miércoles, 10 de agosto de 2016

Musulmanes puestos en fuga por la intercesión de Santa Clara de Asís.

 
De las maravillas de su oración y, primero,
de los sarracenos puestos en fuga milagrosamente

franciscanos.org
21. Me agrada narrar ahora los prodigios de su oración, con tanta fidelidad en cuanto a cómo fueron como con merecidísima veneración. Durante aquella tormenta que azotó a la Iglesia en diversas partes del mundo, bajo el emperador Federico, el valle de Espoleto tuvo que beber más frecuentemente del cáliz de la ira. 
A modo de enjambres de abejas, estaban estacionados en el valle, por mandato imperial, escuadrones de caballería y arqueros sarracenos, con el propósito de destruir las fortalezas y expugnar las ciudades fortificadas. En esta situación, lanzóse una vez el furor enemigo contra Asís, ciudad predilecta del Señor, y avecinándose ya el ejército a las puertas, los sarracenos, gente pésima sedienta de sangre cristiana y capaz de los peores crímenes, cayeron sobre San Damián y entraron en él, hasta el claustro mismo de las vírgenes.
Se derriten de terror los corazones de las damas pobres, balbucean presas de espanto y acuden a su madre entre lágrimas. Ésta, impávido el corazón, manda, pese a estar enferma, que la conduzcan a la puerta y la coloquen frente a los enemigos, llevando ante sí la cápsula de plata, encerrada en una caja de marfil, donde se guarda con suma devoción el Cuerpo del Santo de los Santos.
22. Y prosternándose de bruces en oración ante el Señor, le dice a su Cristo entre lágrimas: «¿Te place, mi Señor, entregar inermes en manos de paganos a tus siervas, a las que he criado en tu amor? Guarda, Señor, te lo ruego, a estas tus siervas a las que no puedo defender en este trance». En seguida, desde este propiciatorio de la nueva gracia, una voz como de niño se dejó sentir en sus oídos: «Yo siempre os defenderé». «Mi Señor -añadió Clara-, protege también, si te place, a esta ciudad que nos sustenta por tu amor». Y Cristo a ella: «Soportará molestias, mas será defendida por mi fuerza». En esto la virgen, levantando el rostro bañado en lágrimas, conforta a las que lloran diciéndoles: «Hijitas, yo salgo fiadora de que no sufriréis nada malo; basta que confiéis en Cristo». De inmediato, repentinamente, la audacia de aquellos perros, rechazada por fuerza misteriosa, se convierte en pánico, y, escapándose de prisa por los muros que habían escalado, fueron dispersados por el valor de la suplicante. A continuación Clara conmina a las que habían oído la referida voz, prohibiéndoles con seriedad: «Hijas carísimas, guardaos en absoluto, mientras yo viva, de revelar esto a nadie». Fuente Blog Franciscano.


Roguemos que por la intercesión de Santa Clara también en estos  tiempos  huyan y  retrocedan los ejércitos invasores Musulmanes que amenazan a la cristiandad.



“No temáis, porque yo soy fiadora de que no sufriréis mal alguno, ni ahora ni en el futuro, mientras obedezcáis los mandamientos de Dios”.

 


Oh Santa Clara de Asís te rogamos que te dignes también ser nuestra fiadora, ruega por nosotros, para que por tu intercesión seamos protegidos de todos los peligros del cuerpo y del alma.


 
 
 
 
“Pon cada día tu alma ante ese espejo (Cristo)
y escruta continuamente tu rostro en él,
para poder adornarte de todas las virtudes”
 
 


El desafío de la Interioridad exhortación de San Francisco a sus seguidores:


"... dondequiera que estemos o caminemos, tenemos la celda con nosotros, ya que el hermano cuerpo es nuestra celda y el alma es el ermitaño que vive dentro de ella para orar al Señor y meditar en Él. Por eso, si el alma no tiene reposo en su celda corporal, de nada le servirá al religioso la celda fabricada por mano de hombre" (EP 65).

Firmes en Cristo.
 
Gloriosa Santa Clara de Asís, por aquella fe inquebrantable que te hizo servirte de las cosas terrenas buscando las del cielo, por aquella esperanza firme con que venciste todas las dificultades que se oponían a tu santificación, por aquella caridad pura y ardiente que te movió en todo los momentos de la vida, yo te suplico con humilde confianza que intercedas ante Dios y me obtengas su favor en lo que te pido (hágase la petición) y esperanza firme y caridad ardiente para con Dios y el prójimo. Padre nuestro, Ave María y Gloria. 


 

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