R. Señor, danos sacerdotes santos.
V. Para que nos acompañen a la hora de nuestra muerte, y ofrezcan la Santa Misa por nosotros



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miércoles, 30 de noviembre de 2022

30 de noviembre: San Andrés Apóstol

 EL AÑO LITÚRGICO – Dom Prospero Gueranger, Abad de Solesmes


Colocamos a San Andrés al principio del Propio de Santos de Adviento, porque, aunque su fiesta cae con frecuencia antes del comienzo del mismo; a veces ocurre que, al celebrar la Iglesia la memoria de este gran Apóstol, ya ha comenzado este santo tiempo. Está, pues, destinada esta fiesta a cerrar anualmente con toda solemnidad el ciclo litúrgico que se extingue, o bien a brillar a la cabeza del nuevo que comienza. En efecto, convenía que el Año cristiano comenzase y terminase por la Cruz; ella nos merece el nuevo año que la misericordia divina tiene a bien otorgarnos; y ella aparecerá el último día sobre las nubes del cielo, como un sello puesto al tiempo.

Decimos esto, porque deben saber todos los fieles que San Andrés es el Apóstol de la Cruz. A Pedro dió Jesucristo la firmeza en la Fe; a Juan, la ternura del Amor; Andrés es el encargado de representar la Cruz del divino Maestro. Pues bien, la Iglesia se hace digna de su Esposo, con ayuda de estas tres cosas, Fe, Amor y Cruz: todo en ella respira este triple carácter. Es la razón de que San Andrés, después de los dos Apóstoles que acabamos de nombrar, sea objeto de una especial veneración en la Liturgia.

Pero, examinemos la vida de este heroico pescador del lago de Genesaret, destinado a ser más tarde sucesor del mismo Cristo, y compañero de Pedro en el madero de la Cruz. La Iglesia la ha tomado de las antiguas Actas del Martirio del santo Apóstol.

Vida.— Andrés, Apóstol, natural de Betsaida, villa de Galilea, era hermano de Pedro, y discípulo de San Juan. Habiendo oído a éste decir de Cristo: ¡He ahí el Cordero de Dios!, siguió a Jesús y le llevó a su hermano. Más tarde, cuando pescaba con su hermano en el mar de Galilea, fueron llamados los dos, antes que los demás Apóstoles, por el Señor, el cual al pasar a su lado les dijo: Seguidme: yo os haré pescadores de hombres. Y ellos, dejando inmediatamente sus redes, le siguieron.

Después de la Pasión y de la Resurrección, Andrés predicó la fe de Cristo en la provincia que le había caído en suerte, la Escitia de Europa: luego recorrió el Epiro y Tracia, y con su predicación y milagros convirtió a una inmensa muchedumbre. En Patras, ciudad de Acaya, hizo abrazar la fe del Evangelio a mucha gente y no temió reprender con valentía al procónsul Egeas, que resistía a la predicación evangélica, echándole en cara que pretendía ser juez de los hombres, mientras los demonios se burlaban de él, hasta el extremo de hacerle despreciar a Cristo Dios, Juez de todos los hombres.

Irritado Egeas le dijo: Cesa de alabar a ese tu Cristo, que no supo librarse de ser crucificado por los Judíos. Mas, como Andrés continuase predicando valientemente que, Jesucristo se había ofrecido espontáneamente a la Cruz por la salvación del género humano, Egeas le interrumpe con un impío discurso, advirtiéndole que mire por su vida, sacrificando a los dioses. Andrés le contesta: Existe para mí un Dios omnipotente, al cual sacrifico todos los días, no carne de toros, ni sangre de machos cabríos, sino el Cordero inmaculado, sobre el altar verdadero; y todo el pueblo participa de su carne, y el Cordero sacrificado queda entero y lleno de vida. Entonces Egeas, rojo de ira, le hace arrojar a la prisión. Fácilmente le hubiera sacado de allí el pueblo, si él no hubiera apaciguado a las turbas, suplicándolas ardientemente que no le estorbasen conseguir la corona del martirio.

Habiendo sido conducido poco después ante el tribunal y ensalzando todavía el misterio de la Cruz y reprendiendo al Procónsul su impiedad. Egeas, exacerbado, mandó que se le crucificase, para que Imitara la muerte de Cristo. Fué entonces, cuando al llesar al luerar de su martirio, y al ver la cruz, exclamó desde lelos: iOh buena Cruz!, que has derivado tu gloria de los miembros del Salvador. Cruz durante mucho tiempo deseada, ardientemente amada, buscada sin descanso, y preparada por fin a mis ardientes deseos, apártame de los hombres y devuélveme a mi Señor, para aue por ti me reciba el que por ti me redimió. Fué, pués, atado a la cruz, en la aue permaneció dos días, sin cesar de predicar la fe de Jesucristo, pasando luesro a unirse con Aauel a quien había deseado Imitar en la muerte. Los sacerdotes y diáconos de Acava, que escribieron su Pasión, dan testimonio de que vieron y overon todas estas cosas tal como las cuentan. Sus restos fueron transportados primeramente a Constantinopla en tiempo del emperador Constancio y lueero a Amalfl. Su cabeza, llevada a Roma en el pontificado de Pío II, fué colocada en la Basílica de San Pedro.

