R. Señor, danos sacerdotes santos.
V. Para que nos acompañen a la hora de nuestra muerte, y ofrezcan la Santa Misa por nosotros



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jueves, 29 de julio de 2021

Poderosa Novena a Santa Marta en una necesidad urgente

 



Esta Novena se reza nueve martes consecutivos e implica encender una vela. Se puede rezar también especialmente a partir del 9 de martes antes del 29 de julio, fiesta de Santa Marta.


(Enciende una vela) Oh admirable Santa Marta, recurro a ti y dependo enteramente de tu intercesión en mis pruebas. En acción de gracias, prometo difundir esta devoción por todas partes. Te ruego humildemente que me consueles en todas mis dificultades. Por el inmenso gozo que llenó tu alma cuando recibiste al Redentor del mundo en tu casa en Betania, ten el agrado de interceder por mí y por mi familia, a fin de que podamos tener a Dios en nuestros corazones y por lo tanto, merezcamos obtener el remedio a nuestras necesidades, especialmente a la situación actual que me abruma.




(Mencione sus intenciones aquí)



Te lo suplico, Auxiliar en todas las necesidades; ayúdanos a superar nuestras dificultades, tú que luchaste tan victoriosamente contra el diablo. Amén.

                     




                                                    

Rece tres veces un Padre Nuestro, un Ave María, un Gloria y la invocación "Santa Marta, ruega por nosotros". 

(Con licencia eclesiástica).


Santa Marta: "Creo firmemente que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo"

 



Sensus Fidelium

HOSPEDERA DEL SEÑOR. — “En cualquiera ciudad o aldea que entréis, informaos de quién hay en ella digno, y quedaos allí”, decia el Hombre- Dios a sus discípulos. Ahora bien, nos narra San Lucas, sucedió que, yendo de camino, entró él en una aldea, y una mujer llamada Marta le acogió en su casa. ¿Dónde encontraremos un elogio más bello y alabanza más cierta de la hermana de Magdalena, que en la confrontación de estos dos textos evangélicos?

Este lugar donde se acogió como digno de él, y que fué escogido por Jesús para darle hospedaje: este villorrio, dice San Bernardo, era nuestro humilde planeta, perdido, como obscura aldehuela, en la inmensidad de las posesiones del Señor. El Hijo de Dios, abandonados los cielos, caminaba en busca de la obeja perdida, llevado del amor. Oculto en el disfraz de nuestra carne pecadora vino a este mundo, hechura de sus manos, mas el mundo no le conoció. Israel, pueblo suyo, no le puso ni siquiera una piedra donde recostar su cabeza; y le abandon en su sed viéndose obligado a mendigar el agua de los Samaritanos. Nosotros los rescatados a la gentilidad por él, a quienes buscaba amorosamente con sacrificios y renuncias, ¿no es cierto que debemos unir nuestro agradecimiento al suyo para aquella que, no haciendo caso de la impopularidad del presente y de las amenazas de persecución en el futuro, quiso saldar para con él una deuda común a todos nosotros?.

PRIVILEGIO DE MARTA. — ¡Gloria, pues, sea dada a la hija de Sión que, fiel a las tradiciones hospitalarias recibidas de sus antepasados los patriarcas, fué bendecida mucho más que ellos en el ejercicio de tan noble virtud! Con más o menos claridad, supieron, eso no obstante, estos antecesores de nuestra fe que el deseado de Israel y esperado de las naciones debía aparecer como viajero y peregrino sobre la tierra. Por eso, ellos mismos, peregrinos de una patria major y sin morada fija, honraban al futuro Salvador en todo desconocido que a su tienda se acercaba; lo mismo que nosotros debemos venerar a Cristo en el huésped que su bondad nos envía. Para ellos, lo mismo que para nosotros, esta relación que se les indicaba entre el que había de venir y el forastero que buscaba un asilo, hacia de la hospitalidad una de las más ilustres allegadas de la caridad. Más de una vez la visita de Angeles, presentándose bajo apariencias humanas en los buenos servicios de su celo, manifestó, efectivamente, la complacencia del cielo. Pero, si es justo estimar en su debido valor estas celestiales finezas de las que en manera alguna era digna la tierra, no hay que olvidar que mucho más elevado fué el privilegio de Marta, verdadera dama y princesa de la santa hospitalidad, desde el momento en que colocó su bandera en la cumbre hacia donde convergen todos los siglos que precedieron a aquel momento y los que seguirán.

Si fué meritorio honrar a Cristo, antes de su venida, a aquellos que, de lejos o de cerca, eran figura suya; si Jesús promete la eterna recompense a cualquiera que le ampare y sirva en sus miembros místicos, sin duda más laudable fué y más mereció aquella que recibió en persona a Aquel cuyo simple recuerdo o memoria comunica a la virtud, en todos los tiempos, mérito y grandeza. Y así como supera Juan a todos los Profetas por haber mostrado presente al Mesías a quienes ellos anunciaron desde lejos, así el privilegio de Marta, que recibe su excelencia de la propia y directa excelencia del Verbo de Dios a quien ella socorrió en la misma carne que había tomado para salvarnos, la coloca por encima de todos los que practicaron las obras de misericordia.

ACCIÓN Y CONTEMPLACIÓN. — Mas no creamos que, porque María haya escogido la mejor parte a los pies del Señor, la de Marta haya de ser menospreciada. El cuerpo es uno solo, más tiene numerosos miembros; y todos estos miembros no tienen un idéntico oficio. Así, el empleo de cada miembro con Cristo es diverso según la gracia que haya recibido, ya sea para profetizar o sólo para server. Y el apóstol, exponiendo esta diversidad del divino llamamiento, decía: “Por la gracia que me ha sido dada, os encargo a cada uno de vosotros no sentir por encima de lo que conviene sentir, sino sentir modestamente, cada uno según Dios le repartió la medida de la fe”. ¡Oh discreción, custodia de la doctrina y madre de todas las virtudes, cuántas pérdidas en las almas y frecuentes naufragios podrías tú evitar!

“Quienquiera que se ha entregado plenamente a Dios—dice San Gregorio con su habitual criterio siempre tan exacto—debe cuidar de no darse sólo a las obras, sino que debe tender también a las cumbres de la contemplación. Conviene saber bien, eso no obstante, que existe una gran variedad de temperamentos espirituales. Uno que podría vacar pacíficamente a la contemplación de Dios, quizás sucumba aplastado bajo el peso de las obras; otro que habría llevado una vida honesta en medio de la acostumbrada ocupación de los negocios humanos, será tal vez mortalmente herido con la espada de una contemplación que excedería sus fuerzas; todo ello unas veces por falta de amor que impide al descanso degenerar en languidez, otras, por falta de temor que nos guarda de ilusiones orgullosas y sensuales. El hombre que quiere ser perfecto, debe primero andar por el camino trillado de la práctica de las virtudes, para ascender a las alturas con mayor seguridad, abandonando acá abajo todo impulso de los sentidos que sólo son capaces de extraviar la búsqueda del espíritu y toda imagen cuyos límites no puedan adaptarse a la luz sin término que él desea contemplar. A la acción, pues, el primer tiempo; a la contemplación el último. El Evangelio alaba a María, pero en manera alguna censura a Marta porque grandes son los méritos de la vida activa, aunque mejores los de la contemplativa”.

FIGURA DE LA IGLESIA. — Si queremos penetrar más en el misterio de las dos hermanas observemos que, aún cuando sea María la preferida, no fué en su casa ni en la de su hermano Lázaro, sino en la de Marta, donde el Hombre-Dios se manifestó morando acá abajo con aquellos a quienes amaba. Jesús—dice San Juan—amaba a Marta y a su hermana María y a Lázaro. Lázaro, figura a los penitentes que su misericordiosa omnipotencia llama cada día de la muerte del pecado a la vida divina; María, entregándose desde este mundo a las ocupaciones de la eternidad; Marta, finalmente, nombrada aquí la primera como de mayor edad que sus dos hermanos, la primera por el tiempo místicamente, como ha dicho arriba San Gregorio, mas también como de quien dependen el uno y la otra en esta morada cuya administración está encomendada a sus cuidados. ¿Quién no reconocerá aquí al tipo perfecto de la Iglesia, donde, en la abnegación de un fraternal amor bajo la mirada del Padre que está en los cielos, el misterio active tiene la precedencia del gobierno sobre todos aquellos a quienes la gracia conduce a Jesús? ¿Quién no comprendería por eso las preferencias del Hijo de Dios para esta casa bendita? La hospitalidad que recibía en ella, por más abnegada que fuese, le descansaba menos de su trabajoso camino que la vista tan perfilada ya de la Iglesia que le habrá arrastrado del cielo a la tierra.

