R. Señor, danos sacerdotes santos.
V. Para que nos acompañen a la hora de nuestra muerte, y ofrezcan la Santa Misa por nosotros



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viernes, 28 de mayo de 2021

Trisagio a la Santísima Trinidad

 Publicado por  Miles Christi resístens

Tomado del devocionario Camino Recto y Seguro para llegar al Cielo, de San Antonio María Claret.

  
Bendita y alabada sea la Absolutamente Santa e Indivisa Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo, Tres divinas Personas, Un sólo y verdadero Dios
  
ORIGEN DEL TRISAGIO
No es invención del ingenio humano el santísimo Trisagio, sino obra del mismo Dios, que lo inspiró al profeta Isaías cuando oyó como lo cantaban los Serafines para enaltecer la gloria del Creador.
En la escuela de los mismos Serafines y demás coros celestiales fue donde lo aprendió milagrosamente un niño de corta edad que, a la manera de San Pablo, fue arrebatado al cielo como lo refieren las historias eclesiásticas.
   
El 24 de Septiembre del año 447, y siendo Teodosio el Joven emperador de Oriente, se experimentó un terremoto casi universal y muy violento, y que por su duración y espantosos estragos se hizo el más notable de cuantos hasta entonces se habían visto. Fueron incalculables los daños que seis meses de sacudimientos casi continuos causaron en los más suntuosos edificios de Constantinopla y en toda la famosa muralla del Quersoneso. Se abrió la tierra en muchos puntos, y quedaron sepultadas en sus entrañas ciudades enteras; secáronse las fuentes, y manifestábanse otras nuevas; y era tal la violencia de los sacudimientos, que arrancaban árboles muy corpulentos, aparecían montañas donde había antes llanuras y profundas concavidades donde antes había montañas. El mar arrojaba a las playas peces de gran magnitud, y las playas y los barcos se quedaban sin aguas, que iban a inundar grandes islas.
   
Ante esta situación, se creyó prudente abandonar las poblaciones, y así lo hicieron los moradores de Constantinopla, con el emperador Teodosio, su hermana Pulqueria, San Proclo, patriarca entonces de aquella Iglesia, y todo su clero.
   
Reunidos en un paraje llamado el Campo, dirigían al cielo fervorosas súplicas y grandes clamores, pidiendo socorro en necesidad tan apurada, cuando un día, entre ocho y nueve de la mañana, fue tan extraordinario el sacudimiento que dio la tierra, que faltó poco para que causase los mismos estragos que el diluvio universal. A este susto sucedió la admiración del prodigio siguiente: Un niño de pocos años fue arrebatado por los aires, a la vista de todos los del Campo, que le vieron subir hasta perderle de vista. Después de largo rato, descendió a la tierra del mismo modo que había sido arrebatado al cielo; y luego, puesto en presencia del Patriarca, del emperador y de toda la multitud, pasmada, contó cómo, siendo admitido en los coros celestiales, oyó cantar a los Ángeles estas palabras: “Agios o Theós, Agios ischyrós, Ágios athánatos, eléison imas” (Santo es Dios, Santo fuerte, Santo inmortal, tened misericordia de nosotros); y cómo se le había mandado poner esta visión en conocimiento de todos los allí reunidos. Dichas estas palabras, el niño murió.
   
San Proclo y el emperador, oído este relato, mandaron unánimemente que todos entonasen en público este sagrado cántico, e inmediatamente cesó el terremoto y quedó quieta toda la tierra. De aquí provino el uso del Trisagio, que el Concilio General de Calcedonia prescribió a todos los fieles, como un formulario para invocar a la Santísima Trinidad en tiempos funestos y de calamidades. De aquí ha venido el merecer la aprobación de tantos Prelados de la Iglesia, que han apoyado su práctica enriqueciéndola con el tesoro de las indulgencias, y de aquí, finalmente, ha venido que se haya impreso y reimpreso tantas veces, siempre con universal aplauso y aceptación de todos, teniéndolo como un escudo impenetrable contra todos los males que Dios envía a la tierra en castigo de nuestros pecados.
  
NOTAS:
En los tiempos actuales, el Padre Pío de Pietrelcina exhortaba a sus fieles a tener gran devoción a la Santísima Trinidad, especialmente el rezo del Trisagio.
  
San Antonio María Claret, después de una locución que tuvo en la Granja (Segovia), el día 27 de Agosto de 1851, en la Iglesia del Rosario, dijo que “la salvación de España se cifraba en tres devociones: el Trisagio, el Santísimo Sacramento y el Rosario”. La hermana Lucía de Fátima, durante su estancia en Tuy (Pontevedra), en Junio de 1929, tuvo una visión de la Santísima Trinidad e igualmente era muy amante de esta devoción.
  
TRISAGIO A LA SANTÍSIMA TRINIDAD
 
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
   
OFRECIMIENTO
Rogámoste, Señor, por el estado de la Santa Iglesia y Prelados de ella; por la exaltación de la fe Católica, extirpación de las herejías, paz y concordia entre los Príncipes cristianos, conversión de todos los agonizantes y caminantes; por las Benditas Almas del Purgatorio y demás piadosos fines de nuestra santa madre la Iglesia. Amén.
  
. Bendita sea la santa e individua Trinidad, ahora y siempre, y por todos los siglos de los siglos.
. Amén.
. Abrid, Señor , mis labios.
. Y mi voz pronunciará vuestras alabanzas.
. Dios mío, en mi favor, benigno entiende.
. Señor, a mi socorro, presto atiende.
. Gloria sea al Padre, Gloria al eterno Hijo, Gloria al Espíritu Santo.
℟. Como era en el principio y ahora y siempre y en los siglos de los siglos. Amén. En tiempo de cuaresma, en lugar del Aleluya se dice: Alabanza sea dada a ti, Señor, rey de la eterna gloria.
    
ACTO DE CONTRICIÓN
Amorosísimo Dios, Trino y Uno, Padre, Hijo y Espíritu Santo, en quien creo, en quien espero, a quien amo con todo mi corazón, cuerpo y alma, potencias y sentidos, por ser Vos mi Padre, mi Señor y mi Dios, infinitamente bueno y digno de ser amado sobre todas las cosas: me pesa, Trinidad Santísima; me pesa, Trinidad misericordiosísima; me pesa, Trinidad amabilísima, de haberos ofendido, sólo por ser quien sois; propongo y os doy palabra de nunca más ofenderos y de morir antes que pecar; espero en vuestra suma bondad y misericordia infinita, que me habéis de perdonar todos mis pecados y me daréis gracia para perseverar en un verdadero amor y cordialísima devoción de vuestra siempre amabilísima Trinidad. Amén.
   
HIMNO
Ya se aparta el sol ardiente,
Y así, ¡oh luz perenne!, unida,
Infunde un amor constante
A nuestras almas rendidas.
En la aurora te alabamos,
Y también al mediodía,
Suspirando por gozar
En el Cielo de tu vista.
Al Padre, al Hijo y a Ti,
Espíritu que das vida,
Ahora y siempre se den
Alabanzas infinitas. Amén.
   
