domingo, 12 de junio de 2016

San Antonio de Padua “martillo de los herejes”, protégenos de las trampas de los herejes.

      CONSAGRACION DE LOS NIÑOS A SAN ANTONIO

El día que murió San Antonio, los niños salieron gritando por las calles ¡ha muerto el santo, ha muerto el santo! . Desde entonces, todas las familias cristianas adoptaron la tradición de consagrar a sus hijos al Santo de Padua, para que él los proteja durante toda su vida de los peligros de alma y cuerpo y les preserve su pureza e inocencia.
Todos los años en las iglesias franciscanas se lleva a cabo esta hermosa devoción cada 13 de junio, reuniendo a miles de devotos de San Antonio, vistiendo a los niños con el hábito, para que los bendiga y consagre por medio del sacerdote, que suele utilizar esta fórmula, la cual también puede utilizar en casa uno mismo:
V) Nuestro auxilio es el Nombre del Señor
R) Que hizo el cielo y la tierra
V) Nuestro Dios es Misericordioso
R) El Señor protege a los pequeños
V) Señor, escucha nuestra oración
R) Y llegue a Ti nuestra súplica
V) El Señor esté con vosotros (si es un sacerdote, sino, se omite)
R) Y con tu espíritu
Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo que, engendrado antes de todos los siglos, quisiste hacerte sin embargo, niño en el tiempo y amas la inocencia de esta edad; que abrazaste con amor a los niños a Ti presentados y los bendijiste; y que en forma de niño descansaste en los brazos de tu siervo San Antonio de Padua: derrama sobre este/a niño/a la abundancia de tus bendiciones y haz que la malicia no corrompa su entendimiento y concédele, por la intercesión del mismo San Antonio, a cuya protección lo/la confiamos que, progresando a una con la edad en sabiduría y gracia, pueda siempre agradarte. Tú que vives y reinas con Dios Padre en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios por los siglos de los siglos. Amén.
(Si es posible se rocía con agua bendita)
La paz y bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ti y te acompañe siempre. Amén.
 
 


Oración a San Antonio de Padua
Glorioso San Antonio, te saludo como fiel servidor de Cristo, y amigo especial de Dios. Una vez fuiste favorecido de mantener al Niño Jesús en tus brazos a medida que atesorabas  su Santa Palabra en tu corazón. Hoy pongo todas mis preocupaciones,  tentaciones y ansiedades en tus manos. Resuelvo  honrarte siempre imitando tu ejemplo. Poderoso Santo patrón,  modelo de pureza y vencedor de los impulsos carnales, por favor obtén para mí, y para todos tus devotos, la pureza perfecta del cuerpo, la mente y el corazón. Prometo con mi ejemplo y consejo ayudar a otros a conocer, amar y servir a Dios. Amén.


Sermón  de San Antonio de Padua (1, 226) :
El que esta lleno del Espíritu Santo habla diversas lenguas. Estas diversas lenguas son diversos testimonios que da de Cristo, como por ejemplo la humildad, la pobreza, la paciencia y la obediencia, que son las palabras con que hablamos cuando los demás pueden verlas reflejadas en nuestra conducta. La palabra tiene fuerza cuando va acompañada de las obras. Cesen, por favor, las palabras y sean las obras quienes hablen. Estamos repletos de palabras, pero vacíos de obras, y por esto el Señor nos maldice como maldijo aquella higuera en la que no halló fruto, sino hojas tan solo. “La norma del predicador – dice San Gregorio- es poner por obra lo que se predica.”
En vano se esfuerza en propagar la doctrina cristiana el que la contradice con sus obras.

Pero los apóstoles hablaban según les hacía expresarse el Espíritu Santo. ¡Dichoso el que habla según le hace expresarse el Espíritu Santo y no según su propio sentir!
Porque hay algunos que hablan movidos por su propio espíritu, roban las palabras de los demás y las proponen como suyas, atribuyéndolas a sí mismos. De estos tales y de otros semejantes dice el Señor por boca de Jeremías:
Aquí estoy yo contra los profetas que se roban mis palabras uno a otro. Aquí estoy yo contra los profetas –oráculo del Señor- que manejan la lengua para echar oráculos. Aquí estoy contra los profetas de sueños falsos –oráculo del Señor-, que los cuentan para extraviar a mi pueblo, con sus embustes y jactancias. Yo no los mandé ni los envié, por eso son inútiles a mi pueblo –oráculo del Señor-.

Hablemos, pues, según nos haga expresarnos el Espíritu Santo, pidiéndole con humildad y devoción que infunda en nosotros su gracia, para que completemos el significado quincuagenario del día de Pentecostés, mediante el perfeccionamiento de nuestros cinco sentidos y la observancia de los diez mandamientos, y para que no llenemos de la ráfaga de viento de contradicción, de manera que, encendidos e iluminados por los sagrados esplendores, podamos llegar a la contemplación del Dios uno y trino.



