Por sus llagas hemos sido sanados ♰♰♰

lunes, 21 de enero de 2019

Bergoglio no quiso recibir los corderos para la bendición tradicional en el Día de Santa Inés entonces las monjitas invitaron a Matteo Salvini

  
Cada año, el 21 de enero, día de Santa Inés, se bendicen los corderos con cuya lana se tejen los "palios", o sea el distintivo de los arzobispos.  (ewtn)
 
 
Rorate Caeli  El Papa Francisco no quiso recibir los corderos para la tradicional bendición en el Día de Santa Inés, por lo que las monjas de Santa Cecilia en Trastevere que las cuidan llamaron a @matteosalvinimi
 
 
 
La bendición de los corderos de Sant'Agnese con Monseñor Frisina, el Cuerpo de Bomberos y ... sorpresa Matteo Salvini


Con este hecho Bergoglio despreció  el Papado instituido por Cristo puesto que El palio es un símbolo del papado más antiguo que la famosa tiara.
 


 Santa Inés  Juzga las herejías de Bergoglio.

 

Santa Inés
 Santa Patrona para conservar la Pureza.

Inés mártir nacida y martirizada en Roma en la primera mitad del siglo IV. Su nombre latino es Agnes, asociado a "agnus" (cordero)  del adjetivo griego agne que significa pura, casta. En torno a ella surgió la costumbre de los corderos blancos de cuya lana se hacen palios que usan los Papas, Patriarcas y Arzobispos en las ceremonias litúrgicas más solemnes. Escritores antiguos, como el Papa Dámaso, San Ambrosio de Milán y el poeta Aurelio Prudencio, dejaron testimonios sobre santa Inés.


Santa Patrona:

 

  • Parejas comprometidas
  • Parejas de novios
  • Pureza corporal
  • Castidad
  • Hijos de María
  • Colegio Capranica de Roma
  • Cultivos
  • Noviazgo

  • Jardineros
  • Muchachas Scouts
  • Muchachas
  • Manresa, España
  • Las víctimas de violación
  • En la diócesis de Rockville Centre, Nueva York,
  • Vírgenes


Oración en honor de Santa Inés

Traducida por Angie W.


Dulce Señor Jesucristo, fuente de todas las virtudes, amante de las vírgenes, vencedor poderoso de los demonios, erradicador  de vicios! dígnate poner tus ojos en mi debilidad, y por la intercesión de María santísima, Madre y Virgen, y de Tu amada esposa Santa Inés, virgen y mártir gloriosa, concédeme la ayuda de tu gracia celestial, a fin de que yo pueda aprender a despreciar todas las cosas terrenales, y amar lo que es celestial, para oponerme a los vicios y ser a prueba de toda tentación, para caminar con firmeza en el camino de la virtud, no buscar honores, a huir de los placeres, llorar por mis ofensas pasadas, para mantenerme lejos de las ocasiones del mal, para mantenerme libre de malos hábitos, para buscar la compañía de los buenos, y perseverar en la justicia, a fin de que, con la ayuda de tu gracia, yo pueda merecer la corona de la vida eterna, junto con Santa Agnes y todos los santos, en tu reino para siempre jamás. Amen.


(Indulgencia de 100 días, Papa Pío IX, 1854)




 Oficio de lectura, 21 de enero. Santa Inés, Virgen y mártir

No tenía aún edad de ser condenada, pero estaba ya madura para la victoria
Del tratado de
san Ambrosio, obispo, sobre las vírgenes.
Libro 1, caps. 2. 5. 7-9


Celebramos hoy el nacimiento para el cielo de una virgen, imitemos su integridad; se trata también de una mártir, ofrezcamos el sacrificio. Es el día natalicio de santa Inés. Sabemos por tradición que murió mártir a los doce años de edad. Destaca en su martirio, por una parte, la crueldad que no se detuvo ni ante una edad tierna; por otra, la fortaleza que infunde la fe, capaz de dar testimonio en la persona de una jovencita.

¿Es que en aquel cuerpo tan pequeño cabía herida alguna? Y, con todo, aunque en ella no encontraba la espada donde descargar su golpe, fue ella capaz de vencer a la espada. Y eso que a esta edad las niñas no pueden soportar ni la severidad del rostro de sus padres, y si distraídamente se pinchan con una aguja, se poner a llorar como si se tratara de una herida.
Pero ella, impávida entre las sangrientas manos del verdugo, inalterable al ser arrastrada por pesadas y chirriantes cadenas, ofrece todo su cuerpo a la espada del enfurecido soldado, ignorante aún de lo que es la muerte, pero dispuesta a sufrirla; al ser arrastrada por la fuerza al altar idolátrico, entre las llamas tendía hacia Cristo sus manos, y así, en medio de la sacrílega hoguera, significaba con esta posición el estandarte triunfal de la victoria del Señor; intentaban aherrojar su cuello y sus manos con grilletes de hierro, pero sus miembros resultaban demasiado pequeños para quedar encerrados en ellos.
¿Una nueva clase de martirio? No tenía aún edad de ser condenada, pero estaba ya madura para la victoria; la lucha se presentaba difícil, la corona fácil; lo que parecía imposible por su poca edad lo hizo posible su virtud consumada. Una recién casada no iría al tálamo nupcial con la alegría con que iba esta doncella al lugar del suplicio, con prisa y contenta de su suerte, adornada su cabeza no con rizos, sino con el mismo Cristo, coronada no de flores, sino de virtudes.


Todos lloraban, menos ella. Todos se admiraban de que, con tanta generosidad, entregara una vida de la que aún no había comenzado a gozar, como si ya la hubiese vivido plenamente. Todos se asombraban de que fuera ya testigo de Cristo una niña que, por su edad, no podía aún dar testimonio de sí misma. Resultó así que fue capaz de dar fe de las cosas de Dios una niña que era incapaz legalmente de dar fe de las cosas humanas, porque el Autor de la naturaleza puede hacer que sean superadas las leyes naturales.


El verdugo hizo lo posible para aterrorizarla, para atraerla con halagos, muchos desearon casarse con ella. Pero ella dijo:
«Sería una injuria para mi Esposo esperar a ver si me gusta otro; él me ha elegido primero, él me tendrá. ¿A qué esperas, verdugo, para asestar el golpe? Perezca el cuerpo que puede ser amado con unos ojos a los que no quiero».
Se detuvo, oró, doblegó la cerviz. Hubieras visto cómo temblaba el verdugo, como si él fuese el condenado; como temblaba su diestra al ir a dar el golpe, cómo palidecían los rostros al ver lo que le iba a suceder a la niña, mientras ella se mantenía serena. En una sola víctima tuvo lugar un doble martirio: el de la castidad y el de la fe. Permaneció virgen y obtuvo la gloria del martirio.




Oración
Dios todopoderoso y eterno, que eliges a los débiles para confundir a los fuertes de este mundo, concédenos a cuantos celebramos el triunfo de tu mártir santa Inés imitar la firmeza de su fe. Por nuestro Señor Jesucristo.


 
 
Santa Agnes te suplicamos que intercedas para que nuestros jóvenes católicos se mantengan puros y puedan vencer todas las tentaciones que este mundo les presente. Lo pedimos para la mayor Gloria de Jesucristo. Amen 

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