ORACIÓN AL PADRE 
   
 
¡Oh Padre Eterno!: fuera de vuestra posesión, yo no veo otra cosa que tristeza y tormento, por más que digan los amadores de la vanidad. ¿Qué me importa que diga el sensual que su dicha es el gozar de sus placeres? ¿Qué me importa que también diga el ambicioso que su mayor contento es el gozar de su gloria vana? Yo, por mi parte, no cesaré jamás de repetir, con vuestros Profetas y Apóstoles, que mi suma felicidad, mi tesoro y mi gloria es el unirme a mi Dios y mantenerme inviolablemente junto a Él.
Rezar un Padrenuestro y Avemaría; y nueve veces: Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los ejércitos, llenos están los cielos y la tierra de vuestra gloria.
Y el coro responde: Gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo.
     
ORACIÓN AL HIJO 
   
 
¡Oh Verdad eterna!, fuera de la cual yo no veo otra cosa que engaños y mentiras: ¡Oh, cómo todo me parece desabrido a vista de vuestros suaves atractivos! ¡Oh, cómo me parecen mentirosos y falaces los discursos de los hombres, en comparación de las palabras de vida con las cuales Vos habláis al corazón de aquellos que os escuchan! ¡Ah! ¿Cuándo será la hora en que Vos me trataréis sin enigma y me hablaréis claramente en el seno de vuestra gloria? ¡Oh, qué trato! ¡Qué belleza! ¡Qué luz!...
Rezar un Padrenuestro y Avemaría; y nueve veces: Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los ejércitos, llenos están los cielos y la tierra de vuestra gloria.
Y el coro responde: Gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo.
    
ORACIÓN AL ESPÍRITU SANTO 
    
   
¡Oh Amor! ¡Oh Don del Altísimo, centro de las dulzuras y de la felicidad del mismo Dios! ¡Qué atractivo para un alma el verse en el abismo de vuestra bondad y toda llena de vuestras inefables consolaciones! ¡Ah placeres engañadores! ¿Cómo habéis de poder compararos con la mínima de las dulzuras que un Dios, cuando le aparece, sabe derramar en un alma fiel? ¡Oh!, si una sola partícula de ellas es tan gustosa, ¿cuánto más será cuanto Vos la derraméis como un torrente sin medida y sin reserva? ¿Cuándo será esto, ¡Oh mi Dios!, cuándo será?
Rezar un Padrenuestro y Avemaría; y nueve veces: Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los ejércitos, llenos están los cielos y la tierra de vuestra gloria.
Y el coro responde: Gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo.
   
ANTÍFONA
A Ti, Dios Padre ingénito; a Ti, Hijo unigénito; a Ti, Espíritu Santo paráclito, santa e individua Trinidad, de todo corazón te confesamos, alabamos y bendecimos. A Ti se dé gloria por los siglos de los siglos, Amén.
   
. Bendigamos al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
. Alabémosle y ensalcémosle en todos los siglos.
  
ORACIÓN
Señor Dios, Uno y Trino: dadnos continuamente vuestra gracia, vuestra caridad y la comunicación de Vos, para que en tiempo y eternidad os amemos y glorifiquemos. Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, en una deidad por todos los siglos de los siglos. Amén.
  
DEPRECACIÓN DEVOTA A LA SANTÍSIMA TRINIDAD
  
. Padre Eterno, omnipotente Dios:
. Toda criatura te ame y glorifique.
. Verbo divino, inmenso Dios.
. Toda criatura te ame y glorifique.
. Espíritu Santo, infinito Dios.
. Toda criatura te ame y glorifique.
. Santísima Trinidad y un solo Dios verdadero.
. Toda criatura te ame y glorifique.
. Rey de los Cielos, inmortal e invisible.
. Toda criatura te ame y glorifique.
. Criador, conservador y gobernador de todo lo criado.
. Toda criatura te ame y glorifique.
. Vida nuestra, en quien, de quien y por quien vivimos.
. Toda criatura te ame y glorifique.
. Vida divina y una en tres personas.
. Toda criatura te ame y glorifique.
. Cielo divino de celsitud majestuosa.
. Toda criatura te ame y glorifique.
. Cielo supremo del Cielo, oculto a los hombres.
. Toda criatura te ame y glorifique.
. Sol divino e increado.
. Toda criatura te ame y glorifique.
. Círculo perfectísimo de capacidad infinita.
. Toda criatura te ame y glorifique.
. Manjar divino de los Ángeles.
. Toda criatura te ame y glorifique.
. Hermoso iris, arco de clemencia.
. Toda criatura te ame y glorifique.
. Luz primera y triduana, que al mundo ilustras.
. Toda criatura te ame y glorifique.
 
. De todo mal de alma y cuerpo.
. Líbranos, Trino Señor.
. De todos los pecados y ocasión de culpa.
. Líbranos, Trino Señor.
. De vuestra ira y enojo.
. Líbranos, Trino Señor.
. De repentina y de improvisa muerte.
. Líbranos, Trino Señor.
. De las asechanzas y cercanías del demonio.
. Líbranos, Trino Señor.
. Del espíritu de deshonestidad y de sugestión.
. Líbranos, Trino Señor.
. De la concupiscencia de la carne.
. Líbranos, Trino Señor.
. De toda ira, odio y mala voluntad.
. Líbranos, Trino Señor.
. De plagas de peste, hambre, guerra y terremoto.
. Líbranos, Trino Señor.
. De tempestades en el mar o en la tierra,
. Líbranos, Trino Señor.
. De los enemigos de la fe Católica.
. Líbranos, Trino Señor.
. De nuestros enemigos y sus maquinaciones.
. Líbranos, Trino Señor.
. De la muerte eterna,
R/. Líbranos, Trino Señor.
. Por vuestra unidad en Trinidad y Trinidad en unidad.
. Líbranos, Trino Señor.
. Por la igualdad esencial de vuestras Personas.
. Líbranos, Trino Señor.
. Por la alteza del misterio de vuestra Trinidad.
. Líbranos, Trino Señor.
. Por el inefable nombre de vuestra Trinidad.
. Líbranos, Trino Señor.
. Por lo portentoso de vuestro nombre, Uno y Trino.
. Líbranos, Trino Señor.
. Por lo mucho que os agradan las almas que son devotas de vuestra Santísima Trinidad.
. Líbranos, Trino Señor.
. Por el gran amor con que libráis de males a los pueblos donde hay algún devoto de vuestra Trinidad amable.
. Líbranos, Trino Señor.
. Por la virtud divina que en los devotos de vuestra Trinidad Santísima reconocen los demonios contra sí.
. Líbranos, Trino Señor.
 
. Nosotros pecadores.
. Te rogamos, óyenos.
. Que acertemos a resistir al demonio con las armas de la devoción a vuestra Trinidad.
. Te rogamos, óyenos.
. Que hermoseéis cada día más con los coloridos de vuestra gracia vuestra imagen, que está en nuestras almas.
. Te rogamos, óyenos.
. Que todos los fieles se esmeren en ser muy devotos de vuestra Santísima Trinidad.
. Te rogamos, óyenos.
. Que todos consigamos las muchas felicidades que están vinculadas para los devotos de esa vuestra Trinidad inefable.
. Te rogamos, óyenos.
. Que al confesar nosotros el misterio de vuestra Trinidad se destruyan los errores de los infieles.
. Te rogamos, óyenos.
. Que todas las almas del Purgatorio gocen mucho refrigerio en virtud del misterio de vuestra Trinidad.
. Te rogamos, óyenos.
  