Dirijámonos ahora en unión con la Iglesia a este santo Apóstol, cuyo nombre y memoria son la gloria de este día; honrémosle, y pidámosle la ayuda que necesitamos.

Eres tú ¡oh bienaventurado Andrés! el primero que encontramos en este místico camino del Adviento por el que vamos buscando a nuestro divino Salvador Jesucristo; damos gracias a Dios por habernos proporcionado este encuentro. Para cuando nuestro Mesías, Jesús, se reveló al mundo, habías tú ya oído con docilidad al santo Precursor que anunciaba su próxima venida, siendo tú uno de los primeros en reconocer en el hijo de María, al Mesías prometido por la Ley y los Profetas. Mas, no supiste quedar confidente único de tan maravilloso secreto, e Inmediatamente participaste la Buena Nueva a tu hermano Pedro, y le llevaste a Jesús.

¡Oh santo Apóstol! también nosotros suspiramos por el Mesías, Salvador de nuestras almas; dígnate conducirnos a él, pues tú le has hallado. Bajo tu amparo nos colocamos, en este santo tiempo de espera y preparación, que nos queda por recorrer, hasta el día en que aparezca ese tan ansiado Salvador en el misterio de su maravilloso Nacimiento. El bautismo de penitencia te preparó a ti para recibir la insigne gracia de llegar a conocer al Verbo de vida; alcanza para nosotros el don de una verdadera penitencia y pureza de corazón, durante este santo tiempo, para que podamos contemplar con nuestros ojos a Aquel que dijo: Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

¡Oh glorioso Andrés! eres poderoso para llevar las almas a Jesús, pues por ti fué presentado al Mesías, aquel a quien el Señor iba a confiar el cuidado de todo su rebaño. No hay duda que, al llamarte a sí el Señor en este día, quiso asegurar tu intercesión a los cristianos que buscan de nuevo todos los años, a Aquel en el que tu vives ya para siempre; a los fieles que acuden a preguntarte por el camino que a él conduce.

Tú nos enseñas ese camino, que no es otro que el de la fidelidad, el de la fidelidad hasta la Cruz. Por él marchaste tú valerosamente; y como la Cruz conduce a Jesucristo, amaste la Cruz con verdadera pasión. Ruega ¡oh santo Apóstol! para que comprendamos ese amor, y para que después de haberlo comprendido lo pongamos por obra. Tu hermano nos dice en su Epístola: Puesto que Cristo sufrió en su carne armáos, hermanos míos, con ese pensamiento. (I S. Pedro, IV, 1.) En el día de hoy nos ofreces oh bienaventurado Andrés, el comentario vivo de esa máxima. Por haber sido crucificado tu Maestro, tú también quisiste serlo. Ruega, pues, desde lo alto del trono a que has sido elevado por la Cruz, ruega para que ella sea para nosotros expiación de los pecados que nos cubren, extinción de las llamas mundanas que nos sofocan, y finalmente, el medio de unirnos por amor, a Aquel que sólo por amor se clavó en ella.

Pero, por muy importantes y preciosas que sean para nosotros las lecciones de la Cruz, acuérdate oh gran Apóstol que la cruz es la consumación, no el principio. Antes debemos conocer y amar al Dios niño, al Dios del pesebre; es al Cordero de Dios, señalado por San Juan, es a ese Cordero a quien deseamos contemplar. Estamos en el tiempo de Adviento, no en el de la acerba Pasión del Redentor. Fortifica, pues, nuestro corazón para el día de la lucha; pero, ahora despiértalo a la compunción y a la ternura. Bajo tu amparo colocamos la gran obra de nuestra preparación a la venida de Cristo a nuestros corazones.

Acuérdate también, bienaventurado Andrés, de la Santa Iglesia de la que fuiste una de sus columnas, y que regaste con tu sangre; eleva, en su favor, tus poderosos brazos ante Aquel por quien ella pelea sin descanso. Pide para que se le alivie la Cruz que lleva consigo a través de este mundo, ruega también para que la ame, y sepa sacar de ella su fortaleza y su verdadero honor.

