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sábado, 4 de agosto de 2018

San Juan Bautista María Vianney juzga las herejías de Bergoglio






 
juzga la idea de Francisco de que Jesús es solamente misericordia
  • Dios es justo y, si se trata de castigarnos, lo hace con rigor, incluso con las faltas leves

No, queridos hermanos, nunca nos animaríamos a cometer el menor pecado, si pudiéramos comprender lo mucho que esto ofende a Dios y cuanto merece ser castigado aun en este mundo. Dios es justo, queridos hermanos, en todo lo que hace; y cuando nos recompensa por la mínima acción, nos da con creces lo que podríamos desear. Un buen pensamiento, un buen deseo, es decir, el deseo de hacer alguna buena obra aún cuando no estemos capacitados para lograrlo. Nunca nos deja sin recompensa. Pero también, si se trata de castigarnos lo hace con rigor, aún las faltas leves, y por ellas seremos enviados al Purgatorio. Esto es verdad, pues vemos en las vidas de los santos que muchos de ellos no fueron directamente al Cielo, primero tuvieron que pasar por las llamas del Purgatorio. (San Juan Bautista María Vianney. Sermón del día de los fieles difuntos)
 
 
 





El Santo Cura de Ars juzga la idea herética de Bergoglio que se opone a hacer proselitismo cristiano.

Así como muchas veces basta una sola mala conversación para perder a una persona, no es raro tampoco que una conversación buena la convierta o le haga evitar el pecado. ¡Cuántas veces, después de haber conversado con alguien que nos habló del buen Dios, nos hemos sentido vivamente inclinados a El y habremos propuesto portarnos mejor en adelante!. . . Esto es lo que multiplicaba tanto el número de los santos en los primeros tiempos de la Iglesia; en sus conversaciones no se ocupaban de otra cosa que de Dios. Con ello los cristianos se animaban unos a otros, y conservaban constantemente el gusto y la inclinación hacia las cosas de Dios (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre el precepto 1º. del Decálogo). 

El Santo Cura de Ars Juzga la irreverencia de Bergoglio
 
 
Para hacer una buena comunión es preciso tener una viva fe en lo que concierne a este gran misterio; siendo este sacramento un "misterio de fe", hemos de creer con firmeza que Jesucristo esta realmente presente en la Sagrada Eucaristía, y que esta allí vivo y glorioso como en el cielo. Antiguamente, el sacerdote, antes de dar la Sagrada Comunión, sosteniendo en sus dedos la santa Hostia, decía en alta voz: "Creéis que el Cuerpo adorable y la Sangre preciosa de Jesucristo están verdaderamente en este sacramento?" Y entonces respondían a coro los fieles: "Si, lo creemos" (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre la Comunión).

Es necesario que todo nuestro porte exterior dé, a los que nos ven, la sensación de que nos preparamos para algo grande (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre la Comunión).

El Santo Cura de Ars juzga la comuniones sacrílegas que promueve la herética Amoris Laetitia

Habréis de convenir conmigo en que, si para comulgar son tan necesarias las disposiciones del cuerpo, mucho mas lo habrán de ser las del alma, a fin de hacernos merecedores de las gracias que Jesucristo nos trae al venir a nosotros en la Sagrada Comunión. Si en la Sagrada Mesa queremos recibir a Jesús en buenas disposiciones, es preciso que nuestra conciencia no nos remuerda en lo mas mínimo, en lo que a pecados graves se refiere (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre la Comunión).


Podemos afirmar muy bien, que la Pasión que los judíos hicieron sufrir a Cristo era casi nada, comparada con la que le hacen soportar los cristianos con los ultrajes del pecado mortal [. . . ]. ¡Cuál va a ser nuestro horror cuando Jesucristo nos muestre las cosas por las cuales le hemos abandonado! (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre el pecado).

¡Cuán ciego es el hombre al dejar perder tantos bienes y atraer sobre sí tantos males, permaneciendo en pecado! (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre la conversión).


Si tuviésemos fe y si viésemos un alma en estado de pecado mortal, nos moriríamos de terror. SANTO CURA DE ARS
 


 
 Si queremos guardar la mas bella de todas las virtudes, que es la castidad, hemos de saber que ella es una rosa que solamente florece entre espinas; y, por consiguiente, solo la hallaremos, como todas las demás virtudes, en una persona mortificada (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre la penitencia).


(El tibio) se parece a una persona que Sintiese deseos de pasear en carro triunfal, mas no se dignase ni tan sólo levantar el pie para subir a él (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre la tibieza).
 
 

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