Santo es Dios, Santo fuerte, Santo inmortal, líbranos, Señor, de todo mal. (Tres veces.)
     
OBSEQUIOS Y OFRECIMIENTOS A LA SANTÍSIMA TRINIDAD
¡Oh beatísima Trinidad!, os doy palabra de procurar con todo esfuerzo y empeño salvar mi alma, ya que la creasteis a vuestra imagen y semejanza y para el Cielo. Y también por amor vuestro procuraré salvar las almas de mis prójimos.
Para salvar mi alma y daros gloria y alabanza, sé que he de guardar la divina ley. Os doy palabra de guardarla como la niña de mis ojos, y también procuraré que los demás la guarden.
Aquí, en la tierra, me ejercitaré en alabaros, y espero que después lo haré con más perfección en el Cielo; y por esto, con frecuencia rezaré el Trisagio y el verso: Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Y también procuraré que los demás os alaben. Amén.
  
GOZOS PARA EL TRISAGIO COMPUESTOS POR EL BEATO DIEGO JOSÉ DE CÁDIZ
    
Dios Uno y Trino a quien tanto
Arcángeles, Querubines,
Ángeles y Serafines
Dicen: Santo, Santo, Santo.
 
Gózate, amable Deidad,
En tu incomprensible esencia,
Y de que por tu clemencia
Perdonas nuestra maldad;
Por esta benignidad,
En místico dulce canto,
Ángeles y Serafines
Dicen: Santo, Santo, Santo.
 
¡Oh inefable Trinidad,
Bien sumo, Eterno, Increado,
Al hombre comunicado
Por exceso de bondad!
Y porque en la eternidad
De tu ser te gozas tanto,
Ángeles y Serafines
Dicen: Santo, Santo, Santo.
  
Gózate, pues tu luz pura,
Con ser tan esclarecida,
No llega a ser comprendida
Por alguna criatura;
Por eso al ver tu hermosura,
Con sagrado horror y encanto,
Ángeles y Serafines
Dicen: Santo, Santo, Santo.
 
Eres Todopoderoso,
Sabio, Inmenso, Criador,
Justo, Remunerador,
Bueno, Misericordioso;
En tus Santos prodigioso
Has sido y eres; por tanto,
Ángeles y Serafines
Dicen: Santo, Santo, Santo.
 
Gózate de que en tu ser
Todo es sumo, todo igual;
Que perfección desigual
En Ti no puede caber;
Llegando esto a conocer
El Trisagio sacrosanto,
Ángeles y Serafines
Dicen: Santo, Santo, Santo.
 
Aunque ciega, nuestra fe
Se aventaja a la razón,
Pues con la revelación
Iluminada se ve;
Enigma es todo lo que
Ahora vemos; entretanto,
Ángeles y Serafines
Dicen: Santo, Santo, Santo.
  
Fiada nuestra esperanza
En tu promesa divina
Hacia la patria camina
Con segura confianza;
Entretanto que esto alcanza,
Con el más melifluo canto,
Ángeles y Serafines
Dicen: Santo, Santo, Santo.
  
Tu suma amable bondad
Nuestro corazón inflama,
Derivándose esta llama
De tu inmensa caridad;
Amad, criaturas, amad
A quien por amarlo tanto,
Ángeles y Serafines
Dicen: Santo, Santo, Santo.
 
Sea ya nuestro consuelo
El Trisagio que Isaías
Con suaves melodías
Oyó cantar en el Cielo,
Donde con ferviente anhelo,
Por dar al Infierno espanto,
Ángeles y Serafines
Dicen: Santo, Santo, Santo.
  
Dios Uno y Trino a quien tanto
Arcángeles, Querubines,
Ángeles y Serafines
Dicen: Santo, Santo, Santo.
  
. Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo.
. Alabémosle y ensalcémosle en todos los siglos.
  
ORACIÓN
Omnipotente y sempiterno Dios, que concediste a tus siervos el conocer la gloria de tu eterna Trinidad en la confesión de la verdadera fe y el adorar la Unidad en tu augusta Majestad; Te rogamos, Señor, que por la fuerza de esa misma fe nos veamos siempre libres de todas las adversidades. Por Cristo, Señor nuestro. Amén. (1)
    
En el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén
    
________+_______
  
(1) Por esta oración sola, indulgencia de cinco años cada vez; plenaria, al mes, con las condiciones acostumbradas, si se reza diariamente

sábado, 22 de mayo de 2021

Solemnidad de Pentecostés

 


SANTO DIA DE PENTECOSTES

Martirologio romano: Solemnidad de Pentecostés, que concluye el tiempo sagrado de los cincuenta días de Pascua y, a través de la efusión del Espíritu Santo sobre los discípulos en Jerusalén, hay una conmemoración de los comienzos de la Iglesia y el inicio de la misión de los apóstoles de predicar a todas las tribus, pueblos y naciones.




