R. Señor, danos sacerdotes santos.
V. Para que nos acompañen a la hora de nuestra muerte, y ofrezcan la Santa Misa por nosotros



♰♰♰

viernes, 22 de julio de 2022

Santa María Magdalena Penitente: Patrona de las ex-prostitutas, de los pecadores arrepentidos, modelo de conversión y penitencia

 

Santa María Magdalena lavó los pies de Nuestro Señor Jesucristo con sus lágrimas y los secó con sus cabellos.

Patrona: contra la tentación sexual, de los pecadores penitentes, de las prostitutas arrepentidas y reformadas.

Martirologio Romano: Memoria de santa María Magdalena, que, liberada por el Señor de siete demonios y convertida en su discípula, le siguió hasta el monte Calvario y mereció ser la primera que vio al Señor resucitado en la mañana de Pascua y la que se lo comunicó a los demás discípulos (s. I).

22 de julio
SANTA MARÍA MAGDALENA,
Penitente
† siglo I

Patrona de los conversos; pecadores arrepentidos; mujeres; quienes llevan una vida contemplativa; peluqueros; farmacéuticos; personas ridiculizadas por su piedad; perfumerías y fabricantes de perfumes; fabricantes de guantes.
Se la invoca en las tentaciones (en especial las que atentan contra la virtud de la pureza).

Tres santos, dijo nuestro Señor a Santa Brígida de Suecia, me han sido más agradables que todos los demás: María mi madre, Juan el Bautista y María Magdalena". Los Padres nos dicen que Magdelene es un tipo de Iglesia Gentil llamada desde la profundidad del pecado a la santidad perfecta ~ Dom Prosper Guéranger.


Santo Tomás de Aquino nos enseña: 

 

“Quien no se arrepiente de verdad, no ama de veras; es evidente que cuanto más queremos a una persona, tanto más nos duele haberla ofendido. Es, pues, este uno más de los efectos del amor.”  (Sobre la caridad, 1. c., 205).


Santa María Magdalena puede obtenerle el don del verdadero arrepentimiento a los que la invocan




La tradición católica  siguiendo a los Padres latinos, entre ellos San Agustín, San León y San Gregorio Magno, identifican a Santa María Magdalena con María de Betania, la hermana de San Lázaro y de Santa Marta, y también con la pecadora penitente mencionada en San Lucas (7, 36-50).
La liturgia tradicional siguiendo a los Padres Latinos venera a Santa María Magdalena como penitente. 
 Cabe aclarar que los padres griegos prefirieron distinguir a dos, (o tres) mujeres porque ellos entendieron perfectamente que la mujer pecadora de San Lucas 7 era una prostituta: San Juan Crisóstomo la llama: “aquella meretriz de que nos hace mención San Lucas”. Sin embargo, el mismo San Juan Crisóstomo señala que esta mujer pecadora se vuelve penitente.


Crisóstomo in Mat. hom. 6
Así sucedió que esta mujer pecadora se hizo más honesta que las vírgenes, después que se consagró a la penitencia y se dedicó a amar a Dios. Y todo esto que se ha dicho, se hacía exteriormente, pero lo que revolvía su intención, y que sólo Dios veía, era mucho más ferviente.

 

Crisóstomo in Mat hom. 6
Así como después de un crudo invierno, aparece la calma de la primavera, así después de la efusión de lágrimas, aparece la tranquilidad y termina la tristeza que ocasionan las culpas. Y así como por medio del agua y del espíritu nos purificamos, así también por medio de las lágrimas y de la confesión. Por esto sigue: "Por lo cual le dijo: que perdonados le son muchos pecados, porque amó mucho". Los que con violencia obraron el mal, también con el mismo fervor se dedican a obrar bien cuando conocen lo mucho que deben. 

 

Crisóstomo in Mat hom. 38
Necesitamos que nuestra alma sea fervorosa, porque no hay impedimento alguno para que el hombre se engrandezca. Ninguno de los que pecan mucho desespere ni tampoco se duerma el que practique la virtud. Este no debe confiar porque muchas veces le precederá una prostituta, ni tampoco desconfíe aquél, porque es posible que aventaje aun a los más santos. Por esto se añade: "Dijo a ella: Perdonados te son tus pecados".