Acuérdate, sobre todo de la Santa Iglesia Ro mana, Madre y Señora de todas las demás, obtén para ella la victoria y la paz por medio de la Cruz, en pago del tierno amor que te demuestra. Visita de nuevo como Apóstol a la Iglesia de Constantinopla, que ha perdido con la unidad la luz verdadera, por no haber querido someterse a Pedro, tu hermano, a quien tú reconociste como Jefe por amor de vuestro común Maestro. Finalmente, ruega por el reino de Escocia que desde hace cuatro siglos ha olvidado tu dulce tutela; haz que se abrevien los días del error, y que esa mitad de la Isla de los Santos, vuelva cuanto antes, con la otra, a someterse al cayado del único Pastor.

☆ミFᴇʟíᴢ ғɪᴇsᴛᴀ ᴅᴇ Sᴀɴ Aɴᴅʀés ☆ミ

        

 Apóstol San Andrés, enséñanos a seguir a Jesús con prontitud (Mt 4, 20; Mc 1,18), a hablar con entusiasmo de Él a todos aquellos con los que nos encontramos, y sobre todo a cultivar con Él una relación de auténtica intimidad, conscientes de que sólo en Él podemos encontrar el sentido último de nuestra vida y de nuestra muerte.

 

Señor, que llamaste al apóstol san Andrés a dejar las redes a orillas del mar de Galilea para hacer de él un pescador de hombres, te pedimos por su intercesión que nos concedas ser fieles a la vocación apostólica que hemos recibido en nuestro bautismo.
Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén
 
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Hermano Jesús también te llama hoy: -"Venid y seguidme, y os haré pescadores de hombres". Deja cualquiera que sean las redes que te atan y síguelo. Imita el ejemplo de San Andrés de llevar a otros al encuentro con Cristo.

 
 
 “Vocación” viene de la palabra latina vocare, que significa llamar. Así pues, cuando hablamos de vocación, debemos de entender que Dios llama a alguien, a seguir un camino específico, a cumplir una determinada misión en el mundo.
Cuando el Señor nos llama nuestra respuesta debe ser de apertura a la voluntad de Dios «Habla, Señor, que tu siervo escucha» (1 Sam 3, 10).  «el Señor llamó a Samuel y él respondió: “Aquí estoy”» (1Sam 3, 4).
«Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo» (Ap 3,20).


 
 « Dichoso tú, querido apóstol Andrés, que tuviste
la suerte de ser el primero de los apóstoles en encontrar
a Jesús. Pídele a Él que nosotros le seamos totalmente
fieles en todo, hasta la muerte. »
  

Andrés proviene del griego "andros" que quiere decir hombre, varón.
Significado del nombre valiente , varonil.

Velad, estad firmes en la fe; portaos varonilmente, y esforzaos.  1 Corintios 16:13 1

Juan 3:3 Y todo el que tiene esta esperanza puesta en El, se purifica, así como El es puro.
 

“Porque ésta es la voluntad de Dios, vuestra santificación” (1Tes 4,3)


Oficio de Lectura, 30 de Noviembre, San Andrés, Apóstol
Hemos encontrado al Mesías
De las homilías del obispo san Juan Crisóstomo sobre el Evangelio de san Juan:
Andrés, después de permanecer con Jesús y de aprender de él muchas cosas, no escondió el tesoro para sí solo, sino que corrió presuroso en busca de su hermano, para hacerle partícipe de su descubrimiento. Fíjate en lo que dice a su hermano: Hemos encontrado al Mesías, que significa Cristo. ¿Ves de qué manera manifiesta todo lo que había aprendido en tan breve espacio de tiempo? Pues, por una parte, manifiesta el poder del Maestro, que les ha convencido de esto mismo, y, por otra, el interés y la aplicación de los discípulos, quienes ya desde el principio se preocupaban de estas cosas. Son las palabras de un alma que desea ardientemente la venida del Señor, que espera al que vendrá del cielo, que exulta de gozo cuando se ha manifestado y que se apresura a comunicar a los demás tan excelsa noticia. Comunicarse mutuamente las cosas espirituales es señal de amor fraterno, de entrañable parentesco y de sincero afecto.
Pero advierte también, y ya desde el principio, la actitud dócil y sencilla de Pedro. Acude sin tardanza: Y lo llevó a Jesús, afirma el Evangelio. Pero que nadie lo acuse de ligereza por aceptar el anuncio sin una detenida consideración. Lo más probable es que su hermano le contase más cosas detalladamente, pues los evangelistas resumen muchas veces los hechos, por razones de brevedad. Además, no afirma que Pedro creyera al momento, sino que lo llevó a Jesús, y a él se lo confió, para que del mismo Jesús aprendiera todas las cosas. Pues había también otro discípulo que tenía los mismos sentimientos.
Si Juan Bautista, cuando afirma: Éste es el Cordero, y: Bautiza con Espíritu Santo, deja que sea Cristo mismo quien exponga con mayor claridad estas verdades, mucho más hizo Andrés, quien, no juzgándose capaz para explicarlo todo, condujo a su hermano a la misma fuente de la luz, tan contento y presuroso, que su hermano no dudó ni un instante en acudir a ella.
Oración
Protégenos, Señor, con la constante intercesión del apóstol san Andrés, a quien escogiste para ser predicador y pastor de tu Iglesia. Por nuestro Señor Jesucristo


