miércoles, 14 de junio de 2017

El Concilio de Trento anatematiza a los que niegan la presencia Real de Cristo en la Eucaristía.

Bergoglio confirmó  a los herejes regalándoles un cáliz católico  a  los heréticos luteranos que niegan la presencia de Cristo en la Eucaristía, para que celebren una parodia.
 

Hemos admirado en tu obra su utilidad para todas las Iglesias, para que, enseñados por los testimonios de las Escrituras, aprendan los que lo ignoran con cuanta reverencia deben tomar las cosas santas y ejercer el misterio del altar de Cristo, y que los sagrados carices y los velos santos, y las demás cosas que pertenecen al culto de la Pasion del Señor no carecen de santidad, como cosas vacías y sin sentido, sino que, por su estrecha relación con el cuerpo y la sangre del Señor, deben ser venerados con semejante honor con que es venerado su cuerpo y su sangre. (San Jerónimo , Carta al obispo Teófilo, 114, 2).


 
Si alguno negare que en el santísimo sacramento de la Eucaristía se contiene verdadera, real y substancialmente el cuerpo y la sangre, juntamente con el alma y la divinidad, de nuestro Señor Jesucristo y, por tanto, Cristo entero, sino que dijere que solo estan en el como en signo o en figura, o por su eficacia, sea anatema (CONC DE TRENTO, Canones sobre la S. Eucaristia, Sesion Xlll, cap. 8; Dz 1651).
 
 
Irreverencia de Bergoglio ante el Santísimo.


Este sacramento contiene todo el misterio de nuestra salvación; por eso se celebra con mayor solemnidad que los demás (Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, 3, q. 83, a. 4).



Cuando oímos la palabra de Dios, cuando nos ocupamos en la oración, y nos acercamos a la divina mesa o practicamos alguna obra de piedad, hagámoslo todo con circunspección y reverencia, para no merecer por nuestra pereza o inconsideración aquella maldición de un Profeta: Maldito es el que hace con negligencia la obra del Señor. (S. Juan Crísóstomo., ibíd., sent. 217, Tric. íbid., íbíd.)



Los fines del Sacrificio eucarístico, son principalmente cuatro: adoración de Dios, acción de gracias, expiación e impetración (Concilio de Trento: Dz 940. 950/1743. 1753; Mediator Dei 90-93).
CAP. V. Del culto y veneración que se debe dar a este santísimo Sacramento.
No queda, pues, motivo alguno de duda en que todos los fieles cristianos hayan de venerar a este santísimo Sacramento, y prestarle, según la costumbre siempre recibida en la Iglesia católica, el culto de latría que se debe al mismo Dios. Ni se le debe tributar menos adoración con el pretexto de que fue instituido por Cristo nuestro Señor para recibirlo; pues creemos que está presente en él aquel mismo Dios de quien el Padre Eterno, introduciéndole en el mundo, dice: Adórenle todos los Angeles de Dios; el mismo a quien los Magos postrados adoraron; y quien finalmente, según el testimonio de la Escritura, fue adorado por los Apóstoles en Galilea. Declara además el santo Concilio, que la costumbre de celebrar con singular veneración y solemnidad todos los años, en cierto día señalado y festivo, este sublime y venerable Sacramento, y la de conducirlo en procesiones honorífica y reverentemente por las calles y lugares públicos, se introdujo en la Iglesia de Dios con mucha piedad y religión. Es sin duda muy justo que haya señalados algunos días de fiesta en que todos los cristianos testifiquen con singulares y exquisitas demostraciones la gratitud y memoria de sus ánimos respecto del dueño y Redentor de todos, por tan inefable, y claramente divino beneficio, en que se representan sus triunfos, y la victoria que alcanzó de la muerte. Ha sido por cierto debido, que la verdad victoriosa triunfe de tal modo de la mentira y herejía, que sus enemigos a vista de tanto esplendor, y testigos del grande regocijo de la Iglesia universal, o debilitados y quebrantados se consuman de envidia, o avergonzados y confundidos vuelvan alguna vez sobre sí
 
 
 San Francisco: “Cuando el sacerdote ofrece a Jesús en el altar y lo lleva a algún lado, todas las personas deberían doblar las rodillas y rendir al Señor, al Dios vivo y verdadero, alabanza, gloria y devoción”.



San Agustín advertía: “Nadie se alimenta de esta carne antes de haberla adorado… Pecamos si no la adoramos”.


Todos los otros sacramentos están ordenados a la Eucaristía como a su fin (Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, 3, q. 65, a. 3).


Mateo 7:6

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 17
Había mandado el Señor, antes de ahora, amar a los enemigos y hacer bien a los que nos aborrecen y hacen mal; y para que los sacerdotes no piensen que también deben concederles las cosas divinas, les advirtió sobre esta idea, diciendo: "No déis lo santo a los perros", como si dijese: "Os he mandado amar a vuestros enemigos y hacer bien a los que os perjudican con vuestros bienes materiales". Pero no con vuestros bienes espirituales, porque vuestros enemigos son iguales a vosotros en cuanto a la naturaleza, no en cuanto a la fe. Dios concede los beneficios terrenos lo mismo a los dignos que a los indignos, pero no así las gracias espirituales.