 

 

San Cirilo:
Sin embargo, una mujer de vida deshonesta, manifestando un fiel afecto, viene a Cristo para que la libre de toda culpa y le conceda el perdón de todos los pecados cometidos. Prosigue, pues: "Y una mujer pecadora que había en la ciudad, cuando supo que estaba a la mesa, llevó un vaso de alabastro, lleno de ungüento", etc. (San Lucas, 7:36-50)

 

Esta María es aquella misma que derramó sobre el Señor el perfume, y le limpió los pies con sus cabellos; de la cual era hermano el Lázaro que estaba enfermo.
Juan 11:2 

 

Catena Aurea Alcuino: Y como había muchas mujeres con este nombre, a fin de no errar, nos la señala por una acción muy conocida: "Y María era la que había ungido al Señor con ungüento", etc. 

 

San Gregorio Magno, homiliae In Evangelia, 33,1

O bien podrá decirse que ésta es la misma mujer que San Lucas llama pecadora y San Juan llama María. 


 

Marcos 16:9 Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena, de quien había echado siete demonios.

San Gregorio Magno, homilia in Evangelia, 21

Así como Sansón no sólo salió de Gaza a medianoche, sino que se llevó las puertas, así resucitando antes del día nuestro Redentor no solamente salió libre del infierno, sino que también destruyó sus barreras. San Marcos dice que el Señor lanzó siete demonios de María, y ¿qué significan estos siete demonios sino los todos los vicios del mundo? Porque así como se comprende todo el tiempo en siete días, se comprenden o representan todas las cosas en el número siete. Por eso los siete demonios que tuvo María significan todos los vicios de que estuvo llena. 


Teofilacto
O es que representa el Evangelista en estos demonios a los siete espíritus contrarios a las virtudes, como el espíritu sin temor de Dios, sin sabiduría, sin entendimiento, o sin otro cualquiera de los dones del Espíritu Santo.

 

Pseudo Jerónimo
Así pues, se manifiesta primero a ella, de quien había lanzado siete demonios, porque las meretrices y los publicanos precederán a la sinagoga en el reino de Dios, como el ladrón precedió a los Apóstoles. 

 

Beda
Con razón, pues, se recuerda que esta mujer, que fue la primera que anunció la alegría de la resurrección del Señor, había sido librada de siete demonios, para que no desespere del perdón de sus pecados ninguno que haga verdadera penitencia, y para hacer ver que donde abundó el pecado sobreabunda la gracia.


 

Magdalena María de la que Jesús habían echado siete demonios (Lucas 8:2).
San Beda en Catena Aurea nos dice:


María Magdalena es aquella misma de quien dijo en el capítulo precedente, callando su nombre, que había hecho penitencia. Con toda oportunidad el evangelista la da a conocer con este nombre, cuando dice que seguía a Jesucristo. Pero cuando la describe como pecadora (pero penitente), la llama solamente mujer, para no empañar un nombre de tanta fama con el recuerdo de los pasados extravíos, de quien se dice habían salido siete demonios, significando que había tenido todos los vicios.
San Gregorio in Evang. hom. 33
 

¿Qué se entiende por siete demonios, sino todos los vicios? Pues como en siete días se presenta todo el tiempo, así el número siete representa la universalidad. María tuvo siete demonios, porque había cometido toda clase de pecados. 





San Ambrosio:

San Mateo cita a esta mujer derramando perfumes sobre la cabeza del Señor. Por eso no quiso decir pecadora, porque la pecadora, como dice San Lucas, los derramó sobre sus pies. Puede también no ser la misma y entonces no aparece contradicción entre lo que dicen los evangelistas. Para resolver esta cuestión de la diferencia de mérito y de tiempo, se puede decir que aquélla era todavía pecadora y que ésta era ya más perfecta. 