La Primera Advertencia de Adviento: Abandonemos el pecado y practiquemos la virtud. ¡Cristo está cerca!

 

 
 
Romanos 13:13-14
13 Actuemos con decencia, como en pleno día. No andemos en banquetes y borracheras, ni en inmoralidades y vicios, ni en discordias y envidias. 14 Al contrario, revístanse ustedes del Señor Jesucristo, y no busquen satisfacer los malos deseos de la naturaleza humana.

Durante esta primer semana las lecturas bíblicas y la predicación son una invitación con las palabras del Evangelio: "Velen y estén preparados, que no saben cuándo llegará el momento".

"Populus, quí ambulabat in tenebris, vidit lucem magnam -
 El pueblo que caminaba en las tinieblas vio una luz grande" (Is 9, 1).

El Adviento es el comienzo del Año Litúrgico, empieza el domingo más próximo al 30 de noviembre y termina el 24 de diciembre.
 
El término "Adviento" viene del latín adventus, que significa venida, llegada.

Los domingos de este tiempo se llaman 1°, 2°, 3° y 4° de Adviento. Los días del 16 al 24 de diciembre (la Novena de Navidad) tienden a preparar más específicamente las fiestas de la Navidad.


Sentido: El sentido del Adviento es avivar en los creyentes la espera del Señor.

La Escritura nos llama a estar en espera del regreso de Nuestro Señor Jesucristo estando preparados en estado de gracia espiritual, en santidad, siendo vigilantes como lo aprendemos en la parábola de las diez vírgenes.
 


Primera Parte del Adviento:
Desde el primer domingo al día 16 de diciembre, con marcado carácter escatológico, mirando a la venida del Señor al final de los tiempos;
Segunda Parte
Desde el 17 de diciembre al 24 de diciembre, es la llamada "Semana Santa" de la Navidad, y se orienta a preparar más explícitamente la venida de Jesucristo en las historia, la Navidad.

Adviento Histórico. Es la espera en que vivieron los pueblos que ansiaban la venida del Salvador. Va desde Adán hasta la encarnación, abarca todo el Antiguo Testamento.

Adviento Místico. Es la preparación moral del hombre de hoy a la venida del Señor. El hombre se santifica para aceptar la salvación que viene de Jesucristo.


Adviento Escatológico. Es la preparación a la llegada definitiva del Señor, al final de los tiempos, cuando vendrá para coronar definitivamente su obra redentora, dando a cada uno según sus obras.

El término mismo "adviento" admite una doble significación. Puede significar tanto una venida que ha tenido ya lugar como otra que es esperada aún: presencia y espera. En el Nuevo Testamento, la palabra griega equivalente es "parousia", que puede traducirse por venida o llegada, pero que se refiere más frecuentemente a la segunda venida de Cristo, al día del Señor.


San Cirilo de Jerusalén decía: "Anunciamos la venida de Cristo, pero no una sola -dice-, sino también una segunda, mucho más magnífica que la anterior". Y continúa con la contraposición de estas dos venidas: "En la primera venida fue envuelto con pajas en el pesebre; en la segunda se revestirá de luz como vestidura. En la primera soportó la cruz, sin mido a la ignominia; en la otra vendrá glorificado y escoltado por un ejército de ángeles".


Catecismo Mayor San Pío  X
1.¿Porqué se llaman ADVIENTO las cuatro semanas que preceden a la fiesta de Navidad? - Las cuatro semanas que preceden a la fiesta de Navidad se llaman Adviento, que quiere decir advenimiento o venida, porque en este tiempo la Iglesia se dispone a celebrar dignamente la memoria de la primera venida de Jesucristo a este mundo con su nacimiento temporal.

2.¿Qué propone la santa Iglesia a nuestra consideración en el Adviento? La santa Iglesia en el Adviento propone a nuestra consideración cuatro cosas:
1.ª, las promesas que Dios había hecho de enviar al Mesías para nuestra salvación;
2.ª, los deseos de los antiguos Padres que suspiraban por su venida;
3.ª, la predicación de San Juan Bautista, que preparaba al pueblo para recibirle exhortando a penitencia;
4.ª, la última venida de Jesucristo en gloria a juzgar a vivos y muertos.

