús se había escogido doce hombres de este mismo pueblo para que fuesen las bases del edificio de la Iglesia cristiana, cuya piedra angular es él y Pedro con él y en él. La caída de Judas había reducido a once los escogidos por la elección divina; ya no existía el número sagrado y el Espíritu Santo estaba para descender de un momento a otro sobre el colegio apostólico. Antes de subir al cielo, no había juzgado Jesús a propósito hacer él mismo la elección de sucesor del discípulo caído. Pero era preciso se completase el número sagrado antes de la efusión de la Virtud de lo alto. La Iglesia no debía envidiar en nada a la Sinagoga. ¿Quién cumpliría el oficio del Hijo de Dios en la designación de un Apóstol? Tal derecho no podía pertenecer sino a Pedro, nos dice San Juan Crisóstomo; pero en su modestia declinó el honor, no queriendo acordarse más que de la humildad ‘. Una elección siguió al discurso de Pedro y Matías, juntado a los otros Apóstoles, completó el número misterioso, y esperó con ellos la venida prometida del Consolador.

LOS DISCÍPULOS. — En el Cenáculo, a los ojos de María, se reunieron también los discípulos que, sin haber tenido el honor de haber sido elegidos Apóstoles, fueron, sin embargo, testigos de las obras y los misterios del Hombre-Dios; fueron puestos aparte y reservados para la predicación de la buena nueva. Magdalena y las otras santas mujeres esperan con el recogimiento que les prescribió el Maestro, esta visita de lo alto, cuyo poder van a experimentar muy pronto. Rindamos nuestros homenajes a esta santa asamblea, a esos ciento veinte discípulos que se nos dieron por modelos en esta importante circunstancia; porque el Espíritu Santo ha de venir en seguida a ellos; son sus primicias. Más tarde descenderá también sobre nosotros, y con el fin de prepararnos a su venida, la Iglesia nos impone hoy el ayuno.

LA LITURGIA DE ESTE DÍA. — En la antigüedad este día se parecía a la Vigilia Pascual. Al atardecer los fieles se recogían en la iglesia para tomar parte en la solemnidad de la administración del bautismo. La noche siguiente se confería a los catecúmenos el sacramento de la regeneración, a quienes la ausencia o la enfermedad habían impedido juntarse a los otros la noche de Pascua. También contribuían a formar del grupo de los aspirantes al nuevo nacimiento que se toma en la fuente sagrada aquellos a quienes no se consideró suficientemente probados todavía, o cuya instrucción no pareció bastante completa, pero ahora se juzgaba que estaban en disposición de dar satisfacción a las justas exigencias de la Iglesia. En lugar de las doce profecías que se leían en la noche de Pascua, mientras los sacerdotes cumplían con los catecúmenos los ritos preparatorios al Bautismo, no se leen ordinariamente más que seis; lo que nos lleva a pensar que el número de los bautizados la noche de Pentecostés era menos considerable.

El cirio pascual volvía a aparecer esta noche de gracia, con el fin de inculcar a los nuevos reclutas de la Iglesia el respeto y amor para con el Hijo de Dios, que se hizo hombre para ser “la luz del mundo”Todos los ritos que hemos detallado y explicado el Sábado Santo se celebraban en esta nueva ocasión, en que aparecía la fecundidad de la Iglesia; el Santo sacrificio, del cual tomaban parte los neófitos, comenzaba antes de rayar el alba.

En el rodar de los tiempos, la costumbre de conferir el bautismo a los niños poco después de su nacimiento, al tomar fuerza de ley, ha anticipado la Misa bautismal a la mañana del Sábado de la Vigilia de Pentecostés, como sucede con la Vigilia de Pascua. Antes de la celebración del Sacrificio se leen seis profecías de las que hemos hablado hace poco; después tiene lugar la solemne bendición de las aguas bautismales. El cirio pascual vuelve a aparecer en esta función, a la que falta con frecuencia la asistencia de los fieles.

Si ustedes no hablan, gritarán las piedras. Súplica filial a los cardenales, aliados de la Eucaristía y del Evangelio

  Me uno a la Suplica filial pero además aclaro que tampoco podemos ser los hijastros de un Concilio que contiene la herejía del ecumenismo ...