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sábado, 19 de mayo de 2018

Jesucristo: Y cuando El viniere argüirá al mundo de pecado, de justicia y de juicio




Pentecostés es otra fiesta que celebramos los católicos que no pueden celebrar los bergoglianos, puesto que la Palabra de Dios dice que la obra del Espiritu Santo es nuestra Santificación y los adúlteros, los sodomitas, los fornicarios, los sacrílegos y rebeldes  se oponen a la obra de Santificación del Espiritu Santo, despreciando sus dones rechazan ser guiados por Cristo, para vivir esclavos de sus desenfrenadas pasiones. 

Bergoglio blasfemó al Espíritu Santo: “¡Este Espíritu Santo es un desastre!”

Romanos 8
13. pues, si vivís según la carne, moriréis. Pero si con el Espíritu hacéis morir las obras del cuerpo, viviréis.
14. En efecto, todos los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios son hijos de Dios.

Judas 1:15  para realizar el juicio contra todos y dejar convictos a todos los impíos de todas las obras de impiedad que realizaron y de todas las palabras duras que hablaron contra él los pecadores impíos."
1 Tesalonicenses 4 

La vida que agrada a Dios

1. Por lo demás, hermanos, os rogamos y exhortamos en el Señor Jesús a que viváis como conviene que viváis para agradar a Dios, según aprendisteis de nosotros, y a que progreséis más.
2. Sabéis, en efecto, las instrucciones que os dimos de parte del Señor Jesús.
3. Porque esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación; que os alejéis de la fornicación,
4. que cada uno de vosotros sepa poseer su cuerpo con santidad y honor,
5. y no dominado por la pasión, como hacen = los gentiles que no conocen a Dios. =
6. Que nadie falte a su hermano ni se aproveche de él en este punto, pues el Señor = se vengará = de todo esto, como os lo dijimos ya y lo atestiguamos,
7. pues no nos llamó Dios a la impureza, sino a la santidad.
8. Así pues, el que esto deprecia, no desprecia a un hombre, sino a Dios, = que os hace don de su Espíritu = Santo.


Como afirma San Jerónimo: "Es difícil encontrar a un hereje que ame la castidad; aunque la pueda recomendar por palabras y alabarla".



El viniere argüirá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, ciertamente porque no han creído en mí; y de justicia, porque voy al Padre y ya no me veréis; y de juicio, porque el príncipe de este mundo ya está juzgado. Juan 16:8-11
 

 
San Agustín, in Ioannem, tract., 95
Es acusado el mundo de pecado, porque no cree en Cristo, al mismo tiempo que los creyentes son acusados de justicia, porque la comparación entre los fieles es la reprobación de los infieles. "Y de justicia, porque voy al Padre", y dado que el sentido de la palabra infidelidad se acostumbra a usar en el sentido que expresa la pregunta: ¿cómo creemos aquello que no podemos ver?, conviene, pues, definir en qué consiste la justicia de los que creen. Y esto queda expresado en la frase: "Porque voy al Padre, ya no me veréis". Bienaventurados, pues, los que no ven y creen. Porque los que vieron a Cristo no merecieron alabanza por su fe, porque creían lo que veían, esto es, al Hijo del hombre, pero sí en cuanto creían lo que no veían, esto es, al Hijo de Dios. Pero cuando desapareció de su presencia la forma de siervo, entonces se verificó completamente la palabra: "El justo vive de la fe" ( Rom 1,17). Consistirá, pues, vuestra justicia, de la que acusará al mundo, en que creeréis en mí, a quien no veréis; y cuando me viereis como ahora, no me veréis del modo que estoy con vosotros, esto es, no me veréis mortal, sino eterno. Al decir, pues, "ya no me volveréis a ver", profetizó que en adelante ya nunca le verían.
 
