domingo, 31 de mayo de 2015

Nosotros si creemos que Dios es Católico.

 Si alguno no ama al Señor, que sea anatema. ¡Maranata!
1 Corintios 16:22

Mientras Bergoglio niega a la Santísima Trinidad delante de los musulmanes y de los judíos que rechazan al Mesías nosotros el remanente fiel católico a Jesucristo seguiremos predicando al Dios verdadero Uno y Trino.
 
Como nos advierte la Escritura en la segunda Carta de Pedro 2:1-2  los falsos pastores introducen herejías destructivas y negando a nuestro Señor Jesucristo. No se dejen engañar por el falso evangelio que predica el impostor Bergoglio. Quienes aceptan a Bergoglio como Papa rechazan la Verdad para creer las mentiras que les predica el usurpador.


1 Juan 2:23 Todo aquel que niega al Hijo tampoco tiene al Padre; el que confiesa al Hijo tiene también al Padre.


Mateo 10:33 Pero cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré delante de mi Padre que está en los cielos.

1 Juan 5:1
Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; y todo aquel que ama al Padre, ama al que ha nacido de El.





1 Juan 5:10-13 El que cree en el Hijo de Dios tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, ha hecho a Dios mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado respecto a su Hijo.…
 
 
1 Juan 5:10-13 El que cree en el Hijo de Dios tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, ha hecho a Dios mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado respecto a su Hijo.…
 
Juan 8:42
Jesús les dijo: Si Dios fuera vuestro Padre, me amaríais, porque yo salí de Dios y vine de El , pues no he venido por mi propia iniciativa, sino que El me envió.


Juan 5:23 para que todos honren al Hijo así como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió.

Juan 15:23 El que me odia a mí, odia también a mi Padre


 “De la nube salió una voz que decía: “Este es mi Hijo amado; escúchenlo

 
Esta es la fe que profesamos en el Credo apostólico. Nuestros Señor Jesucristo anunció : «Veréis al Hijo del Hombre sentado a la derecha del Poder» (Mt 26,64p). San Pablo profesa la fe de la Iglesia apostólica diciendo que «Cristo murió, más aún, resucitó y está sentado a la derecha de Dios» (Rom 8,34). Esta es la misma confesión que hace San Pedro: «Por la resurrección de Jesucristo, que está a la derecha de Dios después de haber subido al cielo» (1 Pe 3,21-22).




 
                    
 
Acto de Ofrecimiento a la Santísima Trinidad

¡Oh beatísima Trinidad!, os doy palabra de procurar con todo esfuerzo y empeño salvar mi alma, ya que la creasteis a vuestra imagen y semejanza y para el cielo. Y también por amor vuestro procuraré salvar las almas de mis prójimos.
Para salvar mi alma y daros gloria y alabanza, sé que he de guardar la divina ley. Os doy palabra de guardarla como la niña de mis ojos, y también procuraré que los demás la guarden.
Aquí, en la tierra, me ejercitaré en alabaros, y espero que después lo haré con más perfección en el cielo; y por esto, con frecuencia rezaré el Trisagio y el verso: Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, Y también procuraré que los demás os alaben. Amén.
V. Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo.
R. Alabémosle y ensalcémosle en todos los siglos.
Omnipotente y sempiterno Dios, que concediste a tus siervos el conocer la gloria de tu eterna Trinidad en la confesión de la verdadera fe y el adorar la Unidad en tu augusta Majestad; Te rogamos, Señor, que por la fuerza de esa misma fe nos veamos siempre libres de todas las adversidades. Por Cristo, Señor nuestro.
Amén.
Gloria al Padre Gloria,  al Hijo y Gloria al Espíritu Santo como era en un principio es ahora y siempre por los siglos de los siglos amen.
 
                    
 
Oración a la Santísima Trinidad
Santa Catalina de Siena


¡Oh Trinidad eterna! Tú eres un mar sin fondo en el que, cuanto más me hundo, más te encuentro; y cuanto más te encuentro, más te busco todavía. De ti jamás se puede decir: ¡basta! El alma que se sacia en tus profundidades, te desea sin cesar, porque siempre está hambrienta de ti, Trinidad eterna; siempre está deseosa de ver tu luz en tu luz. Como el ciervo suspira por el agua viva de las fuentes, así mi alma ansía salir de la prisión tenebrosa del cuerpo, para verte de verdad...
¿Podrás darme algo más que darte a ti mismo? Tú eres el fuego que siempre arde, sin consumirse jamás. Tú eres el fuego que consume en sí todo amor propio del alma; tú eres la luz por encima de toda luz...
Tú eres el vestido que cubre toda desnudez, el alimento que alegra con su dulzura a todos los que tienen hambre. ¡Pues tú eres dulce, sin nada de amargor!
¡Revísteme, Trinidad eterna, revísteme de ti misma para que pase esta vida mortal en la verdadera obediencia y en la luz de la fe santísima, con la que tú has embriagado a mi alma!

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