Ha llegado el momento de celebrar el santo Sacrificio. La Iglesia, llena del Espíritu Santo, va a pagar el tributo de su agradecimiento, ofreciendo la víctima que nos ha merecido tal don por su inmolación. El introito resuena con un esplendor y una melodía sin par. Raras veces se eleva el canto gregoriano a tal entusiasmo. Las palabras contienen un oráculo del libro de la Sabiduría que se cumple hoy en nosotros. Es el Espíritu que se derrama sobre la tierra y que da a los Apóstoles el don de lenguas como prenda inequívoca de su presencia.
INTROITO
El Espíritu del Señor llenó el orbe de las tierras, aleluya: y, el que lo contiene todo, tiene la ciencia de la voz, aleluya, aleluya, aleluya. — Salmo: Levántese Dios, y sean disipados sus enemigos: y huyan, los que le odiaron, de su presencia. V. Gloria al Padre.
La colecta expresa nuestros deseos en tan gran día. Nos advierte, además, que dos son los dones principales que nos trae el Espíritu Santo: el gusto por las cosas de Dios y el consuelo del corazón; pidamos que ambos permanezcan en nuestro corazón para que seamos perfectos cristianos.
COLECTA
Oh Dios, que en este día intruiste los corazones de los fieles con la ilustración del Espíritu Santo: haz que saboreemos en el mismo Espíritu las cosas rectas, y que nos alegremos siempre de su consuelo. Por el Señor., en la unidad del mismo Espíritu Santo.
EPISTOLA
Lección de los Hechos de los Apóstoles.
Al cumplirse los días de Pentecostés, estaban todos los discípulos juntos en el mismo lugar: y vino de pronto un ruido del cielo, como de viento impetuoso: y llenó toda la casa donde estaban sentados. Y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, y se sentó sobre cada uno de ellos: y fueron todos llenados del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en varias lenguas, como el Espíritu les hacía hablar. Y había entonces en Jerusalén judíos, varones religiosos, de todas las naciones que hay bajo el cielo. Y, corrida la nueva, se juntó la multitud, y se quedó confusa, porque cada cual les oía hablar en su lengua. Y se pasmaban todos, y se admiraban, diciendo: ¿No son acaso galileos todos estos que hablan? ¿Y cómo es que cada uno de nosotros les oímos en la lengua en que hemos nacido? Partos, y Medos, y Elamitas, y los que habitan en Mesopotamia, en Judea y en Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia, y en Panfilia, en Egipto y en las regiones de la Libia, que está junto a Cirene, y los extranjeros Romanos, y también los Judíos, y los Prosélitos, los Cretenses, y los Arabes: todos les hemos oído hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios.
LOS GRANDES SUCESOS DE LA HISTORIA. — Cuatro grandes sucesos señalan la existencia del linaje humano sobre la tierra, y los cuatro dan testimonio de la bondad de Dios para con nosotros. El primero es la creación del hombre y su elevación al estado sobrenatural, que le asigna por ñn último la clara visión de Dios y su posesión eterna. El segundo es la encamación del Verbo, que, al unir la naturaleza humana a la divina en la persona de Cristo, la eleva a la participación de la naturaleza divina, y nos proporciona, además, la víctima necesaria para rescatar a Adán y su descendencia de su prevaricación. El tercer suceso es la venida del Espíritu Santo, cuyo aniversario celebramos hoy. Finalmente, el cuarto es la segunda venida del Hijo de Dios, que vendrá a librar a la Iglesia su Esposa y la conducirá con El al cielo para celebrar las nupcias sin ñn. Estas cuatro operaciones de Dios, de las cuales la última aún no se ha cumplido, son la clave de la historia humana; nada hay fuera de ellas; pero el hombre animal no las ve ni piensa en ellas. "La luz brilló en medio de las tinieblas, y las tinieblas no la comprendieron".
Bendito sea, pues, el Dios de misericordia que se dignó "llamarnos de las tinieblas a la admirable luz de la fe" . Nos ha hecho hijos de esta generación "que no es de la carne y de la sangre ni de la voluntad del hombre, sino de la voluntad de Dios". Por esta gracia, he aquí que hoy estamos atentos a la tercera de las operaciones de Dios sobre el mundo, la venida del Espíritu Santo, y hemos oído el emocionante relato de su venida. Esta tempestad misteriosa, estas lenguas, este fuego, esta sagrada embriaguez nos transporta a los designios celestiales y exclamamos: "¿Tanto ha amado Dios al mundo?" Nos lo dijo Jesús mientras estaba sobre la tierra: "Sí, ciertamente, tanto amó Dios al mundo que le dió su unigénito Hijo." Hoy tenemos que conpletar y decir: "Tanto han amado el Padre y el Hijo al mundo, que le han dado su Espíritu divino." Aceptemos este don y consideremos qué es el hombre. El racionalismo y el naturalismo quieren engrandecerle esforzándose en colocarle bajo el yugo del orgullo y de la sensualidad; la fe cristiana nos exige la humildad y la renuncia; pero en pago de ello Dios se da a nosotros.
El primer verso aleluyático está compuesto por las palabras de David, en las cuales se manifiesta el Espíritu Santo como autor de una creación nueva, como el renovador de la tierra. El segundo es una oración por la cual la Iglesia pide que el Espíritu Santo descienda sobre sus hijos. Se reza siempre de rodillas.
ALELUYA
Aleluya, aleluya, V. Envía tu Espíritu, y serán creados, y renovarás la faz de la tierra.
Aleluya. (Aquí se arrodilla.) V. Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles: y enciende en ellos el fuego de tu amor. Sigue la secuencia, una pieza llena de entusiasmo a la vez que de ternura para el que viene eternamente con el Padre y con el Hijo y que establecerá su reino en nuestros corazones. Es de Anales del siglo XIII y se atribuye con bastante probabilidad a Inocencio III.
SECUENCIA
1. Ven, Espíritu Santo,
Y envía desde el cielo
Un rayo de tu luz.
2. Ven, Padre de los pobres.
Ven, dador de los dones,
Ven, luz de los corazones.
3. Optimo Consolador,
Dulce huésped del alma,
Dulce refrigerio nuestro.
4. Descanso en el trabajo.
Frescura en el estío,
En el llanto solaz. 5. ¡Oh felicísima Luz!
Llena lo más escondido.
Del corazón de tus fieles.
6. Sin tu santa inspiración,
Nada hay dentro del hombre,
Nada hay que sea puro.
7. Lava lo que está sucio,
Riega lo que está seco,
Sana lo que está herido.
8. Doma lo que es rígido,
Templa lo que está frío,
Rige lo que se ha extraviado.
9. Concede a todos tus fieles,
Que sólo en ti confían,
Tu sagrado Septenario.
10. Da de la virtud el mérito,
Da un término dichoso,
Y da el perenne gozo.
Amén. Aleluya.
EVANGELIO
Continuación del santo Evangelio según San Juan.
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Si alguien me ama, observará mis palabras, y mi Padre le amará, y vendremos a él y haremos nuestra morada cerca de él: el que no me ama, no observa mis palabras. Y, las palabras que habéis oído, no son mías, sino de Aquel que me envió, del Padre. Os he dicho esto, permaneciendo a vuestro lado. Mas el Espíritu Santo Paráclito, que enviará el Padre en nombre mío, os enseñará todo, y os sugerirá todo lo que yo os he dicho. La paz os dejo, mi paz os doy: no os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón, ni se asuste. Ya me habéis oído deciros: Voy, y vuelvo a vosotros. Si me amarais, os alegraríais ciertamente porque voy al Padre: porque el Padre es mayor que yo. Y os lo he dicho ahora, antes de que suceda: para que, cuando hubiere sucedido, creáis. Ya no hablaré mucho con vosotros. Porque viene el príncipe de este mundo, y no tiene nada en mí. Mas es para que conozca el mundo que amo al Padre, y, como me lo mandó el Padre, así obro.
LA HABITACIÓN DE LA TRINIDAD EN NUESTRA ALMA. — La venida del Espíritu Santo no interesa solamente al género humano como tal, sino que todos y cada uno de sus individuos está llamado a recibir esta visita, que en el día de hoy "renueva la faz de la tierra"
El designio misericordioso de Dios es hacer una alianza individual con todos nosotros. Jesús sólo pide de nosotros una cosa: quiere que le amemos y que guardemos su palabra. Con tal condición, El nos promete que su Padre nos amará y vendrá con El a habitar en nosotros. Pero no es esto todo. Nos anuncia, además, la venida del Espíritu Santo, el cual, por su presencia, completará la habitación de Dios en nosotros. La augusta Trinidad hará como otro cielo de esta pobre morada, esperando que seamos transportados después de esta vida a la mansión, en la cual podamos contemplar a nuestro huésped divino, Padre, Hijo y Espíritu Santo, que tanto han amado a esta creatura humana.
EL ESPÍRITU SANTO, DON DEL PADRE Y DEL HIJO. Jesús nos enseña más en este pasaje, sacado del discurso que pronunció a sus discípulos después de la Cena, que el Espíritu Santo que desciende hoy sobre nosotros es un don del Padre, pero del Padre "en nombre del Hijo"; del mismo modo que en otro lugar dice Jesucristo que "El es quien enviará al Espíritu Santo". Estos modos diferentes de expresión muestran la relación que hay entre las dos primeras personas de la Santísima Trinidad y el Espíritu Santo. Este Espíritu divino es del Padre, pero también del Hijo. El Padre le envía, pero también el Hijo le envía, porque procede de ambos como de un solo principio.
En este día de Pentecostés, nuestro agradecimiento lo mismo se ha de dirigir al Padre que al Hijo; porque el don que nos viene del cielo nos viene de ambos. Desde la eternidad engendró el Padre al Hijo, y cuando llegó la plenitud de los siglos le envió al mundo como su mediador y salvador. Desde la eternidad el Padre y el Hijo produjeron al Espíritu Santo y en la hora señalada le enviaron a la tierra para ser entre los hombres el principio de amor como lo es entre el Padre y el Hijo. Jesús nos dice que la misión del Espíritu es posterior a la del Hijo, porque convenía que los hombres fuesen iniciados en la verdad por El, que es la Sabiduría. En efecto, no habrían podido amar a quien no conocían. Pero cuando Jesús, consumada su obra y su humanidad se sentó a la diestra de Dios Padre, en unión con el Padre envía al Espíritu divino para conservar en nosotros esta palabra que es "espíritu y vida" y preparación del amor.