EL HONOR DE SERVIR. — Marta comprendió, pues, anticipadamente que cualquiera que tenga la primacía debe ser el servidor. De la misma manera que el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir; del mismo modo que más tarde el Vicario de Cristo se llamará siervo de los siervos de Dios. Mas, sirviendo a Jesús como servía ella con El y por El a su hermano y a su hermana, ¿quién habrá que dude que más que nadie tenía ella parte en las promesas del Hombre-Dios, cuando decía: “Si alguien me sirve, que me siga, y donde yo esté, también estará allí mi servidor… y mi Padre le honrará?”. Y esta regla tan hermosa de la hospitalidad antigua, que creaba entre el huésped y el extranjero una vez admitido a su hogar, lazos semejantes a los de la sangre, ¿creeremos nosotros que en el caso presente el Emmanuel no habría reparado en ella, siendo así que su evangelista nos dice que “a cuantos le recibieron dióles potestad de llegar a ser hijos de Dios?'”. Efectivamente, nos dice El mismo, “quien me recibe a mí, no es a mí a quien recibe, sino al que me ha enviado”.

La paz prometida a toda casa que se mostrase digna de recibir a los enviados celestiales; la paz que va acompañada siempre del Espíritu de adopción de hijos, se posó sobre Marta con una incomparable abundancia. La exuberancia demasiado humana que al principio se había dejado entrever en su nerviosa solicitud, habla sido para el Hombre-Dios ocasión de mostrar su divino celo en la perfección de esta alma tan pura y sacrificada. Al contacto sagrado, la naturaleza viva .de la hospedera del Rey pacífico, despojóse de todo lo que le quedaba de febril inquietud; y más obsequiosa servidora que nunca, más estimada que ninguna otra, bebió con su ardiente fe en el Hijo de Dios vivo aquella inteligencia de lo único necesario y de la mejor parte que un día debía ser también la suya. ¡Cómo se nos muestra aquí Jesús como maestro de la vida espiritual y modelo de prudente firmeza, de dulzura paciente, de sabiduría celestial en la dirección de las almas a las cumbres!

BETANIA. — Hasta el final de su carrera mortal, según el consejo de estabilidad que El mismo había dado a los suyos, el Hombre-Dios permaneció fiel a la hospitalidad de Betania. De allí partió para salvar al mundo con su dolorosa Pasión y, cerca de la misma Betania quiso, al abandonar el mundo, volver a los cielos.

SERVIDA POR EL SEÑOR.— ¡Oh Marta!, envidiable es tu lugar en los cielos, una vez que has tomado posesión de la mejor parte para siempre. Pues, según dice San Pablo, “los que desempeñaren dignamente su ministerio alcanzarán honra y gran autoridad en la fe de Cristo Jesús”. El servicio ministerio que desempeñan los diáconos, de los que habla el Apóstol, en la Iglesia le has hecho tú con su Cabeza y Jefe. Tú has sabido gobernar bien tu propia casa que era figura de esta casa tan amada del Hijo de Dios. Ahora bien, nos dice el Doctor de las gentes “Dios no es injusto, no olvida vuestras obras y el amor que le habéis demostrado los que habéis servido a los santos'”. Y el Santo de los Santos, convertido en tu huésped y deudor, ¿no nos deja desde este momento entrever tus grandezas cuando, hablando del siervo fiel constituido como procurador de su familia, exclama: “Dichoso el siervo aquel a quien, al venir su amo, hallare que hace así. En verdad os digo que le pondrá al frente sobre toda su hacienda?”. Llegó ya el momento del eterno encuentro. Sentada desde hoy en la morada de este huésped, fiel más que ningún otro a las leyes de la hospitalidad, le verás hacer de su mesa la tuya y, cifiéndose a su vez, te servirá como tu le serviste a él.

AL SERVICIO DE LA IGLESIA. — Desde el lugar de tu descanso, protege a los que administrant los intereses de Cristo acá en la tierra en su cuerpo místico que es toda la Iglesia, en sus miembros fatigados o dolientes que son los pobres y los afligidos de cualquier manera. Bendice y multiplica las obras de la santa hospitalidad. Que el vasto campo de la misericordia y de la caridad vea acrecentar cada vez más en nuestros días sus prodigiosos frutos. ¡Qué no se pierda nada de la laudable actividad en donde se consume el celo de tantas almas generosas! Y con este motivo enséñanos, ¡oh santa hermana de María! a no anteponer nada al “único necesario”, a estimar en su debido valor “la major parte'”.

 

martes, 27 de julio de 2021

Triduo en Honor a Santa Marta

 


 Que la Santísima Virgen María, Madre de Dios, y todos los santos intercedan ante Dios por nosotros. El Señor ha hecho maravillosos a sus santos y los escuchó cuando le clamaron.


   OREMOS


 Líbranos, te suplicamos, Señor, de todos los peligros del alma y del cuerpo, y por intercesión de la Santísima y Gloriosa María, siempre Virgen, Madre de Dios, de San José, de los santos Apóstoles Pedro y Pablo, de Santa Marta y de todos los santos, en tu misericordia, concédenos salud y paz, para que después de que todas las adversidades y errores hayan sido quitados, tu Iglesia te sirva en libertad y seguridad, por el mismo Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.


   Santa Marta ruega por nosotros.



   Padre Nuestro, Ave María, Gloria, 3 veces



lunes, 26 de julio de 2021

Santa Ana Madre de la Santísima Virgen María







Año Litúrgico - Dom Prospero Gueranger

LA ABUELA DE JESÚS. — Uniendo Ana a la sangre de reyes la de Pontífices, aparece más gloriosa todavía por su incomparable descendencia. Más noble que todas las que han concebido en virtud del "creced y multiplicaos'" termina en ella la ley de la generación de toda carne como llegada a su límite, como ante el vestíbulo de Dios. Es el propio Dios quien debe nacer del fruto de su descendencia, hijo, acá abajo, únicamente de la Virgen bendita y nieto al mismo tiempo de Ana y Joaquín.

Antes de haber sido favorecidos con la más alta bendición que unión humana haya podido recibir, los dos santos abuelos del Verbo encarnado conocieron el dolor que purifica al alma. Tradiciones que se remontan a los orígenes del cristianismo, aunque están mezcladas de detalles de escaso valor, nos muestran a los ilustres esposos sumidos en la prueba de una prolongada esterilidad, expuestos por causa de la misma al desdén del pueblo, a Joaquín, rechazado del templo, ocultando su tristeza en el desierto, y a Ana, solitaria, llorando su viudez y su humillación. ¡Qué sentimientos tan exquisitos los de este relato, comparables a los más hermosos que nos han legado los Sagrados Libros! "Cierto día en que se celebraba una gran solemnidad del Señor, Ana, a pesar de su profunda tristeza, despojóse de su vestido de duelo, adornó su cabeza, y se engalanó con sus vestiduras nupciales. Hacia la hora Nona descendió al jardín para pasearse en él. Como viese un laurel, sentóse a su sombra y elevó su plegaria en presencia del Señor Dios, diciéndole: ¡Dios de mis padres, bendíceme y escucha mis súplicas de la misma manera que bendijiste a Sara dándole un hijo! "Y elevando sus ojos al cielo vió sobre las ramas del laurel un nido de paj arillos. Entonces exclamó gimiendo: ¡Ay de mí, desgraciada! ¿Qué seno me ha llevado para ser de esta manera maldición de Israel? "¿Con quién me compararé? No puedo hacerlo con los pajarillos del cielo porque ellos han sido bendecidos por ti, Señor.

"¿Con quién me compararé? Tampoco puedo compararme con los animales de la tierra porque también ellos son fecundos ante ti, Señor.

"¿Con quién me compararé? No puedo compararme con las aguas porque ellas de ninguna manera son estériles, como yo, en tu presencia, Señor, pues los ríos y los océanos abundantes de peces, te alaban con su oleaje y con su curso apacible.

"¿Con quién me compararé? Ni siquiera puedo compararme a la tierra misma porque también ella produce sus frutos a su debido tiempo bendiciéndote de esta manera, ¡oh, Señor!".

NACIMIENTO DE NUESTRA SEÑORA. — "En esto, apareciéndosele un ángel del Señor la dijo: Ana, Dios ha escuchado tu oración; concebirás y darás a luz, y tu fruto será celebrado en toda la tierra habitada.

