miércoles, 21 de septiembre de 2016

Conversión radical del publicano como respuesta al llamado de Cristo.

Ven, sígueme!
 

Lucas 5:28

Y Leví abandonándolo todo, se levantó y le siguió.
 
 
San Mateo tampoco pertenece a la secta Bergogliana, ya que no sigue los parámetros del marxismo, pues renunció a ser remunerado por el mundo para dedicarse a ganar almas para Cristo.
 
Bergoglio desde Argentina ha estado promoviendo la lucha de clase marxista, invirtiendo y torciendo el Evangelio. Desde donde ha estado utilizando las fiestas populares para adoctrinar  a los pobres para que pongan su confianza en la remuneración laboral y en las cosas del mundo y no en Dios.
Y para ganar adeptos  muestra todo su interés por el desempleo porque no le interesa la salvación de las almas. En cambio San Mateo deja un empelo lucrativo para seguir a Cristo, prefiriendo   quedarse desempleado para ponerse a trabajar al Servicio de Dios para ganar almas para el Cielo.

 
 
 
Bergoglio tiene el mismo concepto herético de la definición de pecado, que  el herético jesuita español Jon Sabino, marxista de la liberación, quien en 1991, definió  el pecado como las estructuras sociales injusta. Los ejemplos de los pecadores para Jon Sabino eran las oligarquías, las corporaciones multinacional, las diversas fuerzas armadas y “prácticamente todos los gobiernos.”
 
Bergoglio libro conversaciones, p. 107: “... es un problema de pecado. Desde hace unos cuantos años, la Argentina vive una situación de pecado, porque no se hace cargo de la gente que no tiene pan, ni trabajo”
 
Entrevista con La Repubblica, 1 de octubre de 2013: “Los más graves entre los males que afligen al mundo en estos años son el paro [desempleo] de los jóvenes ....Este es, a mi manera de ver, el problema más urgente que la Iglesia tiene que enfrentar”



San Mateo abandonó  el mundo por Cristo y puso todo su empeño en trabajar por la salvación de las almas.

Pseudo-Jerónimo
Así es como Leví, que quiere decir vinculado, dejando los negocios temporales, sigue al Verbo, que dice: "El que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo" ( Lc 14,33).

Tampoco Mateo le robó  los bienes a Dios como hacen los marxistas sino al contrario puso sus propios bienes al servicio de Dios.

Glosa (Catena Aurea)
Mateo, con el objeto de mostrar dignamente su agradecimiento por el bien divino que había recibido, preparó en su casa un gran agasajo a Cristo y ofreció de este modo sus bienes temporales a Aquél de quien esperaba los de la eternidad. Esto es lo que significa: "Y sucedió, sentándose El en la casa".
 

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 30,2

Mateo, al verse tan honrado con la venida de Jesús a su casa, convida a todos los publicanos de su misma profesión. Y esto es lo que quieren decir las palabras: "He aquí que muchos publicanos", etc.

 



San Mateo no solo dejó de  servirle al mundo sino que además buscó la conversión de muchos de sus compañeros, que eran publicanos y pecadores.

 

Glosa (Catena Aurea)

Se llaman publicanos todos aquellos hombres que se ocupan de aquellos negocios públicos, que apenas pueden desempeñarse sin cometer algún pecado. Fue un magnífico adelanto, porque Aquel que había de ser el Apóstol y el Doctor de las naciones, debía mostrársenos en su primera conversión seguido de multitud de pecadores, a quienes El llevaba por el camino de la salvación y conducía a la perfección primero por medio de su ejemplo y después por su palabra. 


San Jerónimo
Tertuliano, apoyado en las palabras de la Escritura: "No habrá impuesto en Israel" (como si Mateo no hubiera sido judío), dice que los publicanos eran los gentiles. No es admisible esta opinión, puesto que Jesús no come con los gentiles, con el objeto de que no se interprete que ignora el consejo que dio a sus discípulos: "No vayáis por el camino de los gentiles" ( Mt 10,5). Habían visto los publicanos que Mateo, siendo publicano, se convirtió de pecador en perfecto, tuvo medios de arrepentirse y ellos, consiguientemente, no podían desconfiar de su salvación.

