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miércoles, 28 de marzo de 2018

El lavatorio de los pies es el ritual de purificación sacerdotal

En el Antiguo Testamento Dios instituye el lavatorio de los pies de los sacerdotes para que se acerquen purificados al altar.





Éxodo 30:20 “Antes de entrar en la Tienda del Encuentro se han de lavar con agua para que no mueran; también antes de acercarse al altar para el ministerio de quemar los manjares que se abrasan en honor de Yahveh.”

Juan 13:8-11

Díjole Pedro: "No me lavarás jamás los pies". Respondióle Jesús: "Si no te lavare, no tendrás parte conmigo". Díjole Simón Pedro: "Señor, no solamente los pies, sino también las manos y la cabeza". Dícele Jesús: "El que ha sido lavado no necesita sino de que se lave los pies, porque está todo limpio; y vosotros estáis limpios, pero no todos"; porque sabía quién era el que lo había de entregar: por esto dijo no estáis todos limpios.


Dios instituyó  en el Antiguo Testamento el ritual del lavatorio de los pies para los sacerdotes, ordenando que era necesario obedecer el mandato de lavarse los pies en la fuente de bronce, como un acto de purificación instituido por Dios, el sacerdote no podía entrar al Santuario, si no se lavaba o purificaba antes sus pies. (Exodo 30:21), de modo que Aarón y sus hijos (como sacerdote) debían lavar allí sus pies cada vez que entraban al tabernáculo o al altar para ministrar (ofrecer sacrificio).



Y se lavarán las manos y los pies para que no mueran; y será estatuto perpetuo para ellos, para Aarón y su descendencia, por todas sus generaciones. Éxodo 30:21
— Exodo, 40 -7. Pondrás la pila entre la Tienda del Encuentro y el altar, y echarás agua en ella.
"30. Situó la pila entre la Tienda del Encuentro y el altar, y echó en ella agua para las abluciones; 31. Moisés, Aarón y sus hijos se lavaron en ella las manos y los pies."


*Abluciones = Lavatorio- Ritual de purificación por medio del agua.



Levítico 8:6

"Moisés mandó entonces que Aarón y sus hijos se acercaran y los lavó con agua. 7. Puso sobre Aarón la túnica y se la ciñó con la faja; lo vistió con el manto y poniéndole encima el efod, se lo ciñó atándoselo con la cinta del efod."
Moises purifica a los sacerdotes con agua  antes de consagrarlos.

Año Litúrgico - Dom Prospero Gueranger :

LAVATORIO DE LOS PIES. — La cena acababa, cuando Jesús levantándose, ante la extrañeza de los Apóstoles, se despoja de sus vestidos exteriores, toma una toalla, se la ciñe como un siervo, echa agua en el lebrillo y da a entender que se propone lavar los pies a los convidados. El uso oriental era que se lavasen los pies antes de tomar parte en el festín; pero el más alto grado de hospitalidad era, cuando el señor de la casa cumplía él mismo este cuidado con sus huéspedes. Jesús, es quien invita en este momento a sus Apóstoles a la divina cena y se digna hacer con ellos como el huésped más diligente; pero como sus acciones encierran siempre un fondo inagotable de enseñanzas, quiere, por lo mismo, darnos un aviso sobre la pureza que se requiere en los que han de sentarse a la mesa: "El que está limpio ya, dice, no necesita lavarse los pies" '; como si dijera: tal es la santidad de esta mesa, que para aproximarse a ella no sólo es necesario que el alma esté limpia de sus más graves manchas; sino que debe tratar de borrar las más leves, que por el contacto con el mundo hemos podido contraer y que son como ligero polvo que se pega a los pies.

  SERMÓN DEL LAVATORIO DE LOS PIES*
P. Lector Juan Planas, Dominico (1877)

Bien quisiera yo incluir en este discurso estos tres actos, así como nuestro amantísimo Salvador los incluyó en una misma cena; mas siendo esto muy difícil por la abundancia de reflexiones á que cada uno de ellos se presta, esta vez me limitaré al primero, es decir, al lavatorio de los pies. Y para declararos desde luego mi pensamiento, digo: que en el lavatorio de los pies Jesucristo nos dio tres cosas, una muestra, una figura y un documento: una muestra del grande amor que nos tiene, una figura de la limpieza espiritual que se requiere para recibir su cuerpo y su sangre, un documento sobre la humildad que nos corresponde tener como discípulos suyos.








Bergoglio se rebela contra Dios cuando le lavan los pies a las mujeres, musulmanes, herejes, sodomitas incluso a los niños, porque este ritual fue instituido por Dios solamente para purificar a los sacerdotes que en la Nueva Alianza presentan el sacrificio de Cristo en la mesa eucarística.

«La doctrina de la verdad abandona a las almas soberbias» (San Gregorio Magno).



"Nunca pudo haber sido, y nunca puede haber, y nunca habrá pecado sin orgullo".
--San Agustín


"El primer grado de humildad es el temor de Dios, que debemos tener constantemente ante nuestros ojos".
--San Louis de Blois




“[El] moderado [modernista] es un verdadero tipo satánico; el suyo es el mal enmascarado.” (P. Félix Sardá y Salvany, El liberalismo es pecado , Cap..18).

Ritual de Purificación Sacerdotal
Catena Aurea



Orígenes In Ioannem tom. 32

Como el médico que teniendo que atender a muchos enfermos empieza sus especiales cuidados por aquellos que están más graves, así también Cristo, al lavar los pies manchados de sus discípulos, empieza por aquellos que más contaminados estaban, y así llegó en último término a Pedro, que necesitaba menos que los otros del lavatorio de pies. Por esto dice: "Vino a Simón Pedro", que se resistía a ser lavado por la conciencia que tenía de que sus pies no estaban manchados. Y así continúa: "Y díjole Pedro", etc.