 

¿Cuánto más digno de castigo os parece que será el que hubiese pisado al Hijo de Dios, que hubiese tenido por cosa inútil y profana la sangre de la alianza, y hubiese ultrajado el Espíritu de la gracia? ¿Qué querrá, decía el Apóstol, con estas palabras? ¿Y cómo puede ser pisado el Hijo de Dios? Cuando el que ha participado de estos santos misterios, comete un pecado, entonces es verdad, que trató a Jesucristo con desprecio y con ultraje, porque así como damos a entender que no estimamos en nada las cosas que pisamos, así es preciso que los que pecan, en nada estimen a Jesucristo, recibido en la comunión. Vosotros fuisteis hecho cuerpo de Jesucristo y después os ponéis en estado de que el demonio os pise. (San Juan Crisóstomo Homl. 20, ad. Hebr., sent. 383, Tric. T. 6, p. 383.)


Así como aquel que no se siente reo de iniquidad alguna, debe comulgar todos los días; por el contrario, el que ha pecado y no ha hecho penitencia no lo puede hacer con seguridad ni en los de fiesta. (S. Juan Crisóstomo ., Homil. 31, sent. 26, Tric. T. 6, p. 305.)"


Si vosotros no os atrevéis a arrojar del sagrado altar los indignos, decídmelo a mi, que yo no permitiré que se lleguen a él: porque primero perderé la vida, que dar el cuerpo del Señor al indigno; y primero permitiré que derramen mi sangre, que presentar tan santo y venerable cuerpo al que no se halla en estado de recibirle. Si vosotros ignoráis que los que se acercan son indignos, entonces no es falta vuestra, si antes habéis puesto el mayor cuidado en conseguir este discernimiento; porque no hablo ahora de aquellas personas que públicamente son conocidas por viciosas. (S. Juan Crisóstomo, íbid., sent. 74, Tric. ¡bid.,¡bid.)

Muchos una vez al año se acercan al Santo Sacramento: otros llegan más a menudo. ¿A quiénes estimaremos más? a los que comulgan a menudo, o a los que comulgan una vez? Solamente debemos estimar a los que comulgan con conciencia pura y sincera, con un corazón limpio y con una vida irreprensible; los que se hallan en esta disposición, lleguen todos los días; los que no, ni una vez se acerquen: porque no hacen otra cosa que irritar contra sí el juicio de Dios y hacerse dignos de la más rigurosa condenación. (S. Juan Crisóstomo. Homil. 17, ad Hebr., sent. 147, Tric. T. 6, p. 327.)
Misa Sacrílega para adúlteros. Sacrilegio contra la Eucaristía.

Ángel José Macín protagonizó en Reconquista  Argentina  un masivo sacrilegio contra la Eucaristía para 30 parejas de adúlteros, el domingo 11 de Junio del 2017, la impunidad del sacrilegio  atestigua contra Bergoglio quien lo eligió como obispo y en quien este se apoyó  para cometer el sacrilegio.


“El sacrificio más acepto a Dios es el arrancar de nuestro corazón los afectos terrenos y los vicios: en esto consiste el verdadero culto.” (San Clemente, sent. 13, lib. 5, Tric. T. 1, p. 125.)

 ¿Pensáis que comulgando una vez al año serán suficiente 40 días de penitencia para purificaros de los pecados que habéis cometido en tanto tiempo? No pasarán 8 días sin que volváis a los desórdenes de la vida anterior. ¡Por haber empleado así en penitencia 40 días, y acaso menos, esperáis que Dios os mirará con misericordia! Yo digo que eso es burlarse de Dios. No quiero por esto impediros el comulgar una vez al año; por el contrario, quisiera yo que continuamente pudierais llegar a los sagrados misterios; pero estos están destinados para los Santos, y esto es lo que dice en alta voz el Diácono cuando llama a los Santos a esta santa mesa. (S. Juan Crisóstomo, Homíl, ¡bid., sent. 148, Tric. ibid., ibid.)


Cuando el Diácono pronuncia públicamente estas palabras: Las cosas son para los Santos, es lo mismo que si dijera: Si alguno no es Santo, no se acerque a esta mesa. Al hombre no le hace Santo la simple remisión de sus pecados, sino la presencia del Espíritu Santo en su alma, y la abundancia de las buenas obras; como si dijera: no quiero (solamente) que estéis retirados del podre y de la basura, sino que se vea resplandecer en vosotros una blancura y una hermosura particular. (S. Juan Crisóst., ibid., sent. 149, Tric. ibid. ibid.)