"Llegado que hubo el tiempo del alumbramiento Ana tuvo una hija y exclamó: Mi alma ha sido ensalzada en esta hora. Y púsole por nombre a la niña, María. Y cuando estaba dándole el pecho entonó este cántico al Señor.

"Cantaré las alabanzas del Señor mi Dios, porque me ha visitado, ha quitado mi oprobio dándome un fruto Santo. ¿Quién anunciará a los hijos de Rubén que Ana ha dejado de ser estéril. Escuchad, atended vosotras, las doce tribus: ¡Ana está criando!".

La fiesta de Joaquín, que la Iglesia ha colocado en el segundo día en la Octava de la Asunción de su bienaventurada hija, nos dará ocasión para acabar la delicada exposición de las pruebas y alegrías que él también compartió. Avisado sobrenaturalmente por el cielo para que abandonase el desierto, encontró a su esposa bajo la puerta Dorada que da acceso al templo por la parte de Oriente. No lejos de allí, junto a la piscina Probática, donde los corderos destinados al sacrificio lavaban sus blancos vellones antes de ser ofrecidos al Señor, se levanta en nuestros días la basílica restaurada de Santa Ana, llamada primitivamente Santa María de la Natividad. Allí, en la quietud del paraíso fué donde germinó, sobre la raiz de Jesé, aquel tallo bendito saludado por el Profeta y portador de la flor divina abierta en el seno del Padre antes que comenzasen a existir los siglos. Séforis, ciudad de Ana, y Nazaret, lugar donde vivió María, disputan, es cierto, a la ciudad santa el honor que reclaman en su favor antiguas y constantes tradiciones. Mas nuestros homenajes, ciertamente, no serán perdidos al dirigirlos en este día a la bienaventurada Ana, verdadero campo incontestable de prodigios cuyo recuerdo renueva la alegría de los cielos, el furor de Satanás y el triunfo del mundo.

ANA, SANTUARIO DE LA INMACULADA. — Aureolada con la incomparable paz que la circunda, saludemos en ella también la tierra victoriosa que eclipsa los campos de batalla más famosos. Verdadero santuario de la Inmaculada Concepción, en él fué reanudada por nuestra humillada raza la gran batalla iniciada junto al trono de Dios por las escuadras celestiales. Allí, el infernal dragón arrojado de los cielos vió aplastada su cabeza, y Miguel, sobrepujado en gloria, pone gustoso el mando de los ejércitos del Señor en manos de la que desde el principio de su existencia, se declaraba amable Soberana.

¿Qué boca humana podrá narrar el pasmo de los principados angélicos, cuando la serena complacencla de la Trinidad Santísima, pasando desde los radiantes Serafines hasta las últimas categorías de los nueve coros angélicos, inclinó su mirada de fuego a la contemplación de la santidad que súbitamente ha nacido en el seno de Ana? El Salmista había dicho de la ciudad gloriosa cuyos fundamentos se ocultan en la que antaño fué estéril: "Sus fundamentos están puestos sobre los montes santos'"; y las celestiales jerarquías que están en las cimas de las colinas eternas descubren desde allí alturas insospechadas que jamás alcanzarán, cumbres tan inmediatas a la divinidad que se apresta a asentar allí su trono. Como Moisés en presencia del zarzal en llamas sobre el Horeb, han sido presas de un santo temor al reconocer sobre el desierto de nuestro mundo despreciable la montaña de Dios, y comprender que la aflición de Israel en breve cesará. María aunque oculta por la nube que la esconde todavía, es ya desde este momento en el seno de Ana la montaña bendita cuya base, (el punto de partida de la gracia) aventaja la cumbre de los montes en donde las santidades creadas más altas hallan su consumación en la gloria y el amor.

SANTIDAD DE ANA. — ¡Oh, con cuánta razón Ana, cuyo nombre significa gracia, por espacio de nueve meses fué el lugar de las complacencias del Altísimo, el éxtasis de los espíritus purísimos y la esperanza de toda carne! Sin duda fué María, la hija y no la madre, la que con su fragante perfume atrajo los cielos poderosamente a nuestras humildes regiones. Es propio del perfume impregnar de sí, ante todo, el vaso que la contiene, y aún cuando ya no le contenga, dejar en él su aroma. Acustúmbrase, por lo demás, a que este vaso sea también preparado de antemano con un cuidado exquisito, a que se le escoja de una materia tanto más pura y noble, a que se le realce con tantos más ricos adornos cuanto más rara y exquisita sea la esencia que en él se pretende conservar. Así María, la de Betania, encerró su nardo precioso en alabastro. No creamos que el Espíritu Santo que asiste a la composición de los perfumes celestiales, pudo haber tenido de todo esto menos cuidado que los hombres.

DESTINO MATERNO DE ANA. — Ahora bien, el oficio de la bienaventurada Ana estuvo lejos de limitarse, como lo hace el vaso respecto del perfume, a contener pasivamente el tesoro del mundo. De su propia carne tomó un cuerpo aquella de quien Dios tomó carne a su vez y la alimentó con su propia leche; asimismo las primeras nociones prácticas de la vida las recibió de su boca, aún cuando estuviese inundada directamente de la luz divina. Ana tuvo en la educación de su ilustre hija la misma parte que tienen las demás madres. No solamente dirigió los primeros pasos de María al abandonar sus rodillas, sino que fué plenamente la cooperadora del Espíritu Santo en la formación de esta alma y en la preparación de sus incomparables destinos.

PATROCINIO DE ANA. — Sic fingit tabernaculum Deo, de esta manera construyó ella un tabernáculo para Dios. Fué esta la divisa que llevaban, en torno de la imagen de Ana cuando instruía a María, las insignias de la antigua corporación de ebanistas y carpinteros que, considerando la confección de los tabernáculos de nuestras iglesias en donde Dios se digna habitar como su obra más elevada, había adoptado a Santa Ana como modelo y augusta patrona. ¡Dichosos tiempos aquellos en que lo que hoy se ha dado en llamar la ingenua sencillez de nuestros padres, progresaba bastante más en el conocimiento práctico de los misterios que la estúpida infatuación de sus hijos se gloría de ignorar! Los trabajos de hilandería, tejidos, costura y bordados, los menesteres de la administración doméstica, patrimonio de la mujer fuerte, exaltada en el libro de los Proverbiospusieron con toda naturalidad también en estos tiempos a las madres de familia, amas de casa, modistas, etc..., bajo la protección directa de la santa esposa de Joaquín. Más de una vez sucedió que aquellas a quienes el cielo hacía pasar por la dolorosá prueba que, bajo el nido de pajarillos, había dictado su conmovedora oración, experimentaron la poderosa intercesión de la dichosa madre de María, recibiendo ellas también la bendición del Señor Dios que había recibido Ana.

SU CULTO EN ORIENTE. — Oriente precedió a Occidente en el culto público de la abuela del Mesías. Hacia mediado el siglo VI, Constantinopla le dedicó una iglesia. El Typicon de San Sabas pone su conmemoración litúrgica hasta tres veces al año: el 9 de Septiembre, en compañía de su Esposo San Joaquín; el 9 de Diciembre en que los griegos, que retrasan un día más que los latinos la solemnidad de la Concepción Inmaculada de Nuestra Señora, celebran esta fiesta bajo un título que recuerda más directamente la parte de Ana en el misterio; finalmente el 25 de Julio, que es llamado Dormición o muerte preciosa de Santa Ana, madre de la santísima Madre de Dios. Estas son las expresiones que debía adoptar por consiguiente el martirologio romano.

EL CULTO EN OCCIDENTE. — Si Roma, siempre más reservada, solo autorizó mucho más tarde la introducción en las iglesias latinas de una fiesta litúrgica de Santa Ana, sin embargo de eso no aguardó para obrar de esa suerte a que la piedad de los fieles la animase. Desde tiempos de San León III y por orden expresa del ilustre Pontífice, representábase la historia de Ana y de Joaquín sobre los ornamentos sagrados destinados a las más nobles basílicas de la Ciudad Eterna. La Orden Carmelitana contribuyó poderosamente, mediante su venturosa transmigración a nuestras comarcas, al desarrollo creciente de un culto exigido, por otra parte, como naturalmente por el progreso de la devoción de los pueblos a la Madre de Dios. Esta estrecha relación de los dos cultos es recordada, en efecto, en los términos de la concesión por la que, el 28 de Julio de 1378, Urbano VI daba satisfacción a los deseos de los fieles de Inglaterra y autorizaba para este reino la fiesta de la bienaventurada Ana. En el siglo precedente, la Iglesia de Apt, en Provenza, estaba en posesión de esta solemnidad: prioridad que se explica en ella por el hecho de pretender hallarse en posesión de su cuerpo, que le habrían traído los Cruzados de Tierra Santa. La Iglesia de Apt hizo más tarde donación de estas reliquias a numerosas iglesias, y notablemente, a la insigne Basílica de San Pablo Extramuros. El 1 de Mayo de 1584 Gregorio XIII ordenó la celebración de la fiesta del 26 de Julio a todo el orbe con rito doble. León XIII fué quien debía en nuestros días (1879) elevarla, junto con la de San Joaquín, a la dignidad de las solemnidades de segunda Clase. Mas ya antes, el 1622, Gregorio XV, curado por Santa Ana de una grave enfermedad, había colocado su fiesta entre las de precepto importando la abstención de trabajos serviles.

