lunes, 22 de agosto de 2016

Bergoglio y su ejército desolador están instalando la Abominación de la desolación en el Templo.



San Atanasio: “Ellos tienen los templos, nosotros conservamos la Fe”

“La abominación será vista en lugares santos, en los conventos, y entonces el demonio se hará a sí mismo el rey de sus corazones.”

 Nuestra Señora de la Salette


 
El desolador tiene que ver con un hombre y un ejército de hombres; y la abominación tiene que ver con una acción sacrílega.
Daniel 11:31 dice “Y se levantarán de su parte tropas que profanarán el santuario y la fortaleza, y quitarán el continuo sacrificio, y pondrán la abominación desoladora”.

                                                                                                            
Daniel 9:27
Sellará una firme alianza con muchos durante una semana; y en media semana suprimirá el sacrificio y la ofrenda y pondrá sobre el ala del templo el ídolo abominable, hasta que la ruina decretada recaiga sobre el destructor.



San Marcos 13:14 advierte que la señal de huida son estos sacrilegios cometidos en el Templo de Dios: 


 "Cuando ustedes vean el horrible sacrilegio[la abominación de la desolación] en el lugar donde no debe estar –el que lee, entienda–, entonces los que estén en Judea, que huyan a las montañas.


Catena Aurea
San Agustín, de consensu evangelistarum, 2, 77
San Mateo dice: "Sentado en el lugar santo" ( Mt 24,15). San Marcos expresa lo mismo cambiando la expresión, porque dice: "En donde no debe", puesto que no debe tomar asiento en el lugar santo.  


Beda, in Marcum, 4, 42
Cuando penetramos en el verdadero significado de las palabras, vemos que éstas han sido dichas en sentido místico, y pueden referirse por tanto al Anticristo, o al retrato del César, que puso Pilatos en el templo, o a la estatua ecuestre de Adriano, que estuvo por largo tiempo también en el Sancta Sanctorum. Se llama también abominación al ídolo, como en el Antiguo Testamento, y por tanto añade, de la desolación, porque fue puesto el ídolo en el templo desolado y desierto.

 

Glosa

Después que menciona el doble impedimento para la huida, a saber, el deseo de llevar consigo alguna cosa, o el natural impedimento que habían de causar los hijos por el embarazo, toca el tercer impedimento, el del tiempo, diciendo: "Por eso, rogad a Dios que no sucedan estas cosas durante el invierno".

Teofilacto
Para que los que desean huir no se vean impedidos de hacerlo por el mal tiempo. Y señala la causa de la necesidad de huir con estas palabras: "Porque serán tales las tribulaciones de aquellos días, cuales no se han visto jamás desde que Dios creó el mundo".


San Agustín, epistulae, 199, 9
Josefo, autor de la Historia de los Judíos, refiere que sobrevinieron a este pueblo tantas y tales cosas, que parecen increíbles: así es que con mucha verdad dice que no había habido ni habría tribulación semejante en el mundo. Que aunque acaso sea igual o mayor la que acaecerá en los tiempos del Anticristo, no obstante, y con respecto a aquel pueblo, no la habrá mayor. Y si él es el primer y principal pueblo que ha de recibir al Anticristo, más bien será él quien promueva, y no quien sufra la tribulación. 

Beda, in Marcum, 4, 42
El único refugio que habrá contra tantos males será el que Dios, que da la fuerza para sufrir, acorte en cuanto al tiempo el poder de los perseguidores. "Y si el Señor, prosigue, no hubiese abreviado aquellos días", etc.
 
Beda, in Marcum, 4, 42
O de otro modo: lo que dice en las palabras: porque serán tales las tribulaciones de aquellos días, se refiere propiamente a los tiempos del Anticristo, en los que los fieles no sólo habrán de sufrir tormentos más numerosos y acerbos que los sufridos hasta entonces, sino que, cosa más grave aún, los autores de estos tormentos harán milagros.


Beda, in Marcum, 4, 42.
Pero cuanto mayor es esta tribulación que las anteriores, tanto más breve será el tiempo de su duración. Porque, según lo que podemos deducir de la profecía de Daniel y del Apocalipsis de San Juan, la Iglesia habrá de ser perseguida en todo el orbe durante tres años y medio. Así que, tomando estas palabras en sentido espiritual, cuando veamos la abominación de la desolación donde no debe estar, esto es, cuando veamos que reina la herejía y otros pecados semejantes en medio de quienes parecen consagrados a los misterios divinos, entonces los que continuamos en Judea, es decir, en la confesión de la verdadera fe, debemos subir tanto más en la virtud, cuantos más sean los que veamos ir por los anchos caminos del vicio.



