miércoles, 7 de diciembre de 2016

Advertencia profética de San Ambrosio contra el malvado obispo.

Revelaciones Celestiales a Santa Brígida de Suecia - Libro 3
Palabras de Ambrosio a la novia ofreciendo una alegoría sobre el hombre, su esposa y su sirvienta, y sobre cómo este adúltero simboliza un malvado obispo mientras que su esposa simboliza a la Iglesia y su sirvienta al amor hacia este mundo, y sobre la severa sentencia de aquellos más apegados al mundo que a la Iglesia.

Capítulo 6

“Soy el Obispo Ambrosio. Estoy apareciéndome a ti y hablándote en alegoría porque tu corazón es incapaz de recibir un mensaje espiritual sin comparación física alguna. Había una vez un hombre cuya esposa legítimamente casada era encantadora y prudente. Sin embargo, a él le gustaba más la sirvienta que su esposa. Esto tuvo tres consecuencias. La primera es que las palabras y los gestos de la sirvienta le deleitaban más que los de su esposa. La segunda es que vestía a la sirvienta con finas ropas sin que le importara que su esposa estuviese vestida con harapos comunes. La tercera es que estaba acostumbrado a pasar nueve horas con la sirvienta y sólo la décima hora con su esposa. El pasó la primera hora al lado de la sirvienta, disfrutando al contemplar su belleza. Pasó la segunda hora durmiendo en sus brazos. Pasó la tercera hora alegremente haciendo labores manuales para el confort de la sirvienta.



Pasó la cuarta hora tomando un descanso físico con ella tras su arduo trabajo. Pasó la quinta hora inquieto mentalmente, preocupándose sobre cómo proveer por ella. Pasó la sexta hora descansando con ella, viendo ahora que ella aprobaba totalmente lo que él había hecho por ella. A la hora séptima el fuego de la lujuria carnal entró en él. Pasó la octava hora satisfaciendo su vehemente lujuria con ella. A la novena hora descuidó ciertas tareas que, sin embargo, le habría gustado llevar a cabo. Pasó la décima hora ejecutando algunas tareas que no le apetecía hacer. Y sólo durante esta hora permaneció con su esposa. Uno de los parientes de su esposa vino al adúltero y le reprochó fuertemente, diciéndole: 'Vuelve el afecto de tu mente hacia tu esposa legítimamente casada. Ámala y vístela como le corresponde, y pasa nueve horas con ella y sólo la décima hora con la sirvienta. Si no, estate atento, porque morirás de una horrible y repentina muerte.'






Jorge Bergoglio captado en pantalla, durante la llamada “audiencia jubilar”, realizada en la Plaza de San Pedro en el Vaticano, Ene-30-2016. © AFP

Por el adúltero me refiero a alguien que ostenta el oficio de obispo por el bien de proveerle a la Iglesia, pero, a pesar de ello, lleva una vida adúltera. Él se ha unido a la santa Iglesia en unión espiritual para que sea su novia más querida, pero retira su afecto de ella y ama al servil mundo mucho más que a su noble dama y novia. De este modo, hace tres cosas. Primero, se regocija más de fraudulenta adulación del mundo que de una obediente disposición hacia la santa Iglesia. Segundo, ama los adornos mundanos, pero le preocupa poco la falta de adorno material o espiritual de la Iglesia. Tercero, pasa nueve horas en el mundo y sólo una de las diez en la santa Iglesia. De acuerdo con esto, pasa la primera hora en buen ánimo, contemplando la belleza del mundo con deleite.
»¡Ay de ustedes cuando todo el mundo los alabe, pues así hacían los antepasados de esa gente con los falsos profetas!
Lucas 6:26

Pasa la segunda hora durmiendo dulcemente en los brazos del mundo, esto es, entre sus altas fortificaciones y la vigilancia de sus ejércitos, felizmente confiado de poseer seguridad física a causa de estas cosas. Pasa la tercera hora haciendo animadamente labores manuales por el bien de la ventaja mundana, para que pueda obtener el disfrute físico del mundo. Pasa la cuarta hora tomando alegremente un descanso físico después de su arduo trabajo, ahora que tiene suficientes medios. Pasa la quinta hora inquieto en su mente de diferentes maneras, preocupándose sobre cómo puede parecer ser sabio en asuntos mundanos.