ALABANZAS A LA ABUELA.— ¡Oh Santa Ana!; más feliz tú, que la esposa de Elcana, cuyo nombre llevas, y que fué figura tuya por las mismas pruebas, cantarás desde este momento las grandezas del Señor. ¿Dónde está ahora la altiva sinagoga que te despreció? La descendencia de la estéril es hoy innumerable. Y todos nosotros, conducidos por nuestra Madre, venimos gozosos a presentarte en este día nuestras ofrendas. ¡Qué fiesta hay más enternecedora que la de la abuela, en la que, como hoy se le acercan los nietos a darle sus respetos y amor!

PLEGARIA POR LA MUJER. — ¡Oh madre, acoge benigna nuestros cantos y bendice nuestros anhelos! Sénos propicia siempre, cuando elevemos nuestras súplicas desde este valle de lágrimas. Escucha a las madres y a las esposas en sus deseos, en sus dolorosas confidencias. Mantén las tradiciones del hogar cristiano. Mas, por desgracia, ¡cuán numerosas son ya las familias por donde ha pasado el hálito devastador del siglo, destruyendo la seriedad de la vida, debilitando la fe, sembrando solo la impotencia, la frivolidad y la laxitud, si no son cosas peores, en lugar de las alegrías fecundas y auténticas de nuestros padres! Si el sabio volviese a habitar de nuevo entre nosotros sin duda exclamaría: "¡Quién hallará a la mujer fuerte!'". Sólo ella, en efecto, dado su ascendiente, puede conjurar todos estos males; mas a condición de no olvidar en dónde está el secreto de su poder, a saber, en los más humildes quehaceres domésticos, realizados por ella misma, silenciosa y abnegadamente; en las prolongadas vigilias, en la previsión de cada momento, en todos esos trabajos de costura, lana, punto. Todos estos trabajos le ganan la admiración y confianza de su esposo y el ascendiente sobre los demás; le aseguran la abundancia en el hogar, la bendición del pobre socorrido por sus manos, el aprecio de los extraños, el respeto de los hijos y ella adelanta en el temor de Dios, en nobleza da, dignidad y bondad lo 1 Prov., XXXI. san pantaleon, martir 665 mismo que en fortaleza, prudencia, dulzura, gozo y confianza para el día postrero de su vida.


Oración a Santa Ana pidiendo la protección de nuestros hijos o nietos

                                   

 
Santa Ana, conoces mis preocupaciones como padre y / o abuelo. Tantos peligros amenazan a los jóvenes de hoy. ¿Recibirán una buena educación esos niños que amo? ¿Encontrarán trabajos satisfactorios? ¿Seguirán los caminos de tu nieto?

Como me preocupa el futuro de mis hijos y / o nietos, te los encomiendo a ti, Santa Ana. Cuídalos bien. Mantenlos sanos y siempre en el camino correcto, fieles a los mandamientos y al amor de Dios. Si se han desviado de Sus enseñanzas y de la Iglesia, ayúdelos a regresar.

Haz por ellos lo que tan bien hiciste por tu hija, María. Enséñeles cómo encontrar la verdadera felicidad en amar al Señor y al prójimo.

Mi esperanza y mi oración se basan en la bondad de Dios. Confío en Él para proteger a mis hijos y / o nietos a quienes amo más que a mí mismo. Intercede por ellos y por todos los niños del mundo.

Amén 

domingo, 25 de julio de 2021

Santiago Matamoros defiéndenos de los enemigos de Cristo

 

Saint James the Moor-slayer


Santiago Apóstol también conocido como el “Matamoros”, matador de los moros. Se dice que había aparecido en ayuda de su pueblo en varias ocasiones en contra de los Morros. Especialmente en el año 1492 cuando se logró la reconquista de España.



La virgen le prometió al Apóstol Santiago, la victoria sobre el paganismo, para ayudarlo en su misión de Evangelización. Misión que contradice y ataca el apostata marxista Jorge Mario Bergoglio.

 El masón  y marxista Bergoglio en Venganza contra la Iglesia católica ha difundido maliciosamente la leyenda Negra.


El Apóstol  Santiago el Mayor es Patrono de España.
Santiago Matamoros es el nombre que se da a la representación iconográfica del apóstol Santiago el Mayor cuando se le representa tal como se le describe en las crónicas medievales, según las cuales intervino milagrosamente en favor de los cristianos contra los musulmanes durante la Batalla de Clavijo (23 de mayo del año 844).


Según la Tradición al rey Ramiro I se le aparece el Apóstol Santiago  y  le comunica que ha sido designado por Dios como Patrón de las Españas. Santiago anima a Ramiro al combate y le pide que lo invoque. Los españoles dan batalla al grito de "¡Dios ayuda a Santiago!", y los moros son vencidos, matando más de cinco mil moros en aquella jornada.

La figura de Santiago Matamoros, el rey guerrero, aparece blandiendo una espada, sobre un caballo blanco y arrollando a un grupo de moros (musulmanes) caídos por tierra.


Santiago Matamoros, en palabras de Félix Sardá y Salvany, el gran apologista catalán anti-liberal, "es la representación más perfecta y adecuada de la fe de nuestro pueblo; la fe de España es ciertamente una fe militante; esto es lo que nos ha caracterizado siempre hoy en día; esto es lo que hace incomprensible para los extranjeros la mayor parte de las páginas de nuestra historia, así como las actitudes y acontecimientos de la actual España. Hay que entender que somos y queremos ser herederos y discípulos de un apóstol armado y de Santiago luchando a sangrientas batallas a caballo: esta es la clave para descifrar el enigma de nuestro aparentemente extraño carácter nacional ".


 
En el año 1630 el rey Felipe IV, el Papa Urbano VIII decretó oficialmente que el Apóstol Santiago, El Mayor, fuera considerado solo y único Patrón de la Nación Española.
La invocación al Apóstol Santiago antes de entrar en combate con la expresión: ¡Santiago y cierra España! Desde la reconquista.
Cuenta la tradición que el Apóstol Santiago se apareció montado en un caballo blanco durante la batalla de Clavijo combatiendo junto a los cristianos contra los moros.


Cansado el rey Ramiro I de Asturias, hijo de Alfonso II "El Casto", de pagar cada año el tributo de 100 doncellas cristianas, enviándolas a Córdoba. Decidió poner fin a tal humillación  y reuniendo en toda la región un ejército con gente de la región se lanzó contra los musulmanes en Alberda (Logroño). Al no esperarse los musulmanes tal atropello se vieron obligados a esconderse en Clavijo, a 17 kilómetros de Logroño con los pocos soldados que quedaron de la primera contienda. Cuentan que se les apareció al Rey el Apóstol Santiago en sueños para anunciarle su presencia en la batalla que libraría al día siguiente.
Los cristianos vieron flojear sus fuerzas apareció un jinete desconocido sobre un caballo blanco resplandeciente y blandeando una espada de plata y lanzándose sobre las tropas moras mermándolas sorprendentemente.
El Apóstol ayudó a los cristianos españoles en diferentes contiendas contra los moros. Así en la Batalla de Coímbra, en el año 1064, se describe en el Códice Calixtino, como intervino el Apóstol Santiago a favor de las tropas de Fernando I, esta intervención hizo que a partir de esta fecha la Reconquista fuera considerada Guerra Santa.





 
Apóstol Santiago protector y Patrón de España, del Arma de Caballería y del Ejército de Tierra, te suplicamos que defiendas  a España en esta nueva batalla contra la invasión musulmana, contra los gobiernos izquierdista marxistas corruptos que no quieren que Cristo reine en la Sociedad y te pedimos que derrotes a todos los enemigos internos de la cristiandad que quieren acabar con la civilización cristiana.