San Agustín, De cons. Evang., lib. 2. cap. 39 en Catena Aurea nos dice:

Yo creo que debe entenderse que fue la misma María la que hizo esto dos veces. Una vez, como dice San Lucas, cuando se acercó primeramente con humildad y lágrimas, mereciendo el perdón de sus pecados. De aquí, San Juan, cuando empezó a hablar de la resurrección de Lázaro, antes que Jesús viniese a Betania, dijo: "Y María era la que había ungido al Señor con un ungüento y la que había enjugado los pies de Jesús con sus cabellos, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo" ( Jn 11,2). María ya había hecho esto y lo volvió a hacer en Betania, y aunque San Lucas no lo dice, sí lo refieren los otros evangelistas.  

 

San Agustín De cons. evang., 2, 79
O bien al decir esto San Juan apoya a San Lucas, que refiere que este hecho tuvo lugar en casa de un cierto fariseo llamado Simón. Ya María había hecho esto; mas esto mismo que hizo en Betania por segunda vez, no lo cuenta San Lucas, pero lo refieren a la vez los otros tres evangelistas.
Alcuino. (Catena Aurea)

Debemos notar que la primera vez sólo había ungido los pies, pero ahora ungió los pies y la cabeza. Allí se significan los principios, que son la penitencia; aquí la justicia de las almas perfectas, pues por la cabeza del Señor se entiende la sublimidad de la divinidad, y por los pies la humildad de la encarnación. O bien, por la cabeza se entiende el mismo Cristo y por los pies los pobres, que son sus miembros.

San Agustín, De consensu Evangelistarum, 2, 79

En cuanto a mí, creo que la única mujer que se echó a los pies de Jesús fue María la pecadora, quien lo hizo dos veces: una cuando, como refiere San Lucas, acercándose con humildad y lágrimas en los ojos, mereció la remisión de sus pecados. Esto es lo que refiere San Juan cuando habla de la resurrección de Lázaro, antes de que fuera Jesús a Betania, diciendo: "Esta María es aquella misma que derramó sobre el Señor el perfume, y le limpió los pies con sus cabellos, de la cual era hermano el Lázaro que estaba enfermo" ( Jn 11,2). Este hecho, pues, repetido en Betania, del que no se hace mención en San Lucas, es referido de la misma manera por los otros tres Evangelistas. Ahora bien, diciendo San Mateo y San Marcos que derramó aquel bálsamo sobre la cabeza del Señor, y San Juan que fue sobre los pies, debemos admitir que le derramó sobre ambas partes. Pero si alguno arguye que una vez quebrado el vaso, según San Marcos, y derramado el bálsamo, no puede quedar residuo alguno con que ungir también los pies del Salvador, contestará el cristiano que no se quebró el vaso de modo que se derramase todo el bálsamo, o más bien, que después de ungidos los pies se rompió el vaso para perfumar con lo que quedaba la cabeza.

San Agustín, De consensu Evangelistarum 2, 78

Parece que hay contradicción entre el modo de referir de San Mateo y San Marcos (que dicen que la Pascua era dos días después, y que Jesús se hallaba entonces en Betania, en donde tuvo lugar el hecho del bálsamo) y la narración de San Juan, (que dice que Jesús fue a dicha ciudad seis días antes de Pascua, y refiere después lo del bálsamo). Pero desaparece toda duda sobre este punto desde el momento en que comprendemos que San Mateo y San Marcos no se refieren al hecho del bálsamo cuando dicen dos días después, sino que, recapitulando, hacen mención de él, habiendo tenido lugar seis días antes de la Pascua.

Beda, in Marcum 4, 43

Es de notar que, así como se cubrió de gloria María para todo el mundo por el homenaje que rindió al Señor, así el que no temió hacerse detractor por este homenaje, se cubrió de infamia para todo el mundo también. Pero el Señor, que remunera la buena obra con alabanza digna, evita el anunciar la futura afrenta del impío.

Beda, in Marcum 4, 43

El alabastro es una especie de mármol blanco con vetas de varios colores, de que suelen hacerse vasos para bálsamos por su propiedad de conservarlos incorruptos, y el nardo es un arbusto aromático, de raíz grande y gruesa, según dicen, si bien corta, negra y frágil. Lleno de sabia, huele tanto como el ciprés, y tiene un gusto agrio, hojas pequeñas y espesas y tallos que terminan en espigas. Es muy apreciado por los perfumistas, bajo el doble punto de vista de las espigas y de las hojas. Por eso que dice San Marcos: "Ungüento hecho de la espiga del nardo, de mucho precio". Es así que el bálsamo que llevó María al Señor estaba compuesto, no sólo de la raíz del nardo, sino, lo que le hacía más precioso, de las espigas y las hojas, teniendo, por tanto, las propiedades de muchos perfumes.