Durante la sexta hora experimenta una agradable tranquilidad de mente, viendo que las gentes mundanas en todo lugar aprueban lo que ha hecho. En la hora séptima oye y ve los placeres mundanos y con disposición abre su lujuria a ellos. Esto causa que un fuego arda impaciente e intolerablemente en su corazón. En la octava hora lleva a cabo en acto lo que antes había estado meramente en su ardiente deseo. Durante la novena hora omite descuidadamente ciertas tareas que había querido hacer sólo por motivos mundanos, para no ofender a aquellos por los cuales siente un simple afecto natural. En la hora décima él a desgana ejecuta unas pocas buenas obras, temeroso de que pueda ser encontrado en desdén y gane una mala reputación o reciba una dura sentencia severa si por alguna razón enteramente descuida hacerlas.

Está acostumbrado a pasar únicamente su décima hora con la santa Iglesia, haciendo lo que hace, no por amor sino por temor. Tiene miedo, desde luego, del castigo de los fuegos del infierno. Si él pudiera vivir para siempre en confort físico y con muchas posesiones mundanas, no se preocuparía de perder la felicidad del cielo. Por ello, juro por ese Dios que no tiene principio y que vive sin fin, y afirmo con certeza que, a menos que regrese pronto a la santa Iglesia y pase nueve horas con ella y sólo la décima con la sirvienta, es decir, con el mundo – no por amarlo sino por poseer con renuencia la riqueza y honor de su oficio episcopal, y arreglando todo con humildad y razonablemente para la gloria de Dios – entonces la herida espiritual en su alma será tan grave – para hacer una comparación física – como la herida de un hombre golpeado tan terriblemente en la cabeza que su cuerpo entero está arruinado hasta las plantas de sus pies, con sus venas y músculos estallados, y sus huesos despedazados y la médula chorreando horriblemente en todas direcciones.

Tan severamente atormentado como parece el corazón en un cuerpo golpeado tan violentamente en su cabeza y las partes del cuerpo cercanas a la cabeza, que hasta las mismísimas plantas de sus pies duelen a pesar de estar más alejadas, igualmente torturada severamente aparecerá esa alma miserable que esté más cerca del estallido de la justicia divina, cuando en su conciencia se vea a sí misma siendo herida insoportablemente en todos lados.”



Las palabras de la Virgen a la novia comparando el obispo amante de lo mundano a fuelles llenos de aire o a un caracol echado en la mugre, y sobre la sentencia administrada a semejante obispo, que es totalmente lo opuesto al Obispo Ambrosio.

Capítulo 7

“Las Escrituras dicen: 'Aquel que ama a su propia alma en este mundo la perderá.' Ahora, este obispo amaba a su propia alma con todos sus deseos, y no había inclinaciones espirituales en su corazón. Bien podía ser comparado a los fuelles llenos de aire cercanos a una forja. Así como queda un resto de aire en los fuelles una vez que los carbones se han apagado y el metal rojo caliente está fluyendo, así también, aunque este hombre le ha dado a su naturaleza todo lo que ansía, perdiendo inútilmente su tiempo, todavía quedan en él las mismas inclinaciones como el aire en los fuelles. Su voluntad está inclinada al orgullo mundano y a la lujuria. A causa de estos vicios, ofrece una excusa y un ejemplo pecaminoso a las personas con corazones endurecidos quienes, desperdiciados en pecados, son arrojados al infierno.



Ésta no era la actitud del buen Obispo Ambrosio. Su corazón estaba lleno de la voluntad de Dios. Comía y dormía con moderación. Expulsaba el deseo de pecado y empleaba su tiempo útil y moralmente, bien podría ser llamado un fuelle de virtud. Curó las heridas del pecado con palabras de verdad. Inflamó a aquellos que se habían enfriado en el amor a Dios mediante el ejemplo de sus propias buenas obras. Refrescó a aquellos que se estaban quemando en deseo pecaminoso mediante la pureza de su vida. De este modo, ayudó a muchas personas a evitar entrar a la muerte del infierno, porque el amor divino permaneció en él todo el tiempo que vivió.

Este Obispo, por otro lado, es como un caracol que se reclina en su suciedad de origen y arrastra su cabeza por el suelo. De modo similar, este hombre se reclina y tiene su deleite en pecaminosa abominación, dejando que su mente sea arrastrada a lo mundano antes que al pensamiento de la eternidad. Yo le haría reflexionar sobre tres cosas: primero, la manera en la que ha ejercido su ministerio sacerdotal. Segundo, el significado de esta frase del Evangelio: 'Visten pieles de oveja pero por dentro son como lobos rabiosos.' Tercero, la razón por la cual su corazón arde por las cosas temporales pero es frío hacia el Creador de todas las cosas.”
 




Capítulo 11 sobre cómo un obispo imprudente es comparado a un mono a causa de su necedad y malvada vida.