“Europa regresará a la fe o perecerá.”
— Hilaire Belloc, Europa y la Fe 
 
 
La Santísima Virgen le dijo a San Antonio María Claret en el siglo XIX: «En el Santo Rosario está cifrada la salvación de España.
 

jueves, 22 de julio de 2021

Devoción de las lágrimas de Santa María Magdalena

 Tomado de APOSTOLADO DE LA PIEDAD POPULAR.


DEVOCIÓN DE LAS LÁGRIMAS DE SANTA MARÍA MAGDALENA



    
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
 
ORACIÓN INICIAL
¡Oh gloriosa Santa María Magdalena! Ejemplar de penitencia, Discípula amada de Jesucristo y Maestra del Divino Amor: Yo, aunque indignísimo pecador, confiando en tu benignidad te escojo hoy, y para siempre por mi especial protectora y abogada, te ruego amabilísima Santa mía, me recibas debajo de tu patrocinio y me alcances con tu intercesión de la Divina Piedad, una perfecta, íntima y continua contrición de mis pecados, y la remisión de todos ellos, y aquellas llamas de caridad con que fue abrazado tu corazón. Asísteme, te suplico, por el amor del Verbo Humanado, tu Divino Maestro, en la hora de mi muerte, y has con tus oraciones y méritos, que, encendido de la Divina Caridad, por la fuerza de ella expire mi alma y me asemeje a ti, que por la vehemencia del Divino Amor felizmente moriste. Amén.

DEPRECACIONES
Oh Verbo humanado, te doy humildes, reverentes y afectuosas gracias por los favores, privilegios y tesoros de gracia y gloria con que enriqueciste a Santa María Magdalena, y te ruego por sus méritos me concedas una perfecta contrición de mis pecados y un encendido amor tuyo, y que me la des propicia en la hora de mi muerte, por Ti mismo, que vives, y reinas en los siglos de los siglos. Amén.

Santa María Magdalena, ejemplar de penitencia: Padre nuestro, Avemaría y Gloria.

Tu que regaste con tus lagrimas los Pies de Cristo, con tus cabellos los enjugaste; y con precioso licor los ungiste: Padre nuestro, Avemaría y Gloria.

Que recibiste el perfecto perdón de tus culpas de la boca misma del Verbo humanado, y de pecadora fuiste levantada en un momento a una gran santidad: Padre nuestro, Avemaría y Gloria.

Discípula amada de Cristo, instruida con sus Divinas Palabras, así exteriores, como interiores, para una heroica santidad: Padre nuestro, Avemaría y Gloria.

Que seguiste a pie a tu Celestial Maestro por los lugares y valles por donde iba predicando el Reino de Dios, subministrando de tus bienes a su Divina Majestad y a sus Discípulos el sustento necesario: Padre nuestro, Avemaría y Gloria.

Santa María Magdalena, que hospedabas en tu casa al Salvador, y no pudiendo apartarte de su Divina Presencia, te fuiste a sus Pies para alimentar tu espíritu con la dulzura de sus Celestiales Palabras: Padre nuestro, Avemaría y Gloria.

Santa María Magdalena, que con tus lágrimas mereciste el que el Salvador llorase, y te resucitara a tu hermano Lázaro: Padre nuestro, Avemaría y Gloria.

Santa María Magdalena, que por instinto del Espíritu Santo limpiaste del polvo los Pies del Salvador con tus cabellos, y los ungiste con preciosísimo ungüento; y rompiendo el Vaso, derramaste todo aquel oloroso licor sobre su Sagrada Cabeza, previniéndole desde entonces para la sepultura: Padre nuestro, Avemaría y Gloria.

Santa María Magdalena, que, por la mucha devoción, y ardiente caridad con que ungiste al Salvador, fuiste alabada de su Divina Majestad, y serás con eternas alabanzas celebradas por todo el mundo: Padre nuestro, Avemaría y Gloria.

Santa María Magdalena, que tuviste por Defensor y Abogado a Cristo nuestro Señor: Padre nuestro, Avemaría y Gloria.

Santa María Magdalena, que al pie de la Cruz padeciste un martirio tan grande de dolor y compasión por las penas y Muerte de tu Divino Señor, que hubieras muerto de puro dolor, si Dios con especial providencia no te hubiera librado: Padre nuestro, Avemaría y Gloria.

Santa María Magdalena, que después de la Santísima Virgen fuiste la primera, y antes que todos los Apóstoles regalada con la vista, y presencia del Señor resucitado: Padre nuestro, Avemaría y Gloria.

Santa María Magdalena, que fuiste constituida por Cristo Abogada, y aun Evangelista de los Apóstoles: Padre nuestro, Avemaría y Gloria.

Santa María Magdalena, que viste con gran gozo en compañía de la Santísima Virgen y de los Apóstoles y Discípulos subir al Cielo a tu Divino Maestro: Padre nuestro, Avemaría y Gloria.

Santa María Magdalena, que, con la Santísima Virgen y los Santos Apóstoles recibiste el Espíritu Santo, y el Don de las lenguas, y la virtud de hacer milagros: Padre nuestro, Avemaría y Gloria.

Santa María Magdalena, que por causa de Cristo fuiste arrojada en el mar en un navío sin remos, sin velas, sin timón, a un evidente naufragio, y por virtud Divina fuiste librada de él: Padre nuestro, Avemaría y Gloria.

Santa María Magdalena, Apóstola de los Gentiles e Idólatras: Padre nuestro, Avemaría y Gloria.

Santa María Magdalena, ejemplar de vida contemplativa: Padre nuestro, Avemaría y Gloria.
 
Santa María Magdalena, Maestra del divino amor: Padre nuestro, Avemaría y Gloria.

Santa María Magdalena, Mártir en el espíritu y en el cuerpo: Padre nuestro, Avemaría y Gloria.

Santa María Magdalena, que por la pureza singular de tu Alma y cuerpo fuiste colocada por la Iglesia la primera en el Coro de las Vírgenes: Padre nuestro, Avemaría y Gloria.

Santa María Magdalena, singularmente amiga de la Reina de toda pureza: Padre nuestro, Avemaría y Gloria.

Santa María Magdalena, que conversaste familiarmente con los Ángeles, y fuiste favorecida de ellos: Padre nuestro, Avemaría y Gloria.

Santa María Magdalena, que viviste por treinta años sin sustento terreno: Padre nuestro, Avemaría y Gloria.

Santa María Magdalena, que siete veces al día fuiste levantada por los Ángeles en el aire para oír los cantos, y músicas celestiales: Padre nuestro, Avemaría y Gloria.

Santa María Magdalena, que en la Gruta de Marsella fuiste frecuentemente regalada y favorecida con la presencia visible de Cristo nuestro Señor: Padre nuestro, Avemaría y Gloria.

Santa María Magdalena, Serafín de amor: Padre nuestro, Avemaría y Gloria.

Santa Maria Magdalena, que fuiste llevada por los Ángeles a la Iglesia para recibir a Cristo Sacramentado: Padre nuestro, Avemaría y Gloria.

Santa María Magdalena, que abrasada con tu Dios Sacramentado espiraste de amor, por la vehemencia de la caridad: Padre nuestro, Avemaría y Gloria.

Santa María Magdalena, que te levantaste tan alta en la pureza, gracia y caridad, que fuiste de las tres almas que más agradaron al Verbo humanado sobre todos las demás Santos: Padre nuestro, Avemaría y Gloria.
   
℣. Ruega por nosotros, ¡Oh Seráfica María Magdalena!
℟. Para que seamos dignos de las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.
  
ORACIÓN
Señor mío Jesucristo, que concediste a Santa María Magdalena este singular privilegio que fuese de los Ángeles levantada en el aire siete veces al día para oír los cantos celestiales: te ruego por sus méritos e intercesión, levantes mi corazón de la tierra para que tenga siempre su conversación en el Cielo: Por Ti mismo, Redentor mío, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén

sábado, 17 de julio de 2021

Novena en Honor a nuestra abuelita Santa Ana

  


                     

                         

Primer Día

OFRENDA PARA TODOS LOS NUEVE DÍAS

Gloriosa Santa Ana, llena de compasión por los que te invocan y de amor por los que sufren, cargados con el peso de mis angustias me arrojo a tus pies y te ruego humildemente que tomes el presente asunto que te recomiendo bajo tu protección especial.

(Aquí pide el favor que deseas obtener.)