3. ¿Qué hemos de hacer en el Adviento para conformarnos con las intenciones de la Iglesia? - Para conformarnos con las intenciones de la Iglesia en el Adviento hemos de hacer cinco cosas:
1.ª, meditar con viva fe y con ardiente amor el gran beneficio de la Encarnación del Hijo de Dios;
2.ª, reconocer nuestra miseria y la suma necesidad que tenemos de Jesucristo;
3.ª, suplicarle venga a nacer y crecer espiritualmente en nosotros con su gracia;
4.ª, prepararle el camino con obras de penitencia, especialmente frecuentando los Santos Sacramentos;
5.ª, pensar a menudo en su última espantosa venida, y a la vista de ella ajustar a su vida santísima la nuestra, a fin de tener parte en su gloria.


El color de los ornamentos del altar y la vestidura del sacerdote es el morado, igual que en Cuaresma, que simboliza austeridad y penitencia. Son cuatro los temas que se presentan durante el Adviento:
 
 
I Domingo, la vigilancia en espera de la venida del Señor.

Durante esta primer semana las lecturas bíblicas y la predicación son una invitación con las palabras del Evangelio: "Velen y estén preparados, que no saben cuándo llegará el momento".

II Domingo, la conversión, nota predominante de la predicación de Juan Bautista.
Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos.

Durante la segunda semana, la liturgia nos invita a reflexionar con la exhortación del profeta Juan Bautista: "Preparen el camino, Jesús llega"

III Domingo, preanuncia la alegría mesiánica.

IV Domingo, el anuncio del nacimiento de Jesús hecho a José y a María.

 
  Bernardo dice  en el Sermón quinto sobre el primer Adviento, viene en carne y debilidad; en el segundo viene en espíritu y poderío; en el tercero viene en gloria.


 
Domingo I de Adviento

COMENTARIO DE SAN AGUSTÍN AL EVANGELIO DEL DOMINGO
 

LECTURAS "Todo estado de vida en la Iglesia cuenta con personas que fingen"


"Con razón, amadísimos hermanos, hallamos en el evangelio aquellas palabras sublimes salidas de la boca del Señor: Entonces habrá dos hombres en el campo: se tomará a uno y se dejará a otro. Habrá dos mujeres en el molino: una será tomada y otra será dejada. Habrá dos en el lecho, uno será tomado y otro dejado (Mt 24,40-41; Lc 17,34-35). ¿Qué significa habrá dos hombres en el campo? Lo que dice el Apóstol: Yo planté, Apolo regó, pero el crecimiento lo dio Dios. Sois cultivo de Dios (1 Cor 3,6.9). Trabajamos en el campo. Los dos hombres que están en el campo son los clérigos; de ellos se tomará a uno y se dejará a otro: se tomará al bueno y se dejará al malo. Las dos mujeres que se hallan en el molino simbolizan al pueblo. ¿Por qué se dice que están moliendo? Porque, encadenadas al mundo, están como retenidas por la piedra del molino en el afán por las cosas temporales. También una de ellas será tomada y otra dejada. ¿Cuál de ellas será tomada? La que obra bien y atiende a las necesidades de los siervos de Dios y a la indigencia de los pobres; la que es fiel en la alabanza, se mantiene firme en el gozo de la esperanza, se entrega de lleno a Dios, a nadie desea mal y ama cuanto puede no sólo a los amigos, sino también a los enemigos; quien no conoce a otra mujer fuera de la suya ni a otro varón fuera de su marido: ésta es la mujer que será tomada de las que estaban en el molino. La que no se comporte de esta manera será dejada.

Hay otras personas que dicen: «Anhelamos el descanso, no queremos tener que soportar a nadie y por eso nos apartamos de la masa; nos conviene vivir con cierta seguridad. También de éstas una será tomada y otra dejada. Que nadie os engañe, hermanos. Si no queréis engañaros y deseáis amar a los hermanos, sabed que todo estado de vida en la Iglesia cuenta con miembros que fingen lo que no son. No he dicho que todo hombre finge, sino que todo estado de vida cuenta con personas que fingen. Hay cristianos malos, pero los hay también buenos. Te da la impresión de que ves a muchos malos: son la paja que te impide ver el grano. Pero también hay grano: acércate, mete la mano, remueve, aplica el juicio de la boca. Topas con religiosas indisciplinadas, ¿vas a censurar por eso su estado religioso? Muchas no paran en sus casas, andan de visiteo por las ajenas, metiéndose en todo y hablando lo que no conviene; son orgullosas, deslenguadas, borrachas; son vírgenes, pero ¿de qué les sirve su virginidad física, si han permitido la violación de su alma? Mejor es el matrimonio de una persona humilde que la virginidad de una soberbia. Si ésta estuviese casada, no tendría el título para engreírse y sí un freno que la gobernase. Pero del hecho de que hay vírgenes malas ¿ha de sacarse argumento para condenar a las que son santas en el cuerpo y en el alma? O, por el contrario, ¿nos ha de llevar a ensalzar a las que merecen reproche la existencia de otras dignas de alabanza? De cualquier estado, uno será tomado y otro dejado".
Comentario al salmo 99,13
  