Orígenes ut supra.



O bien insinúa el Señor que en esto había misterio. Lavando y secando sus pies, los tornaba purificados, a ellos, que debían predicar la santidad ( Rom 10; Is 52), para que puedan enseñar el camino santo y marchar por aquel que dijo: "Yo soy el camino" ( Mt 14,6). Convenía que Jesús, deponiendo sus vestidos, lavase los pies de sus discípulos, para limpiar más a los que ya estaban limpios. O a fin de tomar sobre sí en su propio cuerpo la inmundicia de los pies de sus discípulos, mediante el paño que tenía rodeado, porque El echó sobre sí todas nuestras debilidades. Obsérvese que, debiendo lavar los pies de los discípulos, no quiso elegir otra oportunidad sino cuando el diablo ya había entrado en el corazón de Judas para que lo entregase a sus enemigos, cuando estaba próximo su sacrificio en favor de los hombres. Porque antes de esto no era oportuno el que Jesús lavase a sus discípulos los pies. ¿Quién hubiera lavado sus pies y sus manchas en el tiempo que mediaba hasta la pasión? Pero ni aun en el tiempo de la pasión, porque no había otro Jesús que lavase sus pies; ni aun tampoco después de la pasión, porque entonces, por la venida del Espíritu Santo, fueron lavados sus pies. Así, pues, de este misterio (dijo el Señor a Pedro) tú no eres capaz, pero ya lo entenderás cuando suficientemente ilustrado lo comprendieres.

Orígenes In Ioannem hom., 32.


De esto podemos tomar ejemplo, cuán posible sea adoptar una resolución como justa, y decir por ignorancia aquello que va contra nuestros intereses. Porque Pedro, ignorando la conveniencia del acto, primeramente casi avergonzado y con mucha suavidad dice: "Señor, ¿me vas tú a lavar los pies?"; pero luego dice: "Tú, jamás me lavarás los pies", lo cual era impedir la obra que lo llevaría a tener parte alguna con Jesús. Con lo cual arguye, no solamente a Jesús que lavaría a sus discípulos los pies sin deber hacerlo, sino también a sus compañeros, que se prestan a ser lavados indignamente. Mas como la respuesta de Pedro le era perjudicial, no permitió Jesús que se realizase su deseo. Así prosigue: "Díjole Jesús: Si no te lavare los pies, no tendrás parte conmigo".

Crisóstomo ut supra.


No dijo la razón por la que obraba así, sino que formuló una amenaza, porque de otra manera no se hubiera persuadido. Cuando Pedro oyó: "Lo sabrás después", no contesta: enséñamelo, pues, y te lo permitiré, sino que lo permitió desde el punto en que fue amenazado en lo que más él temía (a saber, ser separado de El).

Orígenes ut supra.


Creo imposible que no se contaminen las partes inferiores del alma, por muy perfecto que cualquiera se crea en cuanto a hombre. Porque muchos, después del bautismo, se llenan del polvo de las maldades hasta la cabeza. Pero los que son sus discípulos, con justo título no necesitan ser lavados sino en sus pies.

San Agustín Ad Seleucianum epist. 118.


De esto que aquí se dice, se deduce que San Pedro ya estaba bautizado. Entendemos también que sus discípulos mediante los cuales bautizaba, lo estaban a su vez; o bien con el bautismo de Juan, como algunos creen, o bien, como es más creíble, con el bautismo de Cristo. Puesto que no desdeñó el ministerio de bautizar con el fin de tener siervos bautizados que pudiesen bautizar a los otros, Aquel que no faltó al ministerio de la humildad cuando les lavó los pies. Por esto prosigue: "Y vosotros estáis limpios, pero no todos".
 Orígenes ut supra.
Este lavatorio espiritual de pies (del cual se ha hablado), no puede realizarse con perfección sino por el mismo Jesucristo, y de una manera secundaria por sus discípulos, a los cuales dijo: "Vosotros debéis lavaros mutuamente los pies". Jesús lavó los pies de sus discípulos como Maestro, y de sus siervos como Señor, porque el fin del Maestro es hacer a sus discípulos semejantes a El. Lo cual se ve en el Salvador con más claridad que en ningún otro maestro o señor, pues quiere que sus discípulos sean como su Maestro y Señor, no teniendo un espíritu de servidumbre, sino un espíritu de la filiación con el que claman: "Abba, Padre" ( Rom 8,15). Mas antes de hacerse semejantes a su Maestro y Señor, necesitan del lavatorio de pies, como discípulos imperfectos que conservan resabios del espíritu de servidumbre. Cuando, pues, alguno de ellos llegare al grado de maestro y señor, podrá entonces imitar al que lavó los pies de sus discípulos, y lavar los pies con la doctrina, como maestro.


San Agustín In Ioannem tract., 59.
Como diciendo: entre vosotros hay quien no será bienaventurado, ni obrará aquellas cosas. Yo sé a quiénes he elegido. ¿A quiénes sino a aquellos que serán bienaventurados haciendo lo que El manda? Luego Judas no es de los elegidos. Cómo, pues, dice en otro lugar ( Jn 6,71): "¿Acaso yo no os he elegido a los doce?". Es porque él fue elegido, para otra cosa necesaria, pero no para la bienaventuranza acerca de lo que se dice: "Bienaventurados seréis si hacéis estas cosas".



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