Dígnate  recomendarlo a tu hija, la Santísima Virgen María y colocarlo ante el trono de Jesucristo, para que Él pueda felizmente resolverlo. No ceses de interceder por mí hasta que mi petición sea concedida. Sobre todo, obtén para mí la gracia de un día poder contemplar a mi Dios cara a cara,  contigo, con Santa María y todos los santos, alabando y bendiciendo a Dios Todopoderoso por toda la eternidad. Amén

Ora un Padre Nuestro, Ave María, Gloria al Padre 


Padre nuestro que estás en el cielo, 
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu Reino;
hágase tu voluntad 
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy 
nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos 
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén. 

Dios te salve, María, 
llena eres de gracia;
el Señor es contigo.
Bendita Tú eres 
entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. 
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén 

Gloria al Padre
y al Hijo
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.



PRIMER DÍA

Gloriosa Santa Ana, graba indeleblemente en mi corazón y en mi mente las palabras que han reformado y santificado tantos pecadores: "¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?" Que este sea el fruto principal de estos ejercicios piadosos con los que me esforzaré por honrarte durante esta Novena. Inclinado ante tus pies renuevo mi resolución de invocarte diariamente, no solo para el éxito de mis asuntos temporales y para ser preservado de la enfermedad y el sufrimiento, sino sobre todo para ser preservado de todo pecado; para que pueda obtener la victoria sobre mis inclinaciones depravadas, y que pueda lograr mi salvación eterna. Oh mi poderosa Protectora, no dejes que pierda mi alma, sino obtén para mi la gracia de conquistar mi camino al Cielo, para ahí contigo, tu bienaventurado esposo y tu gloriosa hija,  cantar las alabanzas a la Santísima y adorable Trinidad, por y para siempre. Amén

Ora un Padrenuestro, Ave María y Gloria al Padre

PRÁCTICA: Honra a la Buena Santa Ana todos los días de tu vida, con una oración o breve jaculatoria.

Medita por un momento y reza la oración final, abajo.


ORACIÓN EN HONOR DE LA BENDITA VIRGEN Y SANTA ANA

Salve, llena de gracia, el Señor es contigo; tu gracia sea conmigo. Bendita eres entre todas las mujeres, y bendita es tu santa madre, Santa Ana, de la cual procediste sin mancha de pecado, oh Virgen María de ti nació Cristo Jesús, Hijo del Dios viviente; que es Dios, que vive y reina  en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos.  Amén 


Segundo Día 


OFRENDA PARA TODOS LOS NUEVE DÍAS

Gloriosa Santa Ana, llena de compasión por los que te invocan y de amor por los que sufren, cargados con el peso de mis angustias me arrojo a tus pies y te ruego humildemente que tomes el presente asunto que te recomiendo bajo tu protección especial.

(Aquí pide el favor que deseas obtener.) 

Dígnate  recomendarlo a tu hija, la Santísima Virgen María y colocarlo ante el trono de Jesucristo, para que Él pueda felizmente resolverlo. No ceses de interceder por mí hasta que mi petición sea concedida. Sobre todo, obtén para mí la gracia de un día poder contemplar a mi Dios cara a cara,  contigo, con Santa María y todos los santos, alabando y bendiciendo a Dios Todopoderoso por toda la eternidad. Amén

Ora un Padre Nuestro, Ave María, Gloria al Padre 


Padre nuestro que estás en el cielo, 
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu Reino;
hágase tu voluntad 
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy 
nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos 
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén. 

Dios te salve, María, 
llena eres de gracia;
el Señor es contigo.
Bendita Tú eres 
entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. 
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén 

Gloria al Padre
y al Hijo
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.



SEGUNDO DÍA

Gloriosa Santa Ana, ¿cómo no rebosar de ternura por los pobres pecadores como yo, si eres abuela de quien derramó la sangre por ellos y madre de quien los santos llaman abogada de los pecadores? A ti, por lo tanto, dirijo mis oraciones con confianza. Dígnate  encomendarme a Jesús y a María, para que, a petición tuya, me conceda la remisión de mis pecados, el don de la perseverancia, el amor de Dios, la caridad para los seres humanos y esta gracia especial que tanto necesito: [Aquí menciona tus intenciones]

¡Oh, mi poderosa protectora! No permitas que pierda mi alma, sino obtén para mí por los méritos de Jesucristo y la intercesión de la Santísima Virgen María que tenga la dicha de verlos, de amarlos y alabarlos contigo por toda la eternidad. Amén.

Ora un Padrenuestro, Ave María y Gloria al Padre



PRÁCTICA: Cuando reces a Santa Ana, no dejes de pedirle el amor de Jesús y María. Es la oración más beneficiosa que puedes ofrecer y siempre será concedida.

Medita por un momento y reza la oración final, abajo.


ORACIÓN EN HONOR DE LA BENDITA VIRGEN Y SANTA ANA
Salve, llena de gracia, el Señor es contigo; tu gracia sea conmigo. Bendita eres entre todas las mujeres, y bendita es tu santa madre, Santa Ana, de la cual procediste sin mancha de pecado, oh Virgen María de ti nació Cristo Jesús, Hijo del Dios viviente; que es Dios, que vive y reina  en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos.  Amén 






Tercer Día 

OFRENDA PARA TODOS LOS NUEVE DÍAS

Gloriosa Santa Ana, llena de compasión por los que te invocan y de amor por los que sufren, cargados con el peso de mis angustias me arrojo a tus pies y te ruego humildemente que tomes el presente asunto que te recomiendo bajo tu protección especial.

(Aquí pide el favor que deseas obtener.) 

Dígnate  recomendarlo a tu hija, la Santísima Virgen María y colocarlo ante el trono de Jesucristo, para que Él pueda felizmente resolverlo. No ceses de interceder por mí hasta que mi petición sea concedida. Sobre todo, obtén para mí la gracia de un día poder contemplar a mi Dios cara a cara,  contigo, con Santa María y todos los santos, alabando y bendiciendo a Dios Todopoderoso por toda la eternidad. Amén



Ora un Padre Nuestro, Ave María, Gloria al Padre 


Padre nuestro que estás en el cielo, 
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu Reino;
hágase tu voluntad 
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy 
nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos 
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén. 

Dios te salve, María, 
llena eres de gracia;
el Señor es contigo.
Bendita Tú eres 
entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. 
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén 

Gloria al Padre
y al Hijo
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.



TERCER DÍA

Amados de Jesús, María y José, Madre de la Reina del Cielo, tomadnos a nosotros y todos los que nos son queridos, bajo tu especial cuidado. Obtén para nosotros las virtudes que has infundido en el corazón de ella, que estaba destinada a ser la Madre de Dios, y las gracias con las que ha sido dotada. ¡Modelo sublime de feminidad cristiana! Ora para que podamos imitar tu ejemplo en nuestros hogares y familias, escucha nuestras súplicas, y obtén nuestras peticiones, Guardiana de la infancia y niñez de la Santísima Virgen María; obtén las gracias necesarias para todos los que entran en el estado matrimonial, que imitando tus virtudes santifiquen sus hogares y conduzcan a la gloria eterna a las almas que les han sido confiadas. Amén

Ora un Padrenuestro, Ave María y Gloria al Padre

PRÁCTICA: Pide a Dios, por intercesión de Santa Ana y de San Joaquín, las virtudes propias de tu estado de vida y la gracia de cumplir dignamente todas sus obligaciones.

Medita por un momento y reza la oración final, abajo.


ORACIÓN EN HONOR DE LA BENDITA VIRGEN Y SANTA ANA

Salve, llena de gracia, el Señor es contigo; tu gracia sea conmigo. Bendita eres entre todas las mujeres, y bendita es tu santa madre, Santa Ana, de la cual procediste sin mancha de pecado, oh Virgen María de ti nació Cristo Jesús, Hijo del Dios viviente; que es Dios, que vive y reina  en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos.  Amén 





Cuarto Día 

OFRENDA PARA TODOS LOS NUEVE DÍAS

Gloriosa Santa Ana, llena de compasión por los que te invocan y de amor por los que sufren, cargados con el peso de mis angustias me arrojo a tus pies y te ruego humildemente que tomes el presente asunto que te recomiendo bajo tu protección especial.

(Aquí pide el favor que deseas obtener.) 