 
 
« Nos visitará el sol que nace de lo alto, para guiar nuestros pasos en el camino de la paz. »
(Antífona de Comunión, Lc 1, 78-79)
 
 
 
Pedro de Blosio explica la triple visita de Cristo, en su sermón tercero de Adviento: "Hay tres Advenimientos del Señor, el primero en carne, el segundo al alma, el tercero en el día del juicio. El primero ocurrió en medio de la noche, según la frase del Evangelio: Se oyó un clamor en medio de la noche: He aquí el Esposo. Este primer Advenimiento ya pasó: porque Cristo apareció en la tierra y convivió con los hombres. Ahora estamos en el segundo Advenimiento: pero con tal de que seamos dignos de que venga a nosotros; porque El ha dicho que si le amamos, vendrá a nosotros y hará en nosotros su morada. Por consiguiente, este Advenimiento no es para nosotros algo completamente seguro, porque ¿quién, sino solamente el Espíritu divino, conoce los que son suyos? Aquellos a quienes el ansia de las cosas celestiales saca fuera de sí mismos saben cuándo viene, pero no de dónde viene y a dónde va. En cuanto al tercer advenimiento, es seguro que ha de ocurrir; pero muy incierto cuándo ocurrirá: puesto que no hay nada tan cierto como la muerte pero tampoco tan incierto como el día de la muerte. En el preciso momento en que se hable de paz y seguridad, dice el Sabio, aparecerá repentinamente la muerte, como aparecen en el seno de la mujer los dolores del parto, y nadie podrá huir. La- primera venida fué, pues, humilde y oculta, la segunda misteriosa y llena de amor, la tercera será resplandeciente y terrible. En su primer Advenimiento Cristo fué injustamente juzgado por los hombres; en el segundo nos hace justos por la gracia; en el tercero juzgará en justicia a todo lo criado: en el primer Advenimiento fué Cordero, en el último será León, en el segundo Amigo rebosante de ternura".
 


Bendición de la corona de Adviento en el hogar: 
Señor Dios
bendice con tu poder nuestra Corona de Adviento para que, al encenderla,
despierte en nosotros el deseo de esperar la venida de Cristo
practicando las buenas obras, y para que así,
cuando Él llegue, seamos admitidos al Reino de los Cielos.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.
Todos: Amén.



 «Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida.» Juan 8,12




Fuego de Adviento
Autor : Edward Hays, Almanaque de un peregrino, p. 187
 
 
    "Adviento, al igual que su primo  la Cuaresma, es un tiempo para la oración y la reforma de nuestro corazón. Ya que viene en la época de  invierno, el fuego es una señal de ajuste para ayudar a celebrar el Adviento ... Si Cristo ha de venir más plenamente en nuestras vidas en esta Navidad, si Dios  llegar a ser realmente encarnado en nosotros, entonces el fuego tiene que estar presente en nuestra oración. nuestra adoración y la devoción se tienen que atizar el tipo de fuego en nuestras almas para que realmente puedan cambiar nuestros corazones. Es una gran responsabilidad de que nosotros no desperdiciemos   este tiempo de Adviento".




sábado, 19 de noviembre de 2022

Novena a Virgen de la Medalla Milagrosa

 


Oración preparatoria (para todos los días)
Virgen y Madre inmaculada, mira con ojos misericordiosos al hijo que viene a Ti, lleno de confianza y amor, a implorar tu maternal protección, y a darte gracias por el gran don celestial de tu bendita Medalla Milagrosa.

Día primero
En una medianoche iluminada con la luz celeste como de Nochebuena la de 18 de Julio de 1830 , aparecióse por primera vez la Virgen Santísima a Santa Catalina Labouré, Hija de la Caridad de San Vicente de Paúl.
Y le habló a la santa de las desgracias y calamidades del mundo con tanta pena y compasión que se le anudaba la voz en la garganta y le saltaban las lágrimas de los ojos.
¡Cómo nos ama nuestra Madre del Cielo! ¡Cómo siente las penas de cada uno de sus hijos! Que tu recuerdo y tu medalla, Virgen Milagrosa, sean alivio y consuelo de todos los que sufren y lloran en desamparo.
Después de unos momentos de pausa para meditar el punto leído y pedir la gracia o gracias que se deseen alcanzar en esta Novena, se terminará rezando:
 La oración de San Bernardo "Acordaos,,, o la Salve.