 


Oración:
María Magdalena, te pido me ayudes a reconocer a Cristo en mi vida evitando las ocasiones de pecado. Ayúdame a lograr una verdadera conversión de corazón para que pueda demostrar con obras, mi amor a Dios.
Amén.

San Alfonso María  de Ligorio explica que Dios perdona solo a quienes después de haberlo ofendido se arrepienten y temen volverlo a ofender:

Con los que abusan de su misericordia para despreciarlo, usa de justicia. El Señor perdona los pecados, pero no puede perdonar la voluntad de pecar. Escribe San Agustín que quien peca con esperanza de arrepentirse después de pecar, no es penitente, sino que se burla de Dios (“Irrisor est, non poenitens”). El Apóstol nos advierte que de Dios no se burla uno en vano: De Dios nadie se burla (Gálatas 6:7). Sería burlarse de Dios ofenderlo como y cuanto uno quiere y después ir al cielo” (Sermón 32, Ilusiones del pecador ).

 


Los que se obstinan en seguir pecando y aquellos que incluso se identifican con estilos de vida auto destructivos, inmorales y pecaminosos y fusionan su identidad con vicios contra natura y no se arrepienten, rechazan a Jesucristo como Redentor, por lo tanto no se salvan. Una persona que es tentada por una atracción hacia el mismo sexo nunca puede identificarse a sí misma como homosexual.  Estas persona tentadas con el vicio de la homosexualidad nunca puede caer en la trampa y la mentira difundida por los promotores de la ideología de género de asumir una identidad falsa contraria a la naturaleza dada por Dios.

La obstinación en el pecado, la presunción de salvarse sin arrepentirse y la impenitencia final son pecados de blasfemia contra el Espíritu Santo.

Concilio de Trento

  • Es necesario detestar la ofensa a Dios y emendar la perversidad
 
En todo tiempo, la penitencia para alcanzar la gracia y la justicia fue ciertamente necesaria a todos los hombres que se hubieran manchado con algún pecado mortal, aun a aquellos que hubieran pedido ser lavados por el sacramento del bautismo, a fin de que, rechazada y emendada la perversidad, detestaran tamaña ofensa de Dios con odio del pecado y dolor de su alma. De ahí que diga el profeta: Convertíos y haced penitencia de todas vuestras iniquidades, y la iniquidad no se convertirá en ruina para vosotros” (Ez 18, 30), Y el Señor dijo también: “Si no hiciereis penitencia, todos pereceréis de la misma manera” (Lc 13, 3). (Denzinger-Hünermann 1669. Concilio de Trento. Sesión XIV, 25 de noviembre de 1551)
 
 

El imprescindible aborrecimiento de la vida vieja para la verdadera contrición
La contrición, que ocupa el primer lugar entre los mencionados actos del penitente, es un dolor del alma y detestación del pecado cometido, con propósito de no pecar en adelante. Ahora bien, este movimiento de contrición fue en todo tiempo necesario para impetrar el perdón de los pecados, y en el hombre caído después del bautismo, sólo prepara para la remisión de los pecados si va junto con la confianza en la divina misericordia y con el deseo de cumplir todo lo demás que se requiere para recibir debidamente este sacramento. Declara, pues, el santo Concilio que esta contrición no solo contiene en si el cese del pecado y el propósito e iniciación de una nueva vida, sino también el aborrecimiento de la vieja, conforme a aquello: “Arrojad de vosotros todas vuestras iniquidades, en que habéis prevaricado y haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo” (Ez 18, 31). (Denzinger-Hünermann 1676. Concilio de Trento. Sesión XIV, 25 de noviembre de 1551)
  • Para la obtención del perdón son necesarios grandes llantos y trabajos


Por el sacramento de la penitencia no podemos en manera alguna llegar a esta renovación e integridad sin grandes llantos y trabajos de nuestra parte, por exigirlo así la divina justicia, de suerte que con razón fue definida la penitencia por los santos padres como “cierto bautismo trabajoso”. (Denzinger-Hünermann 1672. Concilio de Trento, Sesión XIV, 25 de noviembre de 1551)

 

 



 

San Ambrosio (san Lucas, 7:36-50)
Acerca de este pasaje hay muchos que tienen cierto escrúpulo, si los evangelistas están o no en contradicción.