Este obispo, sin embargo, no es rico de esa manera. Es como un mono con cuatro rasgos distintivos. El primero es un disfraz que ha sido hecho para él que le cuelga y esconde su torso pero deja sus partes íntimas completamente expuestas. El segundo es que toca cosas apestosas con sus dedos y se los lleva a la boca. El tercero es que tiene cara de humano, aunque el resto de su color y apariencia es la de un animal salvaje. El cuarto es que, aunque tiene ambas manos y pies, pisotea la suciedad con sus manos y dedos. Ese obispo necio es como un mono, curioso acerca de la vanidad del mundo, demasiado deformado para cualquier acción que merezca elogio.

Viste un disfraz, esto es, su ordenación episcopal, que es honorable y preciosa a la vista de Dios, pero sus partes íntimas desnudas están expuestas, pues la frivolidad de su carácter y su lujuria carnal son mostrados a los demás y traen ruina a las almas. Esto va contra lo que aquel noble caballero dice acerca de cómo a las partes más vergonzosas de un hombre se les da el mayor honor, queriendo decir mediante esto que los instintos animales de los sacerdotes deben ser escondidos con buenas obras, de manera que los débiles no se escandalicen a causa de su ejemplo.
...
Este hombre, también, posee un alma estampada con el sello de Dios pero deformada mediante su propia avaricia. En el cuarto lugar, así como un mono toca y revuelve la suciedad con sus pies y manos, así también este hombre codicia las cosas de la tierra en sus apetitos y acciones, apartando su rostro del cielo y bajándola a la tierra como un animal abstraído. ¿Aminora un hombre como ése la ira de Dios? No, en absoluto, él más bien provoca la justicia de Dios contra sí mismo.”
  (Fin de Cita)
 
 

San Ambrosio : “Incluso los herejes parecen tener a Cristo, porque ninguno de ellos niega el nombre de Cristo; sin embargo, todo aquel que no confiesa todo lo que pertenece a Cristo, de hecho niega a Cristo”.

San Ambrosio (Catena Aurea)


Místicamente, la abominación de la desolación es la venida del Anticristo, porque manchará el interior de las almas con infaustos sacrilegios, sentándose en el templo, según la historia, para usurpar el solio de la divina majestad. Esta es la interpretación espiritual de este pasaje; deseará confirmar en las almas la huella de su perfidia, tratando de hacer ver por las Escrituras que él es Cristo. Entonces se aproximará la desolación, porque muchos desistirán cansados de la verdadera religión. Entonces será el día del Señor, porque como su primera venida fue para redimir los pecados, la segunda será para castigarlos, a fin de que no incurra la mayor parte en el error de la perfidia. Hay otro Anticristo, que es el diablo, el cual trata de sitiar a Jerusalén (esto es, al alma pacífica), con la fuerza de su ley. Así, pues, cuando el diablo se halla en medio del templo, es la abominación de la desolación. Pero cuando brilla en nuestros trabajos la presencia espiritual de Cristo, huye el enemigo y empieza a reinar la justicia. El tercer Anticristo es Arrio y Sabelio y todos los que nos seducen con mala intención. Tales (los que desistan cansados de la verdadera religión) son las embarazadas, de quienes se dijo: ¡ay de ellas! las cuales prolongan la ruina de su carne y disminuyen la velocidad de su marcha en lo íntimo de sus almas, de modo que son incapaces para la virtud y fértiles para los vicios. Pero ni siquiera aquellas embarazadas que se hallan fundadas en el esfuerzo de las buenas obras, y que todavía no han producido ninguna, están libres de la condenación. Algunas conciben por temor de Dios; pero no todas dan a luz; algunas hacen abortar la palabra antes de dar fruto; y otras tienen a Cristo en su seno, pero sin que llegue a formarse. Por tanto, la que da a luz la justicia, da a luz a Cristo. Así, pues, apresurémonos a destetar a nuestros niños, para que no nos sorprenda el día del juicio o de la muerte antes de que estén formados. No sucederá así, si conserváis en vuestro corazón todas las palabras de justicia y no esperáis al tiempo de la vejez, y si concebís luego en la primera edad la sabiduría y la alimentáis sin la corrupción del cuerpo. Al fin del mundo se someterá toda Judea a las naciones creyentes por la palabra espiritual, que es como una espada de dos filos ( Ap 1,16; Ap 19,15).


 “De la misma manera que Noé y sus hijos, salvos en el arca, evitaron perecer en el diluvio, así también los hombres podrán evitar el diluvio de la eterna condenación si prontamente recurren al arca espiritual, es decir, si se refugian en la intercesión de los santos”. (San Ambrosio Sobre el arca de Noé, 7).
 

1 comentario:

  1. Muy bueno, te leo siempre, espero poder saludarte antes de Navidad...

    Dios y la Virgen te bendigan

    PD la canción de fondo es hermosa

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