Pseudo-Jerónimo


La huida a los montes es para que no baje a lo profundo el que ha subido a lo alto.


Beda, in Marcum, 4, 42

Entonces el que está en el terrado, es decir, el que sobreponiéndose a los efectos carnales vive espiritualmente en una atmósfera libre, no descienda a las bajas acciones de su antigua vida, ni renueve los deseos del mundo y de la carne que abandonó. Por nuestra casa debemos entender este mundo, o la misma carne en que vivimos.


Pseudo-Jerónimo
Dice: "Rogad a Dios que no sea vuestra huida durante el invierno", ni en sábado. Es decir, que no acaben los frutos de nuestras obras con el fin de la temporada, acabando como acaban los frutos en invierno y el tiempo en el sábado, que es figura de su fin.
 
Beda, in Marcum, 4, 42
Pero si entendemos en estas palabras el fin del mundo, entonces nos previenen que no dejemos enfriar nuestra fe ni nuestra caridad en Cristo, ni procedamos con pereza en la obra de Dios.
 
Teofilacto
Porque debemos huir con fervor del pecado, y no con calma y tibieza.
 
Pseudo - Jerónimo
La tribulación, pues, será inmensa, y breve su duración a causa de los elegidos, a fin de que la malicia de este tiempo no altere su inteligencia.



Orígenes, in Matthaeum, 27

También, todo hombre que recibiendo la palabra de Dios se convierte en templo suyo, si después del pecado conserva vestigios de fe o de religión, es templo en parte destruido y en parte subsistente. Mas aquél que después de haber pecado no se cuida de sí, es destruido poco a poco, hasta que se separa en absoluto del Dios vivo y así no queda piedra sobre piedra de los mandamientos de Dios, que no sea destruida.

 

San Agustín, ut sup
En cuanto a lo que dijeron San Mateo y San Marcos: "Y el que esté en el campo no vuelva atrás a tomar su vestido", lo dice San Lucas con más claridad: "Y los que están en las regiones no entren en la ciudad, porque han llegado los días del castigo", y han de cumplirse todas las profecías.
 
Beda
Estos son los días del castigo, esto es, los días que piden venganza por la sangre del Señor.


San Ambrosio
Místicamente, la abominación de la desolación es la venida del Anticristo, porque manchará el interior de las almas con infaustos sacrilegios, sentándose en el templo, según la historia, para usurpar el solio de la divina majestad. Esta es la interpretación espiritual de este pasaje; deseará confirmar en las almas la huella de su perfidia, tratando de hacer ver por las Escrituras que él es Cristo. Entonces se aproximará la desolación, porque muchos desistirán cansados de la verdadera religión. Entonces será el día del Señor, porque como su primera venida fue para redimir los pecados, la segunda será para castigarlos, a fin de que no incurra la mayor parte en el error de la perfidia. Hay otro Anticristo, que es el diablo, el cual trata de sitiar a Jerusalén (esto es, al alma pacífica), con la fuerza de su ley. Así, pues, cuando el diablo se halla en medio del templo, es la abominación de la desolación. Pero cuando brilla en nuestros trabajos la presencia espiritual de Cristo, huye el enemigo y empieza a reinar la justicia. El tercer Anticristo es Arrio y Sabelio y todos los que nos seducen con mala intención. Tales (los que desistan cansados de la verdadera religión) son las embarazadas, de quienes se dijo: ¡ay de ellas! las cuales prolongan la ruina de su carne y disminuyen la velocidad de su marcha en lo íntimo de sus almas, de modo que son incapaces para la virtud y fértiles para los vicios. Pero ni siquiera aquellas embarazadas que se hallan fundadas en el esfuerzo de las buenas obras, y que todavía no han producido ninguna, están libres de la condenación. Algunas conciben por temor de Dios; pero no todas dan a luz; algunas hacen abortar la palabra antes de dar fruto; y otras tienen a Cristo en su seno, pero sin que llegue a formarse. Por tanto, la que da a luz la justicia, da a luz a Cristo. Así, pues, apresurémonos a destetar a nuestros niños, para que no nos sorprenda el día del juicio o de la muerte antes de que estén formados. No sucederá así, si conserváis en vuestro corazón todas las palabras de justicia y no esperáis al tiempo de la vejez, y si concebís luego en la primera edad la sabiduría y la alimentáis sin la corrupción del cuerpo. Al fin del mundo se someterá toda Judea a las naciones creyentes por la palabra espiritual, que es como una espada de dos filos ( Ap 1,16; Ap 19,15).
  

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