 
 
Bergoglio al profanar la Santa Eucaristía, entregándole a los luteranos un cáliz para su parodia y promoviendo y permitiendo los sacrilegios a los sodomitas y adúlteros vemos que la secta heretica kasperbergogliana está  en un nivel mucho  más  bajo que las bestias.
Predicaba San Antonio de Padua en Rímini (Italia). Allí los herejes patarinos habían desfigurado el dogma de la presencia real, reduciendo la Eucaristía a una simple cena conmemorativa.
Antonio, en su predicación, ilustró plenamente la realidad de la presencia de Jesús en la Hostia Santa. Mas los jefes de la herejía no aceptaban las razones del Santo e intentaban rebatir sus argumentos. Entre ellos, Bonvillo, que era el principal y se hacía el sabiondo, le dijo:
-Menos palabras; si quieres que yo crea en ese misterio, has de hacer el siguiente milagro: Yo tengo una mula; la tendré sin comer por tres días continuos, pasados los cuales nos presentaremos juntos ante ella: yo con el pienso, y tú con tu sacramento. Si la mula, sin cuidarse del pienso, se arrodilla y adora ese tu Pan, entonces también lo adoraré yo.
Aceptó el Santo la prueba y se retiró a implorar el auxilio de Dios con oraciones, ayunos y penitencias.
Durante tres días privó el hereje a su mula de todo pienso y luego la sacó a la plaza pública. Al mismo tiempo, por el lado opuesto de la plaza, entraba en ella San Antonio, llevando en sus manos una Custodia con el Cuerpo de Cristo; todo ello ante una multitud de personas ansiosas de conocer el resultado de aquel extraordinario compromiso contraído por el santo franciscano.
Encaróse entonces el Santo con el hambriento animal, y, hablando con él, le dijo:
-En nombre de aquel Señor a quien yo, aunque indigno, tengo en mis manos, te mando que vengas luego a hacer reverencia a tu Creador, para que la malicia de los herejes se confunda y todos entiendan la verdad de este altísimo sacramento, que los sacerdotes tratamos en el altar, y que todas las criaturas están sujetas a su Creador.
Mientras decía el Santo estas palabras, el hereje echaba cebada a la mula para que comiese; pero la mula, sin hacer caso de la comida avanzó pausadamente, como si hubiese tenido uso de razón, y, doblando respetuosamente las rodillas ante el Santo que mantenía levantada la Sagrada Hostia, permaneció en esta postura hasta que San Antonio le concedió licencia para que se levantara. Bonvillo cumplió su promesa y se convirtió de todo corazón a la fe católica; los herejes se retractaron de sus errores, y San Antonio, después de dar la bendición con el Santísimo en medio de una tempestad de vítores y aplausos, condujo la Hostia procesionalmente y en triunfo a la iglesia, donde se dieron gracias a Dios por el estupendo portento y conversión de tantos herejes .

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Oh San Antonio, cándida y suave azucena de virginidad, gema preciosa de pobreza, ejemplo de abstinencia, espejo limpio de pureza, espléndida estrella de santidad, resplandor del Paraíso, columna de la Santa Iglesia, predicador de la Gracia, exterminador de vicios, sembrador de virtud, consolador de los afligidos, llama ardiente de la divina caridad y de puro amor, fúlgida luz de España e Italia, émulo del seráfico padre San Francisco, amante de la paz y la unidad, despreciador de la vanidad mundana, lumbre de la santa fe católica, mártir de deseo, glorioso triunfador contra los herejes, gran hacedor de milagros, refugio seguro de todos los que recurren a ti: tú has merecido abrazar entre tus santos brazos al Hijo del Altisimo; con tus ardientes sermones has encendido en la mente de los pecadores, la llama de la divina caridad. Por tanto yo, miserable pecador, te ruego humildemente acogerme bajo tu potente protección y conseguir la verdadera contrición de mis pecados, el humilde conocimiento de mi miseria, el regalo de llorar mis culpas, el gusto y el fervor de la oración , la firme resistencia al mal y el don de la contemplación del Verdadero Dios, Belleza y Bondad infinita. Y siendo tú llama ardiente del divino amor, enciende mi corazón tibio y frío con el fuego de la divina caridad tanto de hacerme siempre despreciar a mi mismo, el mundo, la carne y el demonio y hazme avanzar de virtud en virtud para que, viviendo en constante fervor y méritos ; compartiendo la muerte de los Santos con tu poderoso patrocinio alcance ser asociado a ellos en la gloria celeste. Amén. 
 

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