El ofertorio está tomado del salmo LXII, en el cual David profetiza la venida del Espíritu Santo para confirmar la obra de Jesús. El Cenáculo extingue todos los resplandores del templo de Jerusalén: en adelante no habrá más que Iglesia católica que no tardará en recibir en su seno a los reyes y a los pueblos.
OFERTORIO
Confirma, oh Dios, esto que has obrado en nosotros: en tu templo, que está en Jerusalén, te ofrecerán dones los reyes, aleluya.
En presencia de los dones que va a ofrecer y que descansan sobre el altar, la Iglesia pide en la Secreta que la venida del Espíritu Santo sea para los fieles un fuego que limpie sus manchas y una luz que ilumine su espíritu con entendimiento más perfecto de las enseñanzas del Hijo de Dios.
SECRETA
Suplicárnoste, Señor, santifiques los dones ofrecidos: y purifica nuestros corazones con la iluminación del Espíritu Santo. Por el Señor... en la unidad del mismo Espíritu Santo.
PREFACIO
Es verdaderamente digno y justo, equitativo y saludable que, siempre y en todo lugar, te demos gracias a ti. Señor santo. Padre omnipotente, eterno Dios: por Cristo, nuestro Señor. El cual, ascendiendo sobre todos los cielos, y sentándose a tu derecha, derramó (este día) sobre los hijos de adopción el Espíritu Santo prometido. Por lo cual, todo el mundo, esparcido por el orbe de las tierras, se alegra con profuso gozo. Y también las celestiales Virtudes, y las angélicas Potestades, cantan el himno de tu gloria, diciendo sin cesar: ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo!
La antífona de la comunión celebra el momento de la venida del Espíritu Santo. Jesús se ha dado a sus fieles como alimento en la Eucaristía, pero el Espíritu les ha preparado tal favor, y ha cambiado el pan y el vino en el cuerpo y la sangre de la sagrada víctima. El también les ayudará a conservar en ellos el alimento que guarda las almas para la vida eterna.
COMUNION
Vino de pronto un ruido del cielo, como de viento impetuoso, donde estaban sentados, aleluya: y fueron todos llenados del Espíritu Santo, hablando las maravillas: de Dios, aleluya, aleluya.
Ahora que la Iglesia posee a su divino Esposo, le pide en la poscomunión que el Espíritu Santo permanezca en el alma de sus fieles, y al mismo tiempo nos revela una de las prerrogativas del Espíritu Santo, quien, encontrando áridas e incapaces de fructificar a nuestras almas, se transforma en rocío para fecundarlas.
POSCOMUNION
Haz, Señor, que la infusión del Espíritu Santo purifique nuestros corazones y los fecunde con la íntima aspersión de su rocío. Por el Señor... en la unidad del mismo Espíritu Santo.
POR LA TARDE
INAUGURACION DE LOS SACRAMENTOS
El gran día avanza en su carrera, y llenos del Espíritu Santo, como lo hemos sido en la hora de Tercia, no podemos hacernos extraños a los sucesos de Jerusalén. El fuego que inundaba el corazón de los Apóstoles se ha comunicado a la muchedumbre.
El pesar de haber crucificado al "Señor de la gloria" ha domado el orgullo de estos judíos que acompañaron a Jesús en el camino del dolor, insultándole y maldiciéndole. ¿Qué les falta para ser cristianos? Conocer y creer, después ser bautizados. De en medio del torbellino del Espíritu Santo que les rodea, resuena la voz de Pedro y de sus hermanos: "El que fué crucificado y que resucitó de entre los muertos es el propio Hijo de Dios engendrado eternamente del Padre; el Espíritu que se manifiesta en este momento es la tercera persona de la única y divina esencia." El misterio de la Trinidad, de la Encarnación, de la Resurrección, resplandece ante los ojos de estos discípulos de Moisés;- las sombras desaparecen para dar lugar al día clarísimo de la nueva alianza.
Ya ha llegado el día en que se cumpla la predicción de San Juan Bautista pronunciada a las orillas del Jordán y de la cual muchos se acuerdan: "Entre vosotros hay uno a quien vosotros no conocéis, de quien no soy digno de desatar la correa de su sandalia. Yo os bautizo en agua, El os bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego"
Con todo eso, este bautismo de fuego debe administrarse por el agua. El Espíritu, que es fuego, obra por el agua, pues él mismo se ha llamado "fuente de agua viva". El profeta Ezequiel había saludado de lejos este momento solemne cuando expresaba de este modo el oráculo divino: "He aquí que derramaré sobre vosotros agua pura y os limpiaré todas vuestras manchas y seréis purificados de todos vuestros ídolos. Y os daré un corazón nuevo y pondré en medio de vosotros un nuevo espíritu. Y quitaré de vuestro pecho ese corazón de piedra y os daré un corazón de carne. Colocaré mi espíritu en medio de vosotros, y os haré ir por la senda de mis mandamientos, y vosotros guardaréis mi ley; y seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios". '
EL BAUTISMO. — La profecía era manifiesta y la -hora en la cual venía el Espíritu era la misma en la que el agua iba a manar. Hemos visto en Epifanía cómo este elemento sobre el cual se cernía el Espíritu divino al principio del mundo recibe contacto con la carne del Hijo de Dios y cómo la paloma une su acción santificante a la del Hijo de Dios. Después hemos visto cómo la mano del Pontífice introducía en la fuente bautismal el sábado santo un cirio encendido, figura de Cristo, y oímos esta oración: "Descienda sobre esta fuente el poder y la gracia del Espíritu Santo." Hoy la fuente purificadora extiende sus aguas sobre Jerusalén; la mano de Pedro y sus hermanos sumergen en este elemento sagrado a los hijos de Israel y tres mil son regenerados en estas aguas y hechos cristianos. ¡Qué hermosos son estos nuestros padres en la fe, en quienes veneramos las primicias del cristianismo! Más hermosos que los tres Magos que vimos bajar gozosos de sus camellos y penetrar en el establo para depositar a los pies del Rey de los judíos las místicas ofrendas de Oriente. Ahora se cumplen todos los misterios; nosotros hemos sido redimidos, Jesús está sentado a la diestra del Padre, el Espíritu Santo enviado por El acaba de llegar para quedarse con nosotros hasta el fin de los siglos. He aquí porqué se abren las fuentes de los Sacramentos. En este momento el Espíritu del Padre y del Hijo ha levantado el primero de los sellos y el agua bautismal corre abundante para no cesar hasta que haya regenerado al último de los cristianos que pase por la tierra.
LA CONFIRMACIÓN. — El Espíritu divino es el "don del Altísimo"; los Apóstoles poseen este don; pero no lo deben retener sólo para ellos. Se abre otro sello y la Confirmación comunica a los neófitos el Espíritu Santo que ha bajado al Cenáculo. Por el poder que les ha sido dado» Pedro y sus hermanos, pontífices de la nueva alianza, comunican a estos hombres, por medio del Espíritu Santo, la fortaleza que necesitarán para confesar a Jesús, cuyos miembros serán para siempre.
LA MISA Y LA EUCARISTÍA.—Pero los recién nacidos a la gracia no están divinizados bastante, aunque están ya marcados con un doble carácter; les falta recibir a Cristo, que instituyó los sacramentos, mediador y redentor que ha unido Dios a los hombres. Tiene que levantarse un tercer sello, para que, actuando el nuevo sacerdocio por vez primera por los Apóstoles, produzca a Jesús, Pan de vida, para que esta multitud hambrienta guste de este maná, que alimenta no sólo el cuerpo como el del desierto, "sino que da la vida al mundo"'. El; Cenáculo, perfumado aún con el recuerdo de lo que hizo Cristo la víspera de su Pasión, vuelve a presenciar el prodigio de que fué testigo. Rodeado de sus hermanos, Pedro pronuncia las palabras divinas que aún no habían pronunciado sus labios, y el Espíritu de amor produce entre sus manos el cuerpo y la sangre de Cristo. Se ha inaugurado el nuevo Sacrificio, que no cesará de ofrecerse todos los días hasta el fin del mundo. Los neófitos se acercan para recibir de manos de los Apóstoles el sagrado alimento que consuma su unión con Dios, por medio de Jesús pontífice eterno según el orden de Melquisedec.
MARÍA EN EL CENÁCULO. — Pero no olvidemos que, en este primer sacrificio ofrecido por Pedro asistido por sus compañeros en el apostolado, también participa María de esta carne sagrada que ha tomado el ser en su seno virginal. Abrasada por el fuego del Espíritu Santo que había venido a confirmar en ella la maternidad para con los hombres que Jesús la había confiado en la cruz, se une en el misterio de amor a su Hijo amado que se ha ido al cielo y la ha encargado el cuidado de la Iglesia naciente. En adelante le recibirá todos los días hasta que también ella vaya al cielo para gozar eternamente de su vista, prodigarle sus caricias y recibir las suyas.
Qué dicha la de los neófitos que merecieron acercarse a tal reina, la Virgen Madre, a quien habia sido dado el llevar en su seno castísimo al que era la esperanza de Israel. Contemplaron el rostro de la nueva Eva, oyeron su voz y experimentaron la confianza filial que inspira a los discípulos de Jesús. En otra época nos hablará la Iglesia de estos afortunados neófitos; no hacemos aquí más que recordar su dicha para demostrar cuán grande fué este día que vió el comienzo de la Iglesia. La jerarquía eclesiástica queda constituida en Pedro, Vicario de Cristo, en los Apóstoles y demás discípulos escogidos por Jesús. La semilla de la palabra divina fué echada en buena tierra, el agua bautismal regeneró lo más escogido de Israel, el Espíritu se les comunicó con su fortaleza, el Verbo les alimentó con su carne, que es verdadera comida, y con su sangre, que es verdadera bebida, y María les recibió en sus brazos maternales cuando acababan de nacer.