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 17
Los puercos representan a los herejes, porque parecen invocar el nombre de Dios. No debe, pues, darse lo santo a los perros, porque el bautismo y los demás sacramentos no deben darse sino a los que tienen fe. Además, los misterios de la fe, esto es, las margaritas, no deben darse sino a los que desean la verdad y viven con la inteligencia perfectamente subordinada. Si las arrojamos ante los puercos (esto es, a los que viven enlodados en las complacencias impuras de la vida), no comprenden su preciosidad, y las estiman como semejantes a las fábulas mundanas y las confunden con sus acciones impuras.

San Agustín, de sermone Domini, 2,20
Se dice que se pisa todo lo que se desprecia, y por ello añade el Señor: "No sea que las huellen con sus pies".

Santo Cura de Ars:
El pecado es el verdugo del Buen Dios el asesino del alma...
 
No debemos mostrarnos afables con quienes fácilmente pecan, tratando de agradarles, para no parecer que condescendemos con sus vicios y les damos cierto ánimo para caer en ellos.( Santo Tomás  de Aquino, Suma Teológica, 22, q. 114, a. 1).

Bergoglio confirmó en su vicio al Sodomita Travesti, al que Bergoglio le permitió profanar la  Eucaristía el Jueves Santo.


El que come y bebe indignamente este pan y este vino, será reo del cuerpo y sangre del Señor: es decir, que los que participan indignamente de los sagrados misterios, serán castigados como los que crucificaron a Jesucristo. Los judíos le rasgaron su santísima carne clavándole en la cruz; mas vosotros, viviendo en pecado, le mancháis con una lengua y un alma impura: por este motivo, como dice el Apóstol: Caen muchos de vosotros en diversas enfermedades, y mueren muchos. (S. Juan Crisóstomo, Serm. 6 de Martyrib., n. 3, sent. 234, Trie. T. 6, p. 349.)

Teofilacto (Catena Aurea):

Después que venga el Anticristo, los hombres se harán lascivos, entregándose a los vicios más enormes, según aquellas palabras del Apóstol ( 2Tim 3,4): "los que son más amantes de sus pasiones que de Dios". Por tanto, si en el Anticristo se encierra todo pecado, ¿qué es lo que éste traerá a la raza humana en aquel tiempo sino sus vicios? Y esto es lo que el Señor dio a conocer por el ejemplo del diluvio y de los sodomitas.

 
 

“No vuelvas tu vista atrás, ni te detengas en toda región. Saliste de Sodoma, no te vuelvas a esta Ciudad; dejaste los vicios, no vuelvas a ellos. Ni mires atrás, sálvate en el monte: mas no es lo suficiente para salvarse no mirar atrás, si no se pone al mismo tiempo cuidado con no detenerse en toda la región; pues sería cosa inútil empezar el camino de la virtud, y detenerse en la tierra de Sodoma sin apresurarse hacia el monte en que está nuestra salud, que es Jesucristo”.  (Orígenes)




#310 – SACRILEGIO"Como en todos los sagrados misterios… ninguno puede compararse con… la Eucaristía, así mismo no existe peor castigo proveniente de Dios al cual se le debe temer para crimen alguno, que para el uso profano o irreligioso que hagan los fieles de aquello que contenga… el mismísimo Autor y Fuente de santidad." – Catecismo del Concilio de Trento (De Euch., v.i)


¿Cuál es la obligación propia y particular de los que comen el pan y reciben la bebida de Dios? Es la de conservar continuamente la memoria del que murió y resucitó por ellos. ¿A qué más les obliga esta memoria? a no vivir ya para sí, sino par el que murió y resucitó por ellos. (S. Basilio, Reg. 80, sent. 58, Tric. T. 3, p. 199 y 200.)


Sírvanos de ley el hecho de Joseph de Arimatea, para que cuando recibamos aquella prenda del sacrosanto cuerpo, no le envolvamos en lienzo de una conciencia sucia, ni le depositemos en el monumento del corazón, cuando está lleno de huesos de muertos y de todo género de inmundicias. Cada uno se prueba y examine, como dice el Apóstol: No le sirva de juicio de condenación si la recibe indignamente. (San Gregorio  de Nisa, in Christ. Resurr., sent. 19, adic., Trie. 'F. 4, p. 364 y 365.)


Heresiarca Bergoglio: “Ellos no negocian “la fe y la identidad.  Cada uno de los aborígenes en el Norte Argentina te dice: ‘yo soy anglicano’” Pero si no está el obispo, el pastor, o el reverendo… yo quiero alabar a Dios el domingo e ir a la catedral católica”, y viceversa. Son riquezas de las Iglesias jóvenes”.  (Il sismógrafo)


Pruébese el hombre a sí mismo. Sed vuestros propios jueces; examinad cuidadosamente cuál es vuestra vida: escudriñad vuestra conciencia, y después id a recibir aquel precioso don, esto es, el cuerpo del Salvador: porque el que le come y bebe indignamente, bebe y come su juicio. No solamente no conseguiréis la salud, sino que castigará Dios vuestra insolencia y la injuria que había hecho a Jesucristo. (Teodoreto, Ep. 1, Cor. c. 11, sent. 9, Tric. T. 8, p. 263.

 

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