San Ambrosio
Extiende también tus cabellos, arroja delante de El todas tus vanidades corporales, que preciosos son los cabellos que pueden ungir los pies de Jesucristo.

San Cirilo

Sin embargo, una mujer de vida deshonesta, manifestando un fiel afecto, viene a Cristo para que la libre de toda culpa y le conceda el perdón de todos los pecados cometidos. Prosigue, pues: "Y una mujer pecadora que había en la ciudad, cuando supo que estaba a la mesa, llevó un vaso de alabastro, lleno de ungüento", etc.

San Gregorio, in Evang. hom. 33
Como esta mujer conocía las manchas de su mala vida, corrió a lavarlas a la fuente de la misericordia, sin avergonzarse de que estaban presentes los invitados. Como se avergonzaba mucho interiormente no estimó en nada el rubor exterior. Ved cuánto es un dolor cuando no se avergüenza de llorar en medio de las alegrías del convite.

San Gregorio Niceno
Dando a conocer cuánta era su indignidad, estaba por la espalda, ocultándose de las luces y abrazando los pies, que cubría con sus cabellos y regaba a la vez con sus lágrimas, manifestando así la tristeza de su alma e implorando el perdón. Por esto sigue: "Y postrándose a sus pies detrás de El, comenzó a regarle con lágrimas los pies", etc.
 
San Gregorio
Con los ojos había apetecido las cosas de la tierra, pero ahora lloraba con los mismos en señal de penitencia. Con sus cabellos que antes había adornado para engalanar su rostro, ahora enjugaba las lágrimas. Por lo que sigue: "Y los enjugaba con los cabellos de su cabeza". Con la boca había hablado palabras de vanidad, pero ahora, besando los pies del Señor, consagra sus labios a besar sus plantas. Por esto sigue: "Y le besaba los pies". Había usado los perfumes para dar buen olor a su cuerpo, pero esto, que hasta aquí había empleado en la inmodestia, lo ofrecía ahora al Señor de una manera laudable. Por lo que sigue: "Y los ungía con el ungüento". Todo lo que había tenido para su propia complacencia ahora lo ofrece en holocausto. Todos sus crímenes los convirtió en otras tantas virtudes, para consagrarse exclusivamente al Señor por medio de la penitencia, tanto como se había separado de El por la culpa.
 
Crisóstomo in Mat. hom. 6
Así sucedió que esta mujer pecadora se hizo más honesta que las vírgenes, después que se consagró a la penitencia y se dedicó a amar a Dios. Y todo esto que se ha dicho, se hacía exteriormente, pero lo que revolvía su intención, y que sólo Dios veía, era mucho más ferviente.
 
San Gregorio
(...)Conviene distinguir con cuidado entre los vicios, que debemos aborrecer, y las personas, de quienes debemos compadecernos. Porque si debe ser castigado el pecador, el prójimo debe ser alimentado. Mas cuando ya él mismo ha castigado por medio de la penitencia lo malo que ha hecho, deja de ser pecador nuestro prójimo, porque éste castiga en sí lo que la justicia divina reprende. El Médico se encontraba entre dos enfermos: uno tenía la fiebre de los sentidos y el otro había perdido el sentido de la razón. Aquella mujer lloraba lo que había hecho. Pero el fariseo, enorgullecido por la falsa justicia, exageraba la fuerza de su salud.