Vigilia de Pentecostés

 


SÁBADO, VIGILIA DE PENTECOSTÉS 

Año Litúrgico - Dom Prospero Gueranger



ESPERA DEL ESPIRITU SANTO
La luz deslumbradora de la solemnidad de mañana ilumina ya este día. Los ñeles se disponen con el ayuno a celebrar dignamente el misterio; pero, como en la Vigilia Pascual, la misa de los neófitos, que entonces se celebraba por la noche, ahora se ha anticipado; por eso desde antes de mediodía la alabanza del Espíritu Santo, cuya efusión está tan cercana, ha resonado en toda Iglesia que tenga pila bautismal. Por la tarde, el oficio de Vísperas da comienzo a la augusta solemnidad. El Reino del Espíritu divino está, pues, proclamado desde hoy por la Liturgia. Unámonos a los pensamientos y sentimientos de los habitantes del Cenáculo, donde está a punto de ser cumplida nuestra esperanza.
LA CREACIÓN — En toda esta serie de misterios que hemos visto deslizarse hasta aquí en el curso del Año litúrgico, hemos presentido con frecuencia la acción de la tercera persona de la Santísima Trinidad. Las lecturas de los libros Sagrados, tanto del Antiguo como del Nuevo testamento, han llamado más de una vez nuestra atención respetuosa hacia este Espíritu divino que parecía rodearse de misterio, como si aún no hubiese llegado el tiempo de su manifestación. Las operaciones de Dios en las creaturas son sucesivas; pero llegan infaliblemente a su tiempo. El historiador sagrado, en la relación de la creación, nos muestra al Espíritu Santo flotando sobre las aguas y fecundándolas silenciosamente, esperando su separación de la tierra que inundaban.
PREPARACIÓN DE LA ENCARNACIÓN. — Aunque el Reino patente del Espíritu Santo sobre el mundo se ha diferido hasta el establecimiento del Hijo de Dios sobre su eterno trono, no vayamos a creer por eso que el Espíritu divino ha permanecido inactivo hasta ahora. Todas las Sagradas Escrituras, de las que hemos hallado tantos fragmentos en la liturgia, ¿qué son sino la obra oculta de aquel que, como nos dice el Símbolo, "ha hablado por los Profetas"? (Qui locutus est per Propfetas. Símbolo de Nlcea. — Constantinopla). Era quien nos daba el Verbo, Sabiduría de Dios, por medio de la Escritura, como más tarde debía dárnoslo en la carne de la humanidad.
No ha estado ocioso ni un solo momento en la duración de los siglos. Preparaba el mundo para el reino del Verbo encarnado, juntando y mezclando las razas, produciendo esta expectativa universal que se extendió desde los pueblos más bárbaros hasta las naciones más avanzadas en la civilización. No se había dado a conocer aún a la tierra, pero se cernía con amor sobre la humanidad, como se había cernido al principio sobre las aguas mudas e insensibles.
LA ENCARNACIÓN.— Esperando su venida, los profetas le anunciaban en los mismos oráculos, donde predecían la llegada del Hijo de Dios. El Señor decía por boca de Joél: "Yo esparciré mi Espíritu sobre toda carne" '. En otra ocasión se anunciaba así por la voz de Ezequiel: "Yo derramaré sobre vosotros un agua pura, y seréis purificados de todas vuestras manchas, y os purificaré de todos vuestros ídolos. Y os daré un corazón nuevo, y colocaré en medio de vosotros un nuevo espíritu; y os arrancaré el corazón de piedra que está en vuestra carne, y os daré un corazón de carne, y colocaré en medio de vosotros un Espíritu que es el mío".
Pero antes de su propia manifestación, el Espíritu Santo había de obrar directamente para la del Verbo divino. Cuando el poder creador hizo salir de la nada el cuerpo y el alma de la futura madre de un Dios, preparó la morada de la soberana majestad, santificando a María desde el primer instante de su Concepción y tomando posesión de ella como de un templo donde el Hijo de Dios se dignaría descender. En el momento de la Anunciación, el Arcángel declaró a la Virgen que el Espíritu Santo iba a venir sobre ella y que la virtud, del Altísimo iba a cubrirla con su sombra. Apenas la Virgen pronunció su consentimiento, cuando la operación del Espíritu Santo produjo en ella el más inefable de sus misterios: el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros. Sobre esta flor nacida en la rama que retoñó del tronco de Jessé, sobre esta humanidad producida divinamente en María, el Espíritu del Padre y del Hijo, reposa con amor, la colma de sus dones y la adapta a su fin glorioso y eterno '. El que había dotado a la Madre de tantos tesoros de gracia, sobrepasa en su Hijo de una manera inconmensurable la medida que parecía ya próxima de lo infinito. Y todas estas maravillas las obra en silencio como siempre; porque la hora en que debe brillar su venida no ha llegado todavía. La tierra no hará sino entreverlo, el día en que sobre el cauce del Jordán, a cuyas aguas descendió Jesús, extenderá sus alas y vendrá a posarse sobre la cabeza de este Hijo muy amado del Padre. Juan advierte el misterio del mismo modo que, antes de nacer, había sentido en el seno de María el fruto bendito que habitaba en ella; pero los hombres no vieron más que una paloma, y la paloma no reveló los secretos de la eternidad.
El Reino del Hijo de Dios se asienta sobre sus fundamentos predestinados. Tenemos en él a nuestro hermano, porque ha tomado nuestra carne con sus enfermedades; tenemos en él nuestro doctor, porque es la sabiduría del Padre y porque con sus lecciones nos inicia en toda verdad; en él tenemos nuestro médico, porque nos cura todas nuestras flaquezas y enfermedades; en él tenemos nuestro mediador, porque hace volver en su santa humanidad a toda la creación a su autor; tenemos en él nuestro reparador y en su sangre nuestro rescate: porque el pecado del hombre había roto el lazo entre Dios y nosotros y nos hacía falta un redentor divino; tenemos en él un jefe que no se sonroja de sus miembros por humildes que sean, un rey que acabamos de ver coronar para siempre y un Señor a quien el Señor hace sentar a su diestra.
LA IGLESIA. — Pero si para siempre nos gobierna, ahora lo hace desde lo alto de los cielos, hasta el momento en que aparezca de nuevo para quebrantar contra la tierra la cabeza de los pecadores, cuando clame la voz del Angel: "Ya no hay más tiempo". Pero esperando esta venida se deben pasar muchos siglos, y estos siglos han sido destinados ai imperio del Espíritu Santo: "Pero no se podía dar el Espíritu Santo—dice San Juan—mientras Jesús no hubiese sido glorificado". El misterio de la Ascensión forma, pues, el límite entre los dos reinados divinos aquí abajo: el reino visible del Hijo de Dios y el reino visible del Espíritu Santo. Con el fin de unirlos y preparar su sucesión no sólo son profetas mortales los que hablan, sino también el mismo Emmanuel, durante su vida mortal, se hizo el heraldo del reino próximo del Espíritu.