ORACIÓN DE SAN BERNARDO

Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María! que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorado vuestra asistencia y reclamado vuestro socorro, haya sido abandonado de Vos. Animado con esta confianza, a Vos también acudo, ¡oh Madre, Virgen de las vírgenes! Y aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a comparecer ante vuestra presencia soberana. No desechéis, ¡oh Madre de Dios!, mis humildes súplicas, antes bien, inclinad a ellas vuestros oídos y dignaos atenderlas favorablemente
                                    
 Tres Avemarías con la jaculatoria:
 ¡Oh María, sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a vos!

 Oración final
Oración Final
Señor Dios nuestro, que por la inmaculada Virgen María asociada a tu Hijo de modo inefable, nos das alegrarnos con la abundancia de tu bondad, concédenos propicio que sostenidos por su maternal auxilio, nunca nos veamos privados de tu providente piedad, y que con fe libre, nos sometamos al misterio de tu redención.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Día segundo
En su primera aparición, la Virgen Milagrosa enseñó a Santa Catalina la manera cómo había de portarse en las penas y tribulaciones que se avecinaban.
¡Venid al pie de este altar! decíale la celestial Señora , aquí se distribuirán las gracias sobre cuantas personas las pidan con confianza y fervor, sobre grandes y pequeños...
Que la Virgen de la Santa Medalla y Jesús del Sagrario sean siempre luz, fortaleza y guía de nuestra vida.
Después de unos momentos de pausa para meditar el punto leído y pedir la gracia o gracias que se deseen alcanzar en esta Novena, se terminará rezando:
1º La oración de San Bernardo "Acordaos,,, o la Salve.
2º Tres Avemarías con la jaculatoria: ¡OH MARÍA, SIN PECADO CONCEBIDA, RUEGA POR NOSOTROS QUE RECURRIMOS A TI!
3º Oración final
Día tercero
En sus confidencias díjole la Virgen Milagrosa a Sor Catalina: "Acontecerán no pequeñas calamidades. El peligro será grande. Llegará un momento en que todo se creerá perdido. Entonces yo estaré con vosotros: ¡Tened confianza!"
Refugiémonos en esta confianza, fuertemente apoyada en las seguridades de que su presencia y de su protección nos da la Virgen Milagrosa. Y en las horas malas y en los trances difíciles no cesaremos de invocarla: <Auxilio de los cristianos, rogad por nosotros>.
Después de unos momentos de pausa para meditar el punto leído y pedir la gracia o gracias que se deseen alcanzar en esta Novena, se terminará rezando:
1º La oración de San Bernardo "Acordaos,,, o la Salve.
2º Tres Avemarías con la jaculatoria: ¡OH MARÍA, SIN PECADO CONCEBIDA, RUEGA POR NOSOTROS QUE RECURRIMOS A TI!
3º Oración final

Día cuarto
En la tarde del 27 de Noviembre de 1830 baja otra vez del Cielo la Santísima Virgen para manifestarse a Santa Catalina Labouré.
De pie entre resplandores de gloria, tiene en sus manos una pequeña esfera y aparece en actitud estática, como de profunda oración. Después, sin dejar de apretar la esfera contra su pecho, mira a Sor Catalina para decirle: <Esta esfera representa al mundo entero... y a cada persona en particular".
Como el hijo pequeño en brazos de su madre, así estamos nosotros en el regazo de María, muy junto a su Corazón Inmaculado.
¿Podría encontrarse un sitio más seguro?.
Después de unos momentos de pausa para meditar el punto leído y pedir la gracia o gracias que se deseen alcanzar en esta Novena, se terminará rezando:
1º La oración de San Bernardo "Acordaos,,, o la Salve.
2º Tres Avemarías con la jaculatoria: ¡OH MARÍA, SIN PECADO CONCEBIDA, RUEGA POR NOSOTROS QUE RECURRIMOS A TI!
3º Oración final
Día quinto
De las manos de María Milagrosa, como de una fuente luminosa, brotaban en cascada los rayos de luz. Y la Virgen explicó: <Es el símbolo de las gracias que Yo derramo sobre cuantas personas me las piden>, haciéndome comprender añade Santa Catalina lo mucho que le agradan las súplicas que se le hacen, y la liberalidad con que las atiende.
La Virgen Milagrosa es la Madre de la divina gracia que quiere confirmar y afianzar nuestra fe en su omnipotente y universal meditación. ¿Por qué, pues, no acudir a Ella en todas nuestras necesidades?.
Después de unos momentos de pausa para meditar el punto leído y pedir la gracia o gracias que se deseen alcanzar en esta Novena, se terminará rezando:
1º La oración de San Bernardo "Acordaos,,, o la Salve.
2º Tres Avemarías con la jaculatoria: ¡OH MARÍA, SIN PECADO CONCEBIDA, RUEGA POR NOSOTROS QUE RECURRIMOS A TI!
3º Oración final