Dígnate  recomendarlo a tu hija, la Santísima Virgen María y colocarlo ante el trono de Jesucristo, para que Él pueda felizmente resolverlo. No ceses de interceder por mí hasta que mi petición sea concedida. Sobre todo, obtén para mí la gracia de un día poder contemplar a mi Dios cara a cara,  contigo, con Santa María y todos los santos, alabando y bendiciendo a Dios Todopoderoso por toda la eternidad. Amén



Ora un Padre Nuestro, Ave María, Gloria al Padre 


Padre nuestro que estás en el cielo, 
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu Reino;
hágase tu voluntad 
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy 
nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos 
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén. 

Dios te salve, María, 
llena eres de gracia;
el Señor es contigo.
Bendita Tú eres 
entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. 
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén 

Gloria al Padre
y al Hijo
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.



CUARTO DÍA

Santa Gloriosa, me arrodillo en confianza a tus pies porque también has probado la amargura y el dolor de la vida. Mis necesidades, la causa de mis lágrimas, son las siguientes: [Aquí menciona tu intención]. Buena Santa Ana, tú que sufriste mucho durante los veinte años que precedieron a tu gloriosa maternidad, te suplico, por todos tus sufrimientos y humillaciones, me concedas mi petición. Te ruego que por el amor a tu glorioso esposo, por el amor a tu inmaculada hija, por la alegría que sentiste en el momento de su feliz nacimiento, no me rechaces. Bendecidme, bendice a mi familia y a todos los que me son queridos, para que algún día todos podamos estar contigo en la gloria del cielo por toda la eternidad. Amén

Ora un Padrenuestro, Ave María y Gloria al Padre

PRÁCTICA: La paciencia bajo el sufrimiento es el camino más corto hacia el cielo, y un gran signo de predestinación. Cuando las cruces te alcancen, pídele a Santa Ana que te dé paciencia y resignación para soportarlas.

Medita por un momento y reza la oración final, abajo.


ORACIÓN EN HONOR DE LA BENDITA VIRGEN Y SANTA ANA

Salve, llena de gracia, el Señor es contigo; tu gracia sea conmigo. Bendita eres entre todas las mujeres, y bendita es tu santa madre, Santa Ana, de la cual procediste sin mancha de pecado, oh Virgen María de ti nació Cristo Jesús, Hijo del Dios viviente; que es Dios, que vive y reina  en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos.  Amén 



Quinto Día 

OFRENDA PARA TODOS LOS NUEVE DÍAS

Gloriosa Santa Ana, llena de compasión por los que te invocan y de amor por los que sufren, cargados con el peso de mis angustias me arrojo a tus pies y te ruego humildemente que tomes el presente asunto que te recomiendo bajo tu protección especial.

(Aquí pide el favor que deseas obtener.) 


Dígnate  recomendarlo a tu hija, la Santísima Virgen María y colocarlo ante el trono de Jesucristo, para que Él pueda felizmente resolverlo. No ceses de interceder por mí hasta que mi petición sea concedida. Sobre todo, obtén para mí la gracia de un día poder contemplar a mi Dios cara a cara,  contigo, con Santa María y todos los santos, alabando y bendiciendo a Dios Todopoderoso por toda la eternidad. Amén


Ora un Padre Nuestro, Ave María, Gloria al Padre 


Padre nuestro que estás en el cielo, 
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu Reino;
hágase tu voluntad 
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy 
nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos 
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén. 

Dios te salve, María, 
llena eres de gracia;
el Señor es contigo.
Bendita Tú eres 
entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. 
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén 

Gloria al Padre
y al Hijo
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.


QUINTO DÍA

Gran santa, qué tan lejos estoy de parecerme a ti, tan fácilmente doy paso a la impaciencia y al desánimo; Y tan fácilmente dejo de orar  cuando Dios no me concede inmediatamente mi petición. Por eso estoy tan angustiado y tan necesitado de virtud. La oración es la llave de todos los tesoros celestiales y no puedo orar, porque mi débil fe y mi lánguida confianza me fallan al menor retraso de la misericordia divina. Oh mi poderosa Protectora, ven en mi ayuda, para que mi confianza y fervor, apoyados en las promesas de Jesucristo, se redoblen a medida que se prolonga la prueba a la que Dios en su bondad me somete, para que así pueda obtener, como tú , más de lo que me atrevo a pedir. En el futuro, recordaré que estoy hecho para el cielo y no para la tierra, para la eternidad y no para el tiempo; que, por consiguiente, debo pedir, sobre todo, la salvación de mi alma que está asegurada a todos los que oran debidamente y que perseveran en la oración. Amén

Ora un Padrenuestro, Ave María y Gloria al Padre

PRÁCTICA: Una de las gracias más grandes que puedes pedir a Dios a través de la intercesión de Santa Ana, es la confianza inquebrantable en la promesa hecha por Jesús a los que oran.

Medita por un momento y reza la oración final, abajo.


ORACIÓN EN HONOR DE LA BENDITA VIRGEN Y SANTA ANA

Salve, llena de gracia, el Señor es contigo; tu gracia sea conmigo. Bendita eres entre todas las mujeres, y bendita es tu santa madre, Santa Ana, de la cual procediste sin mancha de pecado, oh Virgen María de ti nació Cristo Jesús, Hijo del Dios viviente; que es Dios, que vive y reina  en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos.  Amén 


Sexto Día 


OFRENDA PARA TODOS LOS NUEVE DÍAS

Gloriosa Santa Ana, llena de compasión por los que te invocan y de amor por los que sufren, cargados con el peso de mis angustias me arrojo a tus pies y te ruego humildemente que tomes el presente asunto que te recomiendo bajo tu protección especial.

(Aquí pide el favor que deseas obtener.) 

Dígnate  recomendarlo a tu hija, la Santísima Virgen María y colocarlo ante el trono de Jesucristo, para que Él pueda felizmente resolverlo. No ceses de interceder por mí hasta que mi petición sea concedida. Sobre todo, obtén para mí la gracia de un día poder contemplar a mi Dios cara a cara,  contigo, con Santa María y todos los santos, alabando y bendiciendo a Dios Todopoderoso por toda la eternidad. Amén


Ora un Padre Nuestro, Ave María, Gloria al Padre 


Padre nuestro que estás en el cielo, 
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu Reino;
hágase tu voluntad 
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy 
nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos 
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén. 

Dios te salve, María, 
llena eres de gracia;
el Señor es contigo.
Bendita Tú eres 
entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. 
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén 

Gloria al Padre
y al Hijo
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.



SEXTO DÍA

Gloriosa Santa Ana, madre de la augusta Madre de Dios, te ruego que obtengas, por tu intercesión, el perdón de mis pecados y la ayuda que necesito en mis problemas. ¿Qué no puedo esperar si te dignas tomarme bajo tu protección? El Altísimo se ha complacido en conceder las oraciones de los pecadores siempre que has sido lo suficientemente caritativa como para ser su  abogada. Humildemente postrado a tus pies, te ruego que me ayudes en todos los peligros espirituales y temporales; para guiarme en el verdadero camino de la perfección Cristiana y, finalmente, para obtener la gracia de concluir mi vida con la muerte de los justos, para que pueda contemplar cara a cara a tu amado Jesús ya tu hija María en tu amorosa compañía por toda la eternidad. Amén

Ora un Padrenuestro, Ave María y Gloria al Padre

PRÁCTICA: Invoca la ayuda de Santa Ana siempre que Dios te pida que hagas un doloroso y difícil sacrificio; ella lo hará más fácil para ti.

Medita por un momento y reza la oración final, abajo.


ORACIÓN EN HONOR DE LA BENDITA VIRGEN Y SANTA ANA

Salve, llena de gracia, el Señor es contigo; tu gracia sea conmigo. Bendita eres entre todas las mujeres, y bendita es tu santa madre, Santa Ana, de la cual procediste sin mancha de pecado, oh Virgen María de ti nació Cristo Jesús, Hijo del Dios viviente; que es Dios, que vive y reina  en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos.  Amén 


Séptimo Día 

 

OFRENDA PARA TODOS LOS NUEVE DÍAS

Gloriosa Santa Ana, llena de compasión por los que te invocan y de amor por los que sufren, cargados con el peso de mis angustias me arrojo a tus pies y te ruego humildemente que tomes el presente asunto que te recomiendo bajo tu protección especial.

(Aquí pide el favor que deseas obtener.) 

Dígnate  recomendarlo a tu hija, la Santísima Virgen María y colocarlo ante el trono de Jesucristo, para que Él pueda felizmente resolverlo. No ceses de interceder por mí hasta que mi petición sea concedida. Sobre todo, obtén para mí la gracia de un día poder contemplar a mi Dios cara a cara,  contigo, con Santa María y todos los santos, alabando y bendiciendo a Dios Todopoderoso por toda la eternidad. Amén


Ora un Padre Nuestro, Ave María, Gloria al Padre 


Padre nuestro que estás en el cielo, 
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu Reino;
hágase tu voluntad 
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy 
nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos 
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén. 