¿No le oímos decir: "Os es más provechoso que yo me vaya; porque si no me marchase, no vendría a vosotros el Paráclito"? 2 El mundo tiene, pues, gran necesidad de este huésped divino, del que se hace precursor el mismo Hijo de Dios. Y a fin de que conociésemos cuál es la majestad de este nuevo dueño que va a reinar sobre nosotros, nos declara Jesús la gravedad de los castigos que caerán sobre quienes le ofendan. "Quienquiera que haya proferido alguna palabra contra el Hijo—dice-—será perdonado; pero el que haya pronunciado esta palabra contra el Espíritu Santo, no obtendrá perdón, ni en este mundo ni en el otro"3. Sin embargo, este Espíritu no tomará la naturaleza humana como el Hijo; no trabajará por rescatar el mundo, como lo rescató el Hijo, sino que vendrá con un amor tan grande que no se podrá despreciarle impunemente. A él confiará Jesús la Iglesia su Esposa durante los largos siglos que ha de durar su viudez, a él confiará su obra para que la mantenga y la dirija en todo.
DISPOSICIONES PARA RECIBIR EL ESPÍRITU SANTO. — Nosotros, pues, los llamados a recibir dentro de pocas horas la efusión del Espíritu de amor que viene a "renovar la faz de la tierra", estemos atentos como lo estuvimos en Belén en los momentos que precedieron al nacimiento del Emmanuel. El Verbo y el Espíritu Santo son iguales en gloria y en poder y su venida a la tierra procede del mismo decreto eterno y pacífico de la Santísima Trinidad, que determinó, por esta doble visita, "hacernos participantes de la naturaleza divina". Nosotros, hijos de la nada, somos llamados a llegar a ser, por la operación del Verbo y del Espíritu, hijos del Padre celestial. Ahora, si deseamos saber cómo debe prepararse el alma fiel a la venida del Paráclito divino, volvamos mentalmente al Cenáculo, donde dejamos juntos a los discípulos, perseverando en la oración, según la orden del Maestro, y esperando que la Virtud de lo alto descienda sobre ellos y les cubra como una armadura para los combates que han de sostener.
NUESTRA SEÑORA EN EL CENÁCULO. — En este asilo de. recogimiento y de paz, nuestros ojos buscan respetuosamente en seguida a María, madre de Jesús, obra maestra del Espíritu Santo, Iglesia del Dios vivo, de la que mañana saldrá, como del seno de una madre, por la acción del mismo Espíritu, la Iglesia militante que esta nueva Eva representa y contiene aún en sí. ¿No tiene derecho en estos momentos a recibir todos nuestros homenajes esta creatura incomparable, a quien hemos visto asociada a todos los misterios del Hijo de Dios y que muy pronto va a ser el objeto más digno de la visita del Espíritu Santo? Te saludamos, María llena de gracia, nosotros, los que estamos todavía encerrados en ti y gustamos la alegría en tu seno materno. ¿No ha hablado para nosotros la Iglesia en la Liturgia al comentar a gloria tuya el cántico de tu ascendiente David?. En vano tu humildad pretende sustraerse a los honores que mañana te esperan. Creatura inmaculada, templo del Espíritu Santo, es necesario que este Espíritu se te comunique de un modo nuevo; porque una nueva obra te espera, y la tierra debe poseerte todavía.
LOS APÓSTOLES. — Alrededor de María se ha unido el colegio apostólico, contemplando con arrobamiento a aquella cuyos rasgos augustos le recuerdan al Señor ausente. Los días precedentes ha tenido lugar un grave acontecimiento a los ojos de María y de los hombres en el Cenáculo. Lo mismo que para establecer el pueblo de Israel, Dios había escogido doce hijos de Jacob como fundamentos de esta raza privilegiada, Jesús se había escogido doce hombres de este mismo pueblo para que fuesen las bases del edificio de la Iglesia cristiana, cuya piedra angular es él y Pedro con él y en él. La caída de Judas había reducido a once los escogidos por la elección divina; ya no existía el número sagrado y el Espíritu Santo estaba para descender de un momento a otro sobre el colegio apostólico. Antes de subir al cielo, no había juzgado Jesús a propósito hacer él mismo la elección de sucesor del discípulo caído. Pero era preciso se completase el número sagrado antes de la efusión de la Virtud de lo alto. La Iglesia no debía envidiar en nada a la Sinagoga. ¿Quién cumpliría el oficio del Hijo de Dios en la designación de un Apóstol? Tal derecho no podía pertenecer sino a Pedro, nos dice San Juan Crisóstomo; pero en su modestia declinó el honor, no queriendo acordarse más que de la humildad '. Una elección siguió al discurso de Pedro y Matías, juntado a los otros Apóstoles, completó el número misterioso, y esperó con ellos la venida prometida del Consolador.
LOS DISCÍPULOS. — En el Cenáculo, a los ojos de María, se reunieron también los discípulos que, sin haber tenido el honor de haber sido elegidos Apóstoles, fueron, sin embargo, testigos de las obras y los misterios del Hombre-Dios; fueron puestos aparte y reservados para la predicación de la buena nueva. Magdalena y las otras santas mujeres esperan con el recogimiento que les prescribió el Maestro, esta visita de lo alto, cuyo poder van a experimentar muy pronto. Rindamos nuestros homenajes a esta santa asamblea, a esos ciento veinte discípulos que se nos dieron por modelos en esta importante circunstancia; porque el Espíritu Santo ha de venir en seguida a ellos; son sus primicias. Más tarde descenderá también sobre nosotros, y con el fin de prepararnos a su venida, la Iglesia nos impone hoy el ayuno.
LA LITURGIA DE ESTE DÍA. — En la antigüedad este día se parecía a la Vigilia Pascual. Al atardecer los fieles se recogían en la iglesia para tomar parte en la solemnidad de la administración del bautismo. La noche siguiente se confería a los catecúmenos el sacramento de la regeneración, a quienes la ausencia o la enfermedad habían impedido juntarse a los otros la noche de Pascua. También contribuían a formar del grupo de los aspirantes al nuevo nacimiento que se toma en la fuente sagrada aquellos a quienes no se consideró suficientemente probados todavía, o cuya instrucción no pareció bastante completa, pero ahora se juzgaba que estaban en disposición de dar satisfacción a las justas exigencias de la Iglesia. En lugar de las doce profecías que se leían en la noche de Pascua, mientras los sacerdotes cumplían con los catecúmenos los ritos preparatorios al Bautismo, no se leen ordinariamente más que seis; lo que nos lleva a pensar que el número de los bautizados la noche de Pentecostés era menos considerable.
El cirio pascual volvía a aparecer esta noche de gracia, con el fin de inculcar a los nuevos reclutas de la Iglesia el respeto y amor para con el Hijo de Dios, que se hizo hombre para ser "la luz del mundo"Todos los ritos que hemos detallado y explicado el Sábado Santo se celebraban en esta nueva ocasión, en que aparecía la fecundidad de la Iglesia; el Santo sacrificio, del cual tomaban parte los neófitos, comenzaba antes de rayar el alba.
En el rodar de los tiempos, la costumbre de conferir el bautismo a los niños poco después de su nacimiento, al tomar fuerza de ley, ha anticipado la Misa bautismal a la mañana del Sábado de la Vigilia de Pentecostés, como sucede con la Vigilia de Pascua. Antes de la celebración del Sacrificio se leen seis profecías de las que hemos hablado hace poco; después tiene lugar la solemne bendición de las aguas bautismales. El cirio pascual vuelve a aparecer en esta función, a la que falta con frecuencia la asistencia de los fieles.