San Ambrosio
Como diciendo: Es fácil el uso de las aguas, pero no lo es la efusión de las lágrimas. Tú no has empleado lo que es fácil y ésta ha derramado lo que es difícil. Lavando con lágrimas los pies, ha purificado sus propias manchas. Los ha enjugado con sus cabellos, para recibir el premio de sus aflicciones por medio de ellos. Y como con ellos también ha contribuido a los pecados de su juventud, ahora los emplea en su santificación.




Teofilacto

Después que le hubo perdonado sus pecados, no se detuvo en el perdón, sino que añadió un beneficio. Por lo que sigue: "Vete en paz" (esto es, en justicia), porque la justicia es la paz del hombre con Dios, así como el pecado es la enemistad entre Dios y el hombre. Como diciendo: Haz todo lo que pueda conducir a la amistad de Dios.

Beda
María quiere decir mar amargo, por el rigor de su penitencia; Magdalena quiere decir torre, o mejor dicho, la de la torre, a causa de la torre, de la que se dice ( Sal 60,4): "Tú eres mi esperanza, la torre de la fortaleza contra mi enemigo"; Juana quiere decir el Señor es su gracia o misericordioso, porque de El es todo cuanto nos mantiene. Y si María, una vez purificada de todas sus culpas, representa la Iglesia de los gentiles, ¿por qué Juana no ha de representar la misma Iglesia, en otro tiempo dedicada al culto de los ídolos? Porque todo espíritu maligno, mientras trabaja por el imperio del diablo, es semejante al procurador de Herodes. Susana quiere decir lirio o su gracia, por el candor oloroso de la vida celeste y por la caridad de oro de su amor interno.

 



 

«Mujer ¿por qué lloras?»,

San Gregorio Magno, Homilía 25; PL 76, 1188
María se convierte en testigo de la compasión de Dios; sí, esta María... de quien un fariseo quería romper su impulso de ternura. «Si este hombre fuera un profeta, se decía, sabría quien es esta mujer que le toca y lo que es: una pecadora» (Lc 7,39). Pero las lágrimas de María han borrado la suciedad de su cuerpo y de su corazón; se lanzó a los pies de su Salvador, abandonando los caminos del mal. Estaba también sentada a los pies de Jesús y le escuchaba (Lc 10,39). Cuando estaba vivo lo estrechó entre sus brazos; cuando estuvo muerto, lo buscaba. Y encontró vivo a aquel que buscaba muerto. ¡Encontró tal cantidad de gracia en él que fue ella quien llevó la noticia a los apóstoles, a los mensajeros de Dios!

 ¿Qué es lo que debemos ver ahí, hermanos míos, sino es la infinita ternura de nuestro Creador, que para avivar nuestra conciencia, por todas partes nos propone el ejemplo de pecadores arrepentidos? Pongo la vista sobre Pedro, miro al ladrón, examino a Zaqueo, me fijo en María, y no veo otra cosa en ellos que llamadas a la esperanza y al arrepentimiento. ¿Tu fe se ve acechada por la duda? Mira a Pedro que llora amargamente su debilidad. ¿Estás inflamado de cólera contra tu prójimo? Piensa en el ladrón: en plena agonía se arrepiente y gana la recompensa eterna. ¿La avaricia te seca el corazón? ¿Has despojado a alguien? Mira a Zaqueo que devuelve cuatro veces más los bienes que había quitado a un hombre. ¿Preso de cualquier pasión, has perdido la pureza de la carne? Contempla a María que purifica el amor a la carne en el fuego del amor divino.
 Sí, el Dios todopoderoso nos ofrece por todas partes ejemplos y signos de su compasión. Tengamos horror a nuestros pecados, incluso los de hace más años. El Dios todopoderoso olvida gustosamente que hemos cometido el mal, y está siempre a punto de mirar nuestro arrepentimiento como si fuera la misma inocencia. Nosotros, que después de las aguas de la salvación, las hemos ensuciado, renazcamos por nuestras lágrimas... Nuestro Redentor consolará un día vuestras lágrimas en su gozo eterno.

San Ambrosio
Y no es pequeño este mérito, del cual se dice: "Desde que ha entrado no ha cesado de besarme los pies", para que ella no sepa hablar ya sino de la sabiduría, ni amar sino la justicia, ni libar sino la castidad, ni besar sino la pureza.





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