 

Los herejes modernistas como Bergoglio utilizan el pasaje cuando los fariseos le reprochan a Jesús  por comer con publicanos y pecadores, para justificar su complicidad con los pecadores. Pero los fariseos son ellos mismos, como podemos leer en la Catena Aurea de Santo Tomás  de Aquino:

Rábano
Los fariseos cometían dos errores: llenos de orgullo se juzgaban justos a sí mismos, estando muy lejos de la justicia y tenían por malos a todos aquellos que, arrepentidos de sus pecados, se aproximaban a la virtud.

San Jerónimo
No vienen a Jesús los que continúan en sus vicios antiguos, como opinan los fariseos y los escribas, sino los que hacen penitencia de ellos, esto es, lo que significan aquellas palabras de Cristo: "Pero oyéndolos Jesús, dice: no es necesario", etc., etc.


Beda
Se llama publicanos a los que cobran los tributos, o a los que están encargados de la administración del fisco o de los negocios públicos, y el mismo nombre se da a los que se ocupan en asuntos temporales de lucro. Los que habían visto, pues, que un publicano convertido del pecado a una vida mejor era admitido a la penitencia, no desesperaban ya de su propia salvación, ni siguen a Jesús perseverando en sus antiguos vicios -como murmuran los escribas y los fariseos- sino haciendo penitencia, según las siguientes palabras del Evangelista: "Eran, pues, muchos los que lo seguían." El Señor iba a los banquetes de los pecadores para tener ocasión de enseñarles, y dar alimento espiritual a los que lo invitaban.


Crisóstomo, ut sup
El Señor honró el llamamiento de Leví, aceptando inmediatamente el convite que éste le hizo; esto le inspiraba más confianza. Por lo que sigue: "Y le hizo Leví un gran convite en su casa". Y no estuvo solo con él, sino que había muchos más. Por lo que sigue: "Y asistió a él un grande número de publicanos y de otros que estaban sentados con ellos a la mesa". Habían venido los publicanos a casa de Leví, a ver a su compañero y a un hombre de su misma clase, pero Leví, gloriándose de la presencia de Jesucristo, los convidó a todos a comer. Jesucristo empleaba todo género de medios para obtener la salvación de los hombres; y así no sólo disputaba, y curaba las enfermedades, sino que también reprendía a los que tenían envidia. Y aun cuando estaba comiendo, corregía también los errores de alguno; enseñándonos así que cualquier ocupación y cualquier tiempo puede sernos útil. Ni evitó la sociedad de los publicanos, por la utilidad que seguiría; como un médico que no curaría la enfermedad si no tocase la llaga.
 


San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 30,3
Es como si dijera: "¿Por qué me acusáis de que llamo a los pecadores a la penitencia? Por la misma razón debéis acusar a Dios Padre, porque El desea, como yo, la enmienda de los pecadores" y de esta manera les demostraba que, no sólo no era prohibido lo que ellos reprendían, sino que, según la Ley, era una cosa superior al sacrificio; porque no dice la Ley: "Quiero la misericordia y el sacrificio, sino que mando aquella y excluyo éste".


San Agustín, de consensu evangelistarum, 2, 27
Añade San Lucas la penitencia ( Lc 5,32), lo que significa, desarrollando su pensamiento, que nadie debe juzgar que Cristo ama a los pecadores por el sólo hecho de ser pecadores, además de que la comparación con los enfermos nos da una inteligencia clara de lo que Dios quiere llamando a los pecadores como el médico a los enfermos, esto es, librarlos del pecado como de una enfermedad, lo que se consigue por la penitencia.


Teofilacto
No para que permanezcan pecadores, sino para que se conviertan a la penitencia.

Gregorio Niceno
Como diciendo: No detesto a los pecadores, porque sólo he venido para bien de ellos; no para que sigan pecando, sino para que se conviertan y se hagan buenos.