CONSAGRACIÓN DE LA FAMILIA AL ESPÍRITU SANTO

¡Oh Dios Espíritu Santo! Postrados ante tu divina majestad, venimos a consagrarnos a Ti con todo lo que somos y tenemos.

Por un acto de la omnipotencia del Padre hemos sido creados, por gracia del Hijo hemos sido redimidos, y por tu inefable amor has venido a nuestras almas para santificarnos, comunicándonos tu misma vida divina.

Desde el día de nuestro bautismo has tomado posesión de cada uno de nosotros, transformándonos en templos vivos donde Tú moras juntamente con el Padre y el Hijo; y el día de la Confirmación fue la Pentecostés en que descendiste a nuestros corazones con la plenitud de tus dones, pera que viviéramos una vida íntegramente cristiana.

Permanece entre nosotros para presidir nuestras reuniones; santifica nuestras alegrías y endulza nuestros pesares; ilumina nuestras mentes con los dones de la sabiduría, del entendimiento y de la ciencia; en horas de confusión y de dudas asístenos con el don del consejo; para no desmayar en la lucha y el trabajo concédenos tu fortaleza; que toda nuestra vida religiosa y familiar esté impregnada de tu espíritu de piedad; y que a todos nos mueva un temor santo y filial para no ofenderte a Ti que eres la santidad misma.

Asistidos en todo momento por tus dones y gracias, queremos llevar una vida santa en tu presencia.
Por eso hoy te hacemos entrega de nuestra familia y de cada uno de nosotros por el tiempo y la eternidad. Te consagramos nuestras almas y nuestros cuerpos, nuestros bienes materiales y espirituales, para que Tú sólo dispongas de nosotros y de lo nuestro según tu beneplácito. Sólo te pedimos la gracia que después de haberte glorificado en la tierra, pueda toda nuestra familia alabarte en el cielo, donde con el Padre y el Hijo vives y reinas por los siglos de los siglos.

Así sea.
 
 
ENTREGA AL ESPÍRITU SANTO
implorando sus dones y frutos


Espíritu Santo, Dios eterno, cuya gloria llena los cielos y la tierra, heme aquí postrado humildemente en tu presencia. Te ofrezco y te hago entrega de mi cuerpo y de mi alma. Adoro el resplandor de tu pureza, de tu justicia inmutable y del poder de tu amor.

No permitas que te ofenda o resista a las inspiraciones de tu gracia; antes bien dirige mi entendimiento, a fin de que escuche dócilmente la voz de tus inspiraciones y las siga, hallando en tu misericordia un amparo contra mi debilidad.

Espíritu de Sabiduría, domina todos mis pensamientos, palabras y obras.
Espíritu de Entendimiento, ilumíname e instrúyeme.
Espíritu de Consejo, guíame en mi inexperiencia.
Espíritu de Ciencia, ahuyenta mi ignorancia.
Espíritu de Fortaleza, hazme perseverante en el servicio de Dios; dame fuerzas para proceder en todo con bondad y benevolencia, con mansedumbre y sinceridad, con paciencia y caridad, con alegría y longanimidad.
Espíritu de Piedad, hazme afectuoso y filial en mis relaciones con Dios.
Espíritu del Santo Temor de Dios, líbrame de todo mal.
Espíritu de Paz, dame tu paz.
Espíritu de Santidad, adorna con las celestiales virtudes de pureza y modestia el templo que has elegido por tu morada y preserva siempre mi alma, con tu gracia omnipotente, de la ruina del pecado. Así sea.



Veni, Sancte Spiritus, reple tuorum corda fidelium: et tui amoris in eis ignem accende.
V. Emitte Spiritum tuum, et creabuntur.
R. Et renovabis faciem terrae.
Oremus. Deus, qui corda fidelium Sancti Spiritus illustratione docuisti: da nobis in eodem Spiritu recta sapere; et de eius semper consolatione gaudere. Per Christum Dominum nostrum.

Amen.

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