Dios te salve, María, 
llena eres de gracia;
el Señor es contigo.
Bendita Tú eres 
entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. 
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén 

Gloria al Padre
y al Hijo
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.



SÉPTIMO DÍA

Buena Santa Ana, tan justamente llamada madre de los enfermos y la cura de los que padecen enfermedades, mira con bondad a los enfermos por los que pido; alíviale sus sufrimientos; Haz que santifiquen sus sufrimientos con paciencia y completa sumisión a la voluntad divina; por último, dignos en obtener la salud para ellos y con ella, la firme resolución de honrar a Jesús, a María y a ti misma por el fiel cumplimiento de los deberes. Pero, misericordiosa Santa Ana, te pido sobre todo la salvación del alma, más que la salud corporal, pues estoy convencido de que esta vida efímera se nos da sólo  para asegurarnos una vida mejor. Ahora bien, no podemos obtener esa vida mejor sin la ayuda de las gracias de Dios; por lo tanto les suplico fervientemente por los enfermos y por mí, por los méritos de Nuestro Señor Jesucristo, por la intercesión de Su Madre Inmaculada y por tu eficaz y poderosa  mediación, Oh gloriosa Santa Ana. Amén


Ora un Padrenuestro, Ave María y Gloria al Padre

PRÁCTICA: Una manera segura de hacerse queridos a Santa Ana es ser caritativo a sus hermanos, todos los cuales son sus hijos. Aplíquense a aliviar sus necesidades corporales; sed celosos de su salvación; nunca deje pasar un día sin orar por la conversión de los pecadores y la liberación de las almas en el Purgatorio.

Medita por un momento y reza la oración final, abajo.


ORACIÓN EN HONOR DE LA BENDITA VIRGEN Y SANTA ANA

Salve, llena de gracia, el Señor es contigo; tu gracia sea conmigo. Bendita eres entre todas las mujeres, y bendita es tu santa madre, Santa Ana, de la cual procediste sin mancha de pecado, oh Virgen María de ti nació Cristo Jesús, Hijo del Dios viviente; que es Dios, que vive y reina  en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos.  Amén 


Día  8

OFRENDA PARA TODOS LOS NUEVE DÍAS

Gloriosa Santa Ana, llena de compasión por los que te invocan y de amor por los que sufren, cargados con el peso de mis angustias me arrojo a tus pies y te ruego humildemente que tomes el presente asunto que te recomiendo bajo tu protección especial.

(Aquí pide el favor que deseas obtener.) 

Dígnate  recomendarlo a tu hija, la Santísima Virgen María y colocarlo ante el trono de Jesucristo, para que Él pueda felizmente resolverlo. No ceses de interceder por mí hasta que mi petición sea concedida. Sobre todo, obtén para mí la gracia de un día poder contemplar a mi Dios cara a cara,  contigo, con Santa María y todos los santos, alabando y bendiciendo a Dios Todopoderoso por toda la eternidad. Amén


Ora un Padre Nuestro, Ave María, Gloria al Padre 


Padre nuestro que estás en el cielo, 
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu Reino;
hágase tu voluntad 
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy 
nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos 
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén. 

Dios te salve, María, 
llena eres de gracia;
el Señor es contigo.
Bendita Tú eres 
entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. 
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén 

Gloria al Padre
y al Hijo
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.



OCTAVO DÍA

Recuerda, oh Santa Ana, tú cuyo nombre significa gracia y misericordia, que jamás se ha escuchado decir que ninguno de los que han acudido a tu protección, implorando tu ayuda y  ha buscado tu intercesión, haya sido desamparado de ti. Inspirado por esta confianza, acudo a ti, buena y amable madre; me refugio a tus pies y, pecador como soy, me atrevo a comparecer ante ti, gimiendo bajo el peso de mis pecados. Santa Madre de la Inmaculada Virgen María, no desprecies mis súplicas, antes bien, escúchame y concede mi oración. Amén

Ora un Padrenuestro, Ave María y Gloria al Padre

PRÁCTICA: La santidad es el don más elevado al que una criatura puede aspirar. Con la ayuda de la gracia divina puedes obtenerla. Dios incluso te ordena luchar por ella con todas tus fuerzas: por eso eres Cristiano. Haz la resolución de hacer todo lo que esté a su alcance para ganar ese tesoro. Ha habido santos en todas las condiciones de vida; ¿Por qué no puedes, con la ayuda de Dios, hacer lo que ellos han hecho?

Medita por un momento y reza la oración final, abajo.


ORACIÓN EN HONOR DE LA BENDITA VIRGEN Y SANTA ANA

Salve, llena de gracia, el Señor es contigo; tu gracia sea conmigo. Bendita eres entre todas las mujeres, y bendita es tu santa madre, Santa Ana, de la cual procediste sin mancha de pecado, oh Virgen María de ti nació Cristo Jesús, Hijo del Dios viviente; que es Dios, que vive y reina  en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos.  Amén 





Día  9

OFRENDA PARA TODOS LOS NUEVE DÍAS

Gloriosa Santa Ana, llena de compasión por los que te invocan y de amor por los que sufren, cargados con el peso de mis angustias me arrojo a tus pies y te ruego humildemente que tomes el presente asunto que te recomiendo bajo tu protección especial.

(Aquí pide el favor que deseas obtener.) 

Dígnate  recomendarlo a tu hija, la Santísima Virgen María y colocarlo ante el trono de Jesucristo, para que Él pueda felizmente resolverlo. No ceses de interceder por mí hasta que mi petición sea concedida. Sobre todo, obtén para mí la gracia de un día poder contemplar a mi Dios cara a cara,  contigo, con Santa María y todos los santos, alabando y bendiciendo a Dios Todopoderoso por toda la eternidad. Amén


Ora un Padre Nuestro, Ave María, Gloria al Padre 


Padre nuestro que estás en el cielo, 
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu Reino;
hágase tu voluntad 
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy 
nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos 
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén. 

Dios te salve, María, 
llena eres de gracia;
el Señor es contigo.
Bendita Tú eres 
entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. 
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén 

Gloria al Padre
y al Hijo
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.



NOVENO DÍA

Santísima Madre de la Virgen María, gloriosa santa Ana, yo, miserable pecador, confiado en tu bondad, te escojo hoy como mi abogada especial. Ofrezco y consagro mi persona y todos mis intereses a tu asistencia y cuidado maternal. Quiero servirte y honrarte toda mi vida por el amor de tu hija santísima y hacer todo lo que esté a mi alcance para difundir tu devoción.

Oh mi buenisima Madre y abogada, dígnate aceptarme como tu siervo y adoptarme como tu hijo. Oh gloriosa reina, te ruego, por la pasión de mi muy amado Jesús, el Hijo de María, tu santísima hija, que me ayudes en todas las necesidades de mi cuerpo y de mi alma. Venerable Madre, te ruego que me obtengas la gracia de llevar una vida perfectamente conforme en todas las cosas a la voluntad divina. Pongo mi alma en tus manos y en las de tu buena hija; te la confío, sobre todo en el momento en que estará lista a separarse de mi cuerpo para que compareciendo bajo tu patrocinio ante el Juez Supremo; que Él pueda encontrarla digna de gozar de Su presencia divina en tu santa compañía en cielo. Amén

Ora un Padrenuestro, Ave María y Gloria al Padre

PRÁCTICA: Ore diariamente a Santa Ana para obtener el amor de Jesús y María y por obtener la victoria sobre esa inclinación al mal que más daña tu alma.

Medita por un momento y reza la oración final, abajo.


ORACIÓN EN HONOR DE LA BENDITA VIRGEN Y SANTA ANA

Salve, llena de gracia, el Señor es contigo; tu gracia sea conmigo. Bendita eres entre todas las mujeres, y bendita es tu santa madre, Santa Ana, de la cual procediste sin mancha de pecado, oh Virgen María de ti nació Cristo Jesús, Hijo del Dios viviente; que es Dios, que vive y reina  en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos.  Amén 

A Nuestra Señora de los Dolores 🌷🌷🌷

  Señora y Madre nuestra: tu estabas serena y fuerte junto a la cruz de Jesús. Ofrecías tu Hijo al Padre para la redención del mundo. Lo per...