Día sexto

Como marco de gloria aureolando a la Virgen, vio Sor Catalina aparecer unas letras de oro que decían: <¡OH MARÍA, SIN PECADO CONCEBIDA, RUEGA POR NOSOTROS QUE RECURRIMOS A TI! >.
Y enseguida oyó una voz que recomendaba llevar la medalla y repetir a menudo aquella oración jaculatoria, y prometía gracias especiales a los que así lo hiciesen.
¿Dejaremos nosotros de hacerlo? Sería imperdonable dejar de utilizar un medio tan fácil de asegurarnos en todo momento el favor de la Santísima Virgen.
Después de unos momentos de pausa para meditar el punto leído y pedir la gracia o gracias que se deseen alcanzar en esta Novena, se terminará rezando:
1º La oración de San Bernardo "Acordaos,,, o la Salve.
2º Tres Avemarías con la jaculatoria: ¡OH MARÍA, SIN PECADO CONCEBIDA, RUEGA POR NOSOTROS QUE RECURRIMOS A TI!
3º Oración final

Día séptimo

Nuestra Señora ordenó a Sor Catalina que fuera acuñada una medalla según el modelo que Ella misma le había diseñado.
Después le dijo: "Cuantas personas la lleven, recibirán grandes gracias que serán más abundantes de llevarla al cuello y con confianza>.
Ésta es la Gran Promesa de la Medalla Milagrosa. Agradezcámosle tanta bondad, y escudemos siempre nuestro pecho con la medalla que es prenda segura de la protección de María.

Después de unos momentos de pausa para meditar el punto leído y pedir la gracia o gracias que se deseen alcanzar en esta Novena, se terminará rezando:
1º La oración de San Bernardo "Acordaos,,, o la Salve.
2º Tres Avemarías con la jaculatoria: ¡OH MARÍA, SIN PECADO CONCEBIDA, RUEGA POR NOSOTROS QUE RECURRIMOS A TI!
3º Oración final
Día octavo
Fueron tantos y tan portentosos los milagros obrados por doquier por la nueva medalla, (conversiones de pecadores obstinados, curación de enfermos desahuciados, hechos maravillosos de todas clases) que la voz popular empezó a denominarla con el sobrenombre de la medalla de los milagros, la medalla milagrosa; y con este apellido glorioso se ha propagado rápidamente por todo el mundo.
Deseosos de contribuir también nosotros a la mayor gloria de Dios y honor de su Madre Santísima, seamos desde este día apóstoles de su milagrosa medalla.
Después de unos momentos de pausa para meditar el punto leído y pedir la gracia o gracias que se deseen alcanzar en esta Novena, se terminará rezando:
1º La oración de San Bernardo "Acordaos,,, o la Salve.
2º Tres Avemarías con la jaculatoria: ¡OH MARÍA, SIN PECADO CONCEBIDA, RUEGA POR NOSOTROS QUE RECURRIMOS A TI!
3º Oración final
Día noveno
Las apariciones de la Virgen de la Medalla Milagrosa constituyen indudablemente una de las pruebas más exquisitas de su amor maternal y misericordioso.
Amemos a quien tanto nos amó y nos ama.
<Si amo a María decía San Juan Bérchmans tengo asegurada mi eterna salvación>.
Como su feliz vidente y confidente, Santa Catalina Labouré, pidámosle cada día a Nuestra Señora la gracia de su amor y
de su devoción.
Después de unos momentos de pausa para meditar el punto leído y pedir la gracia o gracias que se deseen alcanzar en esta Novena, se terminará rezando:
1º La oración de San Bernardo "Acordaos,,, o la Salve.
2º Tres Avemarías con la jaculatoria: ¡OH MARÍA, SIN PECADO CONCEBIDA, RUEGA POR NOSOTROS QUE RECURRIMOS A TI!
3º Oración final
Oración Final
Señor Dios nuestro, que por la lnmaculada Virgen María asociada a tu Hijo de modo inefable, nos das alegrarnos con la abundancia de tu bondad, concédenos propicio que sostenidos por su maternal auxilio, nunca nos veamos privados de tu providente piedad, y que con fe libre, nos sometamos al misterio de tu redención.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

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