                   LA CONVERSIÓN  DEL PUBLICANO.


San Mateo no se queda en su vida de pecado sino que la abandona para seguir a Cristo.

San Agustín, de cons. evang. 2, 26

Después de la curación del paralítico, sigue hablando de la conversión del publicano, diciendo: "Y después de esto, salió y vio a un publicano, llamado Leví, que estaba sentado al banco". San Mateo es ese Leví.


Crisóstomo, in Mat. hom 31


En lo que puede verse el poder del que llama y la obediencia del llamado. Y no se resistió, ni siquiera vaciló, sino que en seguida obedeció; y no quiso siquiera volver a su casa a contar a su familia lo que le sucedía, como tampoco lo hicieron los pescadores. 


Teofilacto

O publicano es el que sirve al príncipe del mundo, y paga su tributo a la carne: los manjares si es goloso, el placer si es adúltero, y lo demás si es otra cosa. Cuando el Señor le vio sentado en el banco de la recaudación, esto es, no dirigiéndose a cosas peores, lo separó del mal, siguió a Jesús, y le recibió en la casa de su alma.

SEGUNDO TEXTO DEL OFICIO DE LECTURA DE LA FIESTA
San Beda el Venerable, presbítero Homilía 21 (CCL 122,149-151)
Jesús vio a un hombre llamado Mateo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme». Lo vio más con la mirada interna de su amor que con los ojos corporales. Jesús vio al publicano y, porque lo amó, lo eligió, y le dijo: Sígueme. Sígueme, que quiere decir: «Imítame». Le dijo: Sígueme, más que con sus pasos, con su modo de obrar. Porque, quien dice que permanece en Cristo debe vivir como vivió él. El -continúa el texto sagrado- se levantó y lo siguió. No hay que extrañarse del hecho de que aquel recaudador de impuestos, a la primera indicación imperativa del Señor, abandonase su preocupación por las ganancias terrenas y, dejando de lado todas sus riquezas, se adhiriese al grupo que acompañaba a aquel que él veía carecer en absoluto de bienes. Es que el Señor, que lo llamaba por fuera con su voz, lo iluminaba de un modo interior e invisible para que lo siguiera, infundiendo en su mente la luz de la gracia espiritual, para que comprendiese que aquel que aquí en la tierra lo invitaba a dejar sus negocios temporales era capaz de darle en el cielo un tesoro incorruptible. Y, estando en la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaron con Jesús y sus discípulos. La conversión de un solo publicano fue una muestra de penitencia y de perdón para muchos otros publicanos y pecadores. Ello fue un hermoso y verdadero presagio, ya que Mateo, que estaba destinado a ser apóstol y maestro de los gentiles, en su primer trato con el Señor arrastró en pos de sí por el camino de la salvación a un considerable grupo de pecadores. De este modo, ya en los inicios de su fe, comienza su ministerio de evangelizador que luego, llegado a la madurez en la virtud, había de desempeñar. Pero, si deseamos penetrar más profundamente el significado de estos hechos, debemos observar que Mateo no sólo ofreció al Señor banquete corporal en su casa terrena, sino que le preparó, por su fe y por su amor, otro banquete mucho más grato en la casa de su interior, según aquellas palabras del Apocalipsis: Estoy a la puerta llamando: si alguien oye y me abre, entraré y comeremos juntos. Nosotros escuchamos su voz, le abrimos la puerta y lo recibimos en nuestra casa, cuando de buen grado prestamos nuestro asentimiento a sus advertencias, ya vengan desde fuera, ya desde dentro, y ponemos por obra lo que conocemos que es voluntad suya. Él entra para comer con nosotros, y nosotros con él, porque, por el don de su amor, habita en el corazón de los elegidos, para saciarlos con la luz de su continua presencia, haciendo que sus deseos tiendan cada vez más hacia las cosas celestiales y deleitándose él mismo en estos deseos como en un manjar sabrosísimo.

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