 
San Agustín
El mundo es acusado de pecado en aquellos que no creen en Cristo, y de justicia en los que resucitan como miembros de Cristo. Sigue: "De juicio, pues, porque el príncipe de este mundo ya está juzgado". Esto es, el diablo, príncipe de los inicuos, que en su corazón no viven sino en este mundo, al que aman. En esto mismo que el diablo fue echado fuera, juzgado está, y éste es el juicio del cual el mundo es acusado, porque se lamenta en vano del diablo, el que no quiere creer en Cristo; y juzgado, esto es, echado fuera, le es permitido atacarnos desde fuera para ejercitar nuestra virtud y vencerle en el martirio, no sólo los varones, sino que también las mujeres, los niños, y hasta las tiernas doncellas.


San Agustín, in Ioannem, tract., 95
Juzgado está, porque fue condenado irrevocablemente al fuego eterno. En este juicio está condenado el mundo, porque está juzgado con su príncipe, a quien imita en soberbia e impiedad. Crean, pues, los hombres en Cristo, para que no sean acusados del pecado de infidelidad, con el cual son retenidos todos los demás pecados; pasen al número de los fieles para que no sean argüidos de justicia por aquellos a quienes, justificados, no imitan; y guárdense del futuro juicio para que no sean condenados con el príncipe del mundo, a quien imitan.



Crisóstomo, in Ioannem, hom. 78
O de otro modo: acusará al mundo de pecado, esto es, desechará toda excusa y probará que pecaron los que no creyeron en El, cuando vieron que el Espíritu Santo derramaba sus dones inefables a la invocación de su nombre.



 

Sabiduría: gusto para lo espiritual, capacidad de juzgar según la medida de Dios. 

Inteligencia (Entendimiento): Es una gracia del Espíritu Santo para comprender la Palabra de Dios y profundizar las verdades reveladas.

Consejo: Ilumina la conciencia en las opciones que la vida diaria le impone, sugiriéndole lo que es lícito, lo que corresponde, lo que conviene más al alma.

Fortaleza: Fuerza sobrenatural que sostiene la virtud moral de la fortaleza.  Para obrar valerosamente lo que Dios quiere de nosotros, y sobrellevar las contrariedades de la vida. Para resistir las instigaciones de las pasiones internas y las presiones del ambiente. Supera la timidez y la agresividad.

Ciencia: Nos da a conocer el verdadero valor de las criaturas en su relación con el Creador.

Piedad: Sana nuestro corazón de todo tipo de dureza y lo abre a la ternura para con Dios como Padre y para con los hermanos como hijos del mismo Padre.  Clamar  ¡Abba, Padre!

Temor de Dios: Espíritu contrito ante Dios, consientes de las culpas y del castigo divino, pero dentro de la fe en la misericordia divina. Temor a ofender a Dios, humildemente reconociendo nuestra debilidad.

 Isaías 11:1-3Saldrá un vástago del tronco de Jesé,
y un retoño de sus raíces brotará.
Reposará sobre él el espíritu de Yahveh:
espíritu de sabiduría e inteligencia,
espíritu de consejo y fortaleza,
espíritu de ciencia y temor de Yahveh.


Los resultados de los siete dones del Espíritu Santo, son los doce frutos del Espíritu Santo:
En su epístola a los Gálatas, el Apóstol enumera los doce frutos del Espíritu Santo consagrados por la tradición de la Iglesia: caridad, alegría, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia y castidad.



Los 12 frutos del Espíritu Santo:
Caridad | Gozo ...| Paz | Paciencia | Mansedumbre | Bondad | Benignidad | Longanimidad (Constancia de ánimo en las adversidades.)| Fe-Fidelidad | Modestia | Templanza- Autocontrol | Castidad

Los tres primeros frutos del Espíritu Santo —caridad, gozo y paz— ordenan el alma en sí misma con relación al bien, mientras que la paciencia y la longanimidad lo hacen con relación al mal. bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad la ordenan en relación con lo demás; modestia, continencia y castidad en relación a aquello que nos es inferior -o sea, las pasiones-.

Dentro de la Modestia encontramos la modestia externa: modestia en el vestir, modestia en el comportamiento.

Por fin, tras haberse ordenado la mente en relación a lo que está a su alrededor, cumple hacerlo respecto a lo que le es inferior, y esto ocurre en primer lugar por la modestia, “que pone moderación en todos los dichos y hechos”.26

Esta virtud mantiene nuestros ojos, labios, risas, movimientos, en fin, toda nuestra persona, sin excluir la ropa que la reviste, “dentro de los justos límites que corresponden a su estado, ingenio y fortuna”.27

San Agustín recomienda particular cuidado con la modestia exterior, que puede tanto edificar como escandalizar a los que nos rodean. 28

Las virtudes de templanza y castidad atañen a los placeres del cuerpo, reprimiendo los ilícitos y moderando los permitidos.
-La templanza refrena la desordenada afición de comer y de beber, impidiendo los excesos que pudieran cometerse
-La castidad regula o cercena (limita, restringe) el uso de los placeres de la carne.

Del Catecismo

1809 La templanza es la virtud moral que modera la atracción de los placeres y procura el equilibrio en el uso de los bienes creados. Asegura el dominio de la voluntad sobre los instintos y mantiene los deseos en los límites de la honestidad. La persona moderada orienta hacia el bien sus apetitos sensibles, guarda una sana discreción y no se deja arrastrar ‘para seguir la pasión de su corazón’ (Si 5,2; cf 37, 27-31). La templanza es a menudo alabada en el Antiguo Testamento: ‘No vayas detrás de tus pasiones, tus deseos refrena’ (Si 18, 30). En el Nuevo Testamento es llamada ‘moderación’ o ‘sobriedad’. Debemos ‘vivir con moderación, justicia y piedad en el siglo presente’ (Tt 2, 12).
....

2290. La virtud de la templanza conduce a evitar toda clase de exceso, el abuso de la comida, del alcohol, del tabaco y de las medicinas. Quienes en estado de embriaguez, o por afición inmoderada de velocidad, ponen en peligro la seguridad de los demás y la suya propia en las carreteras, en el mar o en el aire, se hacen gravemente culpables

Castidad es la virtud que gobierna y modera el deseo del placer sexual según los principios de la fe y la razón. Por la castidad la persona adquiere dominio de su sexualidad y es capaz de integrarla en una sana personalidad, en la que el amor de Dios reina sobre todo. Por lo tanto no es una negación de la sexualidad. Es un fruto del Espíritu Santo.

La castidad consiste en el dominio de sí, en la capacidad de orientar el instinto sexual al servicio del amor y de integrarlo en el desarrollo de la persona.
- Sagrada Congregación para la educación católica: Pautas de educación sexual, nº 18. Revista ECCLESIA, 2155 (24-XII-83)23

Continencia y Castidad

El Espíritu del Amor viene siempre en socorro de nuestra flaqueza, con sus gracias y dones y aún nos da por medianera y abogada a su
fidelísima esposa.

La continencia y la castidad.

Según Santo Tomás, se distinguen una de otra “bien porque la castidad refrena al hombre en lo ilícito, mientras que la continencia le refrena incluso en lo lícito; o bien en el sentido de que el continente siente las concupiscencias, pero no se deja arrastrar por ellas, mientras que el casto ni es arrastrado ni las padece.29
De hecho, el alma que produce el fruto de la castidad se vuelve realmente angélica. Muy al contrario de los tormentos interiores de agitación y ansiedad, en los que vive quien se entrega a las pasiones desordenadas, el casto ya se anticipa al gozo del Cielo en la Tierra.
La continencia, por su parte, “robustece la voluntad para resistir las concupiscencias desordenadas muy vehementes”;30 por tanto, indica un freno, en cuanto que uno se abstiene de obedecer a las pasiones.31 Prepara, de este modo, el alma para esa castidad, pues “los que hacen todo lo que está permitido acabarán haciendo lo que no lo está